LOS CABALLEROS DEL CÍRCULO DORADO Y LA OBSESIÓN IMPERIALISTA DE ESTADOS UNIDOS POR CUBA | Por Manuel Peinado

El profesor emérito de la Universidad de Alcalá, Manuel Peinado Lorca, firma esta tribuna que conecta la actualidad política de Estados Unidos hacia Cuba con un episodio poco conocido del siglo XIX: los Caballeros del Círculo Dorado. A través de este relato, el autor recupera las raíces históricas del anexionismo estadounidense y plantea una reflexión sobre la persistencia de ciertas lógicas de poder en la relación entre Washington y La Habana.

Escena simbólica: Cuba entre ambiciones históricas y presiones actuales. Ilustración IA de Pedro Enrique Andarelli
  • Peinado rescata a los Caballeros del Círculo Dorado para explicar las raíces históricas del anexionismo estadounidense sobre Cuba y su eco actual

 

  • Por Prof. Dr. Manuel Peinado Lorca. Profesor Emérito de la Universidad de Alcalá, Director del Real Jardín Botánico
    Alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003)

 

El pasado 29 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró una “emergencia nacional” respecto a Cuba y firmó una orden ejecutiva que permitirá imponer aranceles a bienes de países que suministren petróleo a la isla. Trump argumenta que las políticas del gobierno cubano representan una amenaza para la seguridad nacional estadounidense y promete castigar a terceros países que ayuden a La Habana con crudo.

Cuando se piensa en las grandes historias de ambición imperial del siglo XIX, no suele aparecer en los libros de texto un grupo misterioso, exuberante y profundamente polémico: los Caballeros del Círculo Dorado. Sin embargo, su historia —entre la conspiración, la aventura y la política racial— es una de las claves olvidadas para entender cómo parte de la élite estadounidense concebía a Cuba no como un vecino, sino como una pieza predestinada del destino expansionista.

Hacia mediados de la década de 1850, en una América inquieta por la expansión territorial y atormentada por el creciente conflicto entre estados esclavistas y libres, surgió un grupo que combinaba la retórica secreta de una sociedad fraternal con la ambición política de un movimiento expansionista: los Caballeros del Círculo Dorado. Esta hermandad —reflejo de una órbita intelectual y política que reivindicaba el supremacismo sureño— imaginó un “círculo dorado” que se extendía desde el Golfo de México hasta el corazón del Caribe, incluyendo México, Centroamérica y, de manera especial, una Cuba libre de España, pero alineada con la Unión estadounidense esclavista.

Para sus miembros, Cuba no era simplemente un territorio para conquistar; era la pieza que podría inclinar la balanza del poder en Washington, garantizando una hegemonía sureña y esclavista que resistiera las presiones abolicionistas del Norte.

El imaginario de los Caballeros del Círculo Dorado estaba lejos de ser una simple fantasía. Su estructura se inspiraba en sociedades secretas como los masones, con grados de iniciación y rituales, pero con una agenda explícitamente política: crear un imperio regional sometido a los intereses de los estados esclavistas del Sur.

Cuba, con sus fértiles tierras azucareras, su posición estratégica en el Caribe y su cercanía a las costas de Florida se convirtió en el gran objeto de deseo. Sus planes no eran discretos: contemplaban la invasión, “liberación” de España y posterior incorporación a los Estados Unidos como uno o varios estados esclavistas. Lo que para algunos historiadores parecía un fantasioso sueño conspirativo, para muchos sureños fue —en aquel momento— una idea plausible, incluso una ambición deseable. Y aunque no contaban con apoyo oficial del gobierno, sí influenciaron el discurso expansionista y la idea de que Cuba estaba destinada a caer bajo la sombra estadounidense.

Aunque pintorescos en su organización interna, es importante distinguir entre actos simbólicos y maniobras con consecuencias reales. Los Caballeros del Círculo Dorado no lanzaron invasiones de gran escala por su cuenta. Pero sí fueron un caldo de cultivo para filibusteros y aventureros que organizaron expediciones armadas hacia Cuba, como las de Narciso López. Estas acciones, aunque no tuvieron éxito, ocuparon espacios políticos y mediáticos en Estados Unidos y alimentaron la percepción de que Cuba era “objetivo legítimo” de una expansión.

Más aún, la existencia de grupos como este contribuyó a un clima político en el que anexionar territorios ultramarinos se debatía abiertamente, y donde la retórica racista y imperialista se fusionaba con la política pública. Los Caballeros del Círculo Dorado alcanzaron su punto máximo justo antes del estallido de la Guerra Civil estadounidense. La lucha entre Norte y Sur redirigió la atención política y militar hacia cuestiones internas, haciendo que las ambiciones caribeñas quedaran en un segundo plano. Tras la derrota confederada, el grupo se desintegró y sus planes quedaron como una anécdota oscura en la historia expansionista del país.

Hoy, con la política estadounidense de nuevo bajo los focos por sus recientes medidas contra Cuba —incluyendo aranceles a países que suministran petróleo a la isla y la declaración de emergencia nacional por parte de Donald Trump—, recordar a los Caballeros del Círculo Dorado es más que una curiosidad histórica. Es entender que la relación entre Estados Unidos y Cuba ha estado marcada por la ambición, la injerencia y la creencia persistente de que la isla debía integrarse en la órbita estadounidense, ya fuera por la fuerza, la diplomacia o el poder económico.

La historia de este grupo revela que las raíces del anexionismo no fueron solo oficiales, sino también culturales y colectivas, arraigadas en imaginarios políticos que perduran más allá de su tiempo.

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1 Comentario

  1. El expansionismo estadounidense, así como su racismo y su creencia de ser el pueblo elegido de Dios (la hermandad e influencia judía es evidente), ya estaba en el origen de USA, es más, llegó con los peregrinos del Mayflowers.
    Po otra parte los cubanos, al igual que todos los habitantes de los territorios que pertenecieron a la Monarquía Hispánica, renegaron de España por “opresora» e «imperialista» y se aliaron con los anglos y masones cayendo hasta hoy bajo la dominación de Gran Bretaña y USA.
    Con su pan se lo coman. Ellos eligieron anglos supremacistas. Fue su decisión, que se rasquen si les pica.

    • Mejor no se puede explicar. Despreciaron a España y lo que España hizo por ellos, que fue la mayor tarea de la humanidad hasta esa fecha, y ahora lloran.

      • Los independentistas puertorriqueños, que también existieron, seguían los ideales del masón Simón Bolívar.
        El comité revolucionario que organizó el Alzamiento de Yares en 1868, con el masón Ramón Betances a la cabeza, se constituyó en Nueva York. Los colores y conformación de la bandera que adoptaron demuestran el gusto y el apego por Estados Unidos. Cuando la revuelta fracasó Betances regresó a Estados Unidos.
        Puerto Rico, como Cuba, Filipinas y Guam cayeron bajo dominio estadounidense, tras la derrota de España en 1898, por el Tratado de París. Las condiciones fueron impuestas por USA ante la debilidad española. El Congreso español rechazó el tratado; a pesar de ello, y contraviniendo la legalidad, la reina regente, María Cristina, ratificó el tratado, lo que dice mucho de la monarquía.
        Los plebiscitos que tuvieron lugar a lo largo del siglo XX nunca arrojaron resultados favorables a la independencia, sino de continuación en Estados Unidos como estado asociado o como estado de pleno derecho.

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