- Pilar Blasco es licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.
A mis posibles lectores les sonará este título. Creo que es la tercera vez que escribo bajo él, las anteriores sin interrogaciones. A raíz de un libro testimonio de Javier Moro, sobre la represión de la dictadura bolivariana, tan terriblemente inspirador, me vienen a la mente y a la mano muy a menudo ideas en la línea del ejercicio del poder por mentes totalitarias moralmente vacías, cuya ambición invariable es, además del dinero, el poder, las dos caras de la moneda de las dictaduras. El poder omnímodo al precio que sea, al de la vida y los bienes de sus gobernados si hace falta. Digo mal, los bienes de los ciudadanos bajo la bota de esa clase de poder son indispensables para ejercerlo. El empobrecimiento de la población un medio efectivo previo al sometimiento, el miedo, la inseguridad física y jurídica, el desprestigio social, la calumnia, la cancelación, etc.
Hay muertes y muertes. La falta de libertad es una muerte virtual pero verdadera, libertad de movimientos, de expresión verbal y escrita, de disponibilidad económica, de salud, de transporte, de acceso a servicios sociales en manos del Estado, concedidos a capricho, dosificados a conveniencia… Esas condiciones llevan a la muerte civil inadvertida, sutil y subliminalmente. En principio son puntuales, con el tiempo progresivas, permanentes y asimiladas para siempre, si el individuo no es consciente y no se rebela. Así tenemos sociedades y pueblos enteros muertos en vida, sobreviviendo en la nada conformista, resignados sin ambición ni económica ni política ni siquiera cultural ni social. Pueblos en otros tiempos rebeldes y guerreros, inconformista, ambiciosos, críticos con el poder, hoy día mansos aquietados por la impotencia y la comodidad.
Pero si llega el momento, también el poder omnímodo opta por deshacerse de los individuos incómodos para sus planes, mediante métodos que alguna vez o muchas he descrito aquí. Si es preciso por muerte física violenta, los ejemplos están periódicamente en las noticias, líderes políticos asesinados en campaña, personajes notables quitados de en medio por manos anónimas o por “perturbados mentales” de ocasión, los lobos solitarios de siempre, los sicarios pagados, etc. Esas bocas ya no se abren, y las demás, por la cuenta que les trae, se cuidarán de hablar. El miedo, arma poderosa por excelencia.
Pero también estorbamos al poder omnímodo los sobrantes del censo, las masas onerosas a las que prestar servicios que cuestan dinero al estado, que considera que no está para atenderlos sino para otras cosas, recaudar obsesivamente y lucrarse sin límites, comprar fieles a todos los niveles y en todas las capas sociales, crear élites en torno al poder, corromper voluntades, apropiarse de las instituciones que debieran defender al ciudadano… Deshacerse de esos seres sin rostro que viajan en trenes, que viven junto a barrancos inundables, al pie de volcanes, vulnerables a virus desconocidos, etc., los que se quedan sin oxígeno en un apagón, los que no llegan a la lista de espera de un médico… Nadie podrá demostrar que sus muertes son provocadas por el poder omnímodo y sus secuaces. Son accidentes, cifras,
El tercer estadio de posibles muertos lo ocupan los depauperados sociales, no los marginales, que también, sino los que en otros tiempos componían las clases medias que tenían sus vidas resueltas con el salario y los ahorros, los que criaban hijos para el futuro, que vivieran al menos como ellos sino mejor, los que ahora mantienen a esos hijos y nietos con las pensiones de los abuelos y cobijan en sus hogares a los herederos sin trabajo de esas viviendas que no pueden alquilar ni vender porque el poder controla hasta el último céntimo de cualquier transacción económica, grabándola con impuestos abusivos, depredadores del ahorro y del esfuerzo ajeno.
Las clases laborales del tractor y el terruño, de la granja intensiva y extensiva, los del control afixiante de sus productos, moribundos en el suelo de la finca por insostenibles mientras pasan por las fronteras (inexistentes) productos sin control sanitario, difundidos por barrios y mercados, bajo convenios mercantiles y políticos secretos con países donde también matan a la población con parecidos métodos, pero ellos tampoco lo saben.
Inevitable ponerle interrogantes al título.















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LA REALIDAD HOY
Comenta Pilar: «Pero si llega el momento, también el poder omnímodo opta por deshacerse de los individuos «incómodos para sus planes…» Y sigue: «La falta de libertad es una muerte virtual pero verdadera, libertad de movimientos, de expresión verbal y escrita, de disponibilidad económica, de salud, de transporte, de acceso a servicios sociales en manos del Estado, concedidos a capricho, dosificados a conveniencia… Esas condiciones llevan a la muerte civil inadvertida, sutil y subliminalmente».Pilar Blasco
Comenta Pilar: «Pero si llega el momento, también el poder omnímodo opta por deshacerse de los individuos «incómodos para sus planes…» Y sigue: «La falta de libertad es una muerte virtual pero verdadera, libertad de movimientos, de expresión verbal y escrita, de disponibilidad económica, de salud, de transporte, de acceso a servicios sociales en manos del Estado, concedidos a capricho, dosificados a conveniencia… Esas condiciones llevan a la muerte civil inadvertida, sutil y subliminalmente». Hay que reconocer que Pilar Blasco describe muy bien la politica que ejerce los partidos ultras que recorren el mundo, llámense Trump, Millei etc. y que Vox es un fiel seguidor de estas las teorias que sí estáan arrasando la estabilidad mundial, social, pollitica etc.