«¿Y usted cómo liga?»: el PP revive el fantasma de Nevenka en el caso de acoso en Móstoles

El caso de la exconcejala de Móstoles que ha denunciado acoso sexual y laboral por parte del alcalde Manuel Bautista ha abierto una profunda crisis en el Partido Popular de Madrid. La gestión interna del conflicto, marcada por el descrédito de la denunciante, audios comprometidos y la filtración de datos personales, ha reavivado el recuerdo del caso Nevenka y ha puesto en cuestión si el partido ha avanzado realmente en la protección de las mujeres en política.

Foto de agencia
  • Audios, filtraciones y una querella inminente sacuden al PP madrileño y reabren el debate sobre acoso, poder y responsabilidades políticas.

“Usted no es la empleada de Hipercor que la tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos. ¡Usted no tenía por qué aguantar eso!
—Me estoy jugando mi dignidad.
—¿Su dignidad?
—Querían que me marchara como si hubiera hecho algo malo. Querían que me marchara como si fuera una incompetente. Yo no podía consentir eso.
—Pues uno se marcha si tiene dignidad. Y luego denuncia.
—Pues eso es lo que hice.”

Estas palabras, extraídas del interrogatorio del fiscal José Luis García Ancos a Nevenka Fernández en 2001, resuenan hoy con una crudeza difícil de ignorar en el debate abierto tras la publicación, esta semana, de un artículo de Ignacio Escolar en elDiario.es.

Nevenka fue la primera mujer en España que logró una condena penal contra un político por acoso sexual: el entonces alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, del Partido Popular. La sentencia quedó reducida por el Tribunal Supremo a una multa de 2.160 euros, al considerar que no existía una “relación jerárquica propiamente dicha”. El PP lo respaldó hasta el final, como recordó Ana Botella al elogiar su “postura impecable” por dimitir tras la condena. Nevenka, en cambio, acabó abandonando España y rehaciendo su vida en Irlanda, marcada por el estigma social.

Casi un cuarto de siglo después, ese episodio vuelve a proyectar su sombra sobre el Partido Popular de Madrid. El caso de la exconcejala de Móstoles —cuya identidad fue filtrada por la Comunidad de Madrid pese a su petición expresa de anonimato, un hecho que podría vulnerar la normativa de protección de datos— ha abierto un debate que trasciende el ámbito local. Acusada de acoso sexual y laboral por el alcalde Manuel Bautista, también del PP, la denunciante ha anunciado la presentación de una querella contra él, contra responsables del partido como Alfonso Serrano y Ana Millán por presuntas coacciones, y contra la Comunidad de Madrid por la filtración de correos electrónicos. La reacción del PP —basada en el descrédito de la denunciante y en advertencias de acciones legales contra quienes hablen de “encubrimiento”— ha alimentado las críticas sobre la gestión interna del caso y su impacto en la lucha contra la violencia de género en la política.


La cronología de un silencio ensordecedor

Los hechos se remontan a la campaña de las elecciones municipales de 2023. Bautista, promocionado públicamente por la presidenta regional Isabel Díaz Ayuso como un “gran gestor” y un perfil de absoluta lealtad orgánica, incorporó a la exconcejala a su equipo. Se trataba de una profesional con trayectoria consolidada y militante del PP desde 2010. Según la denuncia interna, adelantada por EL PAÍS el pasado 5 de febrero, el acoso comenzó con comentarios de contenido sexual, referencias constantes a su físico y proposiciones explícitas realizadas en un coche, a solas. Tras rechazar esas insinuaciones, el alcalde habría difundido rumores sobre una supuesta relación íntima, lo que incrementó su aislamiento político y personal.

Una vez constituido el Ayuntamiento, la situación se agravó. La concejala fue apartada progresivamente de sus competencias, dejó de participar en actos institucionales y, según su relato, sufrió episodios de humillación pública. El 26 de febrero de 2024, dirigió una carta a Ayuso en la que denunciaba “la grave situación de acoso sexual y laboral” que estaba viviendo. Este documento contradice la versión mantenida por el PP, que sostiene que inicialmente se trataba de una mera “disputa laboral” y que la referencia al acoso apareció más tarde. La misiva, sin embargo, es explícita desde el primer momento.

En marzo, la concejala se reunió con Serrano y Millán. Parte de esas conversaciones han trascendido en forma de audios. En uno de ellos, Serrano resume la situación en términos que después han sido ampliamente difundidos: “Manuel te ficha, hay una mezcla entre lo personal y lo profesional, te tira los tejos, tú le das calabazas y a partir de ahí todo cambia”. En otro, Millán insiste en una estrategia de contención: “El amparo del partido pasa por que te quites de la cabeza cualquier tipo de denuncia” y “hacerlo público no te ayuda, esto te va a hundir”.

La denunciante solicitó hasta en seis ocasiones medidas de protección interna, sin obtener respuesta. En octubre de 2024 renunció al acta de concejala y abandonó la militancia, enviando una última carta a Ayuso en la que reiteraba su sensación de “desamparo” y denunciaba los “oídos sordos” del partido. El Comité de Derechos y Garantías nacional archivó el expediente en abril de 2025 sin citar a la víctima ni a testigos, alegando “falta de indicios” y subrayando que ya no era militante. Desde la dirección del PP se insiste en que no existe denuncia judicial, aunque la exconcejala, representada por Antonio Suárez-Valdés, conocido por llevar la defensa de la exdiputada Zaida Cantera, confirmó esta semana que la querella es inminente.


Los audios que comprometen al partido: de la presión al descrédito

El contenido de los audios ha intensificado el impacto político del caso. En una reunión mantenida en febrero de 2024 con Bautista, el propio alcalde reconoce que la concejala nunca le solicitó ascensos ni cargos de mayor responsabilidad, lo que contradice su defensa actual, basada en la tesis de una supuesta “venganza” por no haber sido nombrada teniente de alcalde.

El momento de mayor repercusión pública llegó el 6 de febrero, cuando Serrano, en una rueda de prensa, respondió a una pregunta sobre cómo se produjo el “fichaje” de la concejala con una frase que rápidamente se viralizó: “¿Y usted cómo liga?”. El comentario, reproducido miles de veces en redes sociales, fue calificado de machista y frívolo por numerosos analistas y comunicadores, entre ellos Fonsi Loaiza, que lo definió como un “poema irónico” impropio del contexto.

En la red social X, el debate se ha intensificado. Mensajes como los de Amparo Rubiales subrayan las “contradicciones” en el relato del PP, mientras otros usuarios destacan el silencio de dirigentes femeninas del partido, en contraste con la reacción que se produjo en el PSOE en casos como el de Paco Salazar. Desde el PP, en cambio, se enmarca la polémica en lo que algunos portavoces denominan una “guerra cultural”, denunciando intentos de “imponer qué es acoso y qué no”.


El papel del PP madrileño: silencios y estrategias de contención

El caso supone un serio problema político para el PP de Madrid. Ayuso ha optado por mantener un perfil bajo, delegando la respuesta pública en Serrano y Millán. Diversos sectores críticos, tanto internos como externos, sitúan a Millán como una pieza clave en la gestión del conflicto, especialmente por sus mensajes a la denunciante desaconsejando cualquier vía judicial. Serrano, por su parte, ha quedado señalado por una intervención pública considerada torpe y desafortunada incluso por voces cercanas al partido.

En la Asamblea de Madrid, PSOE y Más Madrid han exigido explicaciones y responsabilidades políticas, mientras Vox ha reclamado que se esclarezcan los hechos. El PSOE ha condenado lo que considera un caso de violencia machista y ha acusado al PP de actuar con doble rasero. Bautista, entretanto, se mantiene en el cargo y rechaza dimitir, defendiendo que todo responde a un “chantaje” y a una “venganza política”. La dirección regional del PP ha cerrado filas en torno a su alcalde, insistiendo en que se trata de una disputa de carácter personal y económico.


Recorrido judicial y consecuencias políticas: ¿un nuevo caso Nevenka?

Desde el punto de vista judicial, la querella anunciada por la exconcejala podría articularse en torno al delito de acoso sexual (artículo 184 del Código Penal), con posibles agravantes de acoso laboral y coacciones (artículo 172). La existencia de audios y testigos refuerza la consistencia de la denuncia, aunque la experiencia del caso Nevenka muestra que los tribunales han tendido históricamente a minimizar la relación jerárquica en el ámbito político. A ello se suma la posible responsabilidad de la Comunidad de Madrid por la filtración de datos personales, un asunto que podría derivar en sanciones administrativas relevantes.

En el plano político, el desgaste amenaza con prolongarse en el tiempo. Una eventual condena obligaría a Bautista a abandonar el cargo, como ocurrió en Ponferrada. Para Ayuso, el caso supone un riesgo evidente: su respaldo previo al alcalde de Móstoles la vincula indirectamente a la gestión del conflicto. Analistas políticos no descartan que, llegado el caso, el partido opte por sacrificar a dirigentes intermedios para proteger el liderazgo regional.

Más allá de siglas, el episodio plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto han cambiado las cosas desde Nevenka Fernández? La respuesta del Partido Popular ante una denuncia de acoso en sus filas sugiere que las inercias del pasado siguen presentes. Sin condescendencia, pero con claridad, los hechos apuntan a un fracaso en la protección de una militante y cargo público. La justicia tendrá la última palabra, pero el daño político ya está hecho. Como advirtió Escolar, “la reacción del PP no ha mejorado sustancialmente”. El debate, una vez más, trasciende a un solo partido y pone a prueba la credibilidad del sistema político en su conjunto.

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