El principal aliado del PP y de Vox es la Izquierda | Por Matias Escalera

En este artículo de opinión, Matías Escalera Cordero, profesor, activista social y escritor, lanza una crítica feroz y sin paños calientes a la fragmentación de la izquierda, a la ceguera estratégica de sus dirigentes y al suicidio político que, a su juicio, allana el camino al avance del PP y de Vox. Un texto escrito desde la indignación, la experiencia militante y la convicción de que la unidad no es una consigna romántica, sino una necesidad democrática urgente.

Fotocomposición de Pedro Enrique Andarllli
  • La desunión de la izquierda, sostiene Escalera, es hoy el mejor aliado del avance conservador y ultraderechista en España.

 

  • Matías Escalera Cordero es profesor, activista social y escritor.

 


No es la primera vez que escribo sobre el tema, lo he hecho repetidamente, la última, creo, en este mismo medio, cuando me enteré de que en nuestra ciudad se presentaban cuatro candidaturas de Izquierda, y que ni siquiera Podemos e IU habían alcanzado el acuerdo que prevaleció en el resto de la Comunidad, y, también, de que –según supe por fuentes solventes– Errejón hubiera prohibido expresamente el acuerdo de Más Madrid con cualquier otra candidatura de la Izquierda de nuestra ciudad, lo que nos llevó, en fin, a este puro desastre que estamos sufriendo todos.

Desastre que, por lo que anuncia el harakiri que la Izquierda aragonesa está dispuesta a infligirse en sus elecciones autonómicas, despreciando el general clamor por la unidad de los votantes de izquierda de su Comunidad y ciegos al éxito de representación de la candidatura unitaria de la Izquierda en Extremadura, nos aboca a un nuevo disparate suicida, a nivel general.

Se podría decir que, en la escala de la estupidez, están los ignorantes, a continuación, los imbéciles, junto con los cuñados, y, en el definitivo escalón de los estúpidos, muy por encima de todos, están los dirigentes de nuestra Izquierda patria.

¡Dios mío, qué cruz nos ha caído!… No basta con tener locos asesinos en la cúspide del poder mundial, encima, tenemos que soportar a unos cabecillas egoístas, sordos y ciegos entre los nuestros: dirigentes que no aprenden, descalabro tras descalabro, fracaso tras fracaso, que prefieren mantener sus miserables poltroncillas y dejar que los fascistas, que se están comiendo con patatas a los otros inútiles (aquí, hay para todos), los dirigentes del Partido Popular (tan estúpidos, como los nuestros), lleguen a culminar su programa de toma y control absoluto del estado; en Madrid, a través de Ayuso.

No es de extrañar, en este contexto, que muchísimos votantes de las formaciones de izquierda actuales, e incluso del nicho de votantes tradicionalmente abonados a la abstención, estén y estemos dispuestos a apoyar una candidatura encabezada por Rufián, por muy independentista y catalán que sea. Una vez que desesperamos de la inteligencia y del sentido común de nuestros cabecillas, al uso.

Sin embargo, uno –yo, al menos, a pesar de mis cincuenta y tres años de brega, desde aquellos lejanos diecisiete añitos, al llegar a la universidad, con los que emprendí mi vuelo antifranquista y antifascista–, uno nunca deja de agarrarse a un clavo ardiendo y espera que gente aparentemente inteligente e incluso con una trayectoria de gestión gubernamental tan competente, como Yolanda Díaz o Ione Belarra, o Irene Montero, o Pablo Iglesias, o Mónica García, tengan la decencia de dejar sus pequeños intereses miserables por el bien mayor de los trabajadores y las trabajadoras españolas que asistimos estupefactos a su festival de imbecilidades y desafueros, y que tomen el ejemplo de Bildu y de Esquerra Republicana, con su sentido de estado (¡vágame Dios, qué pedazo de paradoja!…), y firmen un sencillo programa común, de unidad, que cualquier persona decente y deseosa de parar al monstruo, pueda apoyar, si no, con entusiasmo, sí, con responsabilidad.

Luego, están –se me habían olvidado– los mamelucos de izquierda, brutos donde los haya, que se alegran del descalabro del PSOE en Extremadura o en las generales, sin tener en cuenta que el Partido Socialista, lo queramos o no, es nuestro único interlocutor y socio natural para gobernar España y la mayor parte de las comunidades autónomas.

De verdad, estoy convencido de que ser de izquierda, en este país, e intentar mantener una cierta cordura, frente a los estúpidos y a los mamelucos de nuestro propio entorno y espectro, es como pasar una de esas pruebas que el Señor imponía a los santos y que, ahora, nos impone a nosotros para ganarnos el cielo.

Qué lástima que se me haya pasado, con los Reyes Magos aún apenas regresando a sus casas, haberles pedido juicio y sensatez para nuestros dirigentes.

Un dato, para finalizar, con la unidad de la Izquierda, pararíamos al PP y a los fascistas, en España y en la inmensa mayoría de comunidades autónomas. Salvaríamos, entre otras cosas, la sanidad y la escuela y las universidades públicas de todo el país, que no es moco de pavo.

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1 Comentario

  1. Matias, parece que se te ha olvidado la pastillita hoy.
    Imagino que esa izquierda que mencionas es la ultraizquierda, a la que estimas casi tanto como a la alcaldesa, ¿no? Lo digo porque el PSOE parece ser la izquierda, o eso dicen, aunque imagino que para ti todos los que no «comulgan» (oops, maldito palabro) con tus ideas son de derechas y sobre todo ultrafachafrancofascistas.
    ¡Lástima que no te tengan como faro que les enseñe el camino y les guie de victoria en victoria, hasta la derrota final! Sigue con el temita, majo.

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