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El nuevo articulista Javier Juárez debuta en ALCALÁ HOY con una crítica irónica al silencio de Feijóo frente a Vox.
- Javier Juárez es Doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado con medios de España, México, Colombia y Estados Unidos. En la actualidad es Profesor de Periodismo en la UCM.
El pasado fin de semana, Madrid acogió la última cumbre mundial de Patriotas. Una nueva megaquedada antiwoke que prometía ser una verdadera epifanía antizurdos con la presencia de los máximos representantes del ultraconservadurismo mundial. Sin embargo, la ausencia del poeta argentino de la sierra, Javier Milei, sumada a la de Orbán, Meloni o Le Pen, redujeron lo que se presumía una barra libre con las mejores marcas a un fiestecilla con champín. No se puede negar que el anfitrión, Santiago Abascal, hizo todo lo posible por amenizar la velada ante un público entregado, rescatando del olvido uno de sus mayores éxitos: La “derechita cobarde”. Un hit parade desempolvado del baúl de los recuerdos de VOX y que vuelve a poner al viejo-nuevo Partido Popular en su particular punto de mira, sumando al estribillo de versión remasterizada nuevos calificativos: estafadores, falsarios o cobardes, entre otros.
No debemos olvidar que Abascal ya empleó en 2019 el slogan “derechita cobarde” para descalificar a la formación conservadora, y el entonces líder popular, Pablo Casado (en paz descanse, políticamente hablando, por supuesto) puso pie en pared ante estos ataques de Abascal (sí, hay que reconocérselo) pese a su frágil situación política y sus cuitas internas que, como ya sabemos, le costarían finalmente el cargo. Y es que si en la peli de Encanto (Disney) todos aconsejan a la protagonista, Mirabel, no hablar de Bruno, en el PP la situación era parecida, pero en este caso el Bruno particular de Casado era la Presidenta de la Comunidad Madrid. “Haz lo que quieras, pero no se habla de Ayuso”, y Casado, cual Quijote envalentonado, soltó un fugaz “¿Leoncitos a mí?”, y, claro, se puso a hablar de Ayuso. 48 horas después estaba en Génova con una cajita de cartón recogiendo el cactus, el mini golf anti estrés y un par de fotillos que quedaban en su mesa. Nunca más se supo de él.
Hoy la situación es aún más sonrojante. Hoy asistimos a un muy preocupante silencio del señor Núñez Feijóo y su dirección a los insultos de la ultraderecha al que fue, no lo olvidemos, el partido más votado en nuestro país en la cita electoral de 2023. Tres años y medio después de tomar el relevo de la dirección nacional del PP, poco queda de aquel Núñez Feijóo que se presentaba a la sociedad como un candidato moderado que llegaba a la política nacional para “proponer” y “no para insultar”. Que desembarcaba para, decían, consolidar una propuesta centrista siguiendo la estela de las derechas europeas tradicionales. Y digo poco por no decir nada. Por no decir nada de nada. La imagen de hoy del señor Núñez Feijoo es la de alguien perdido, desnortado, que no sabe si va, viene o se entretiene, que pide de forma desesperada día sí y día también el final de un partido al que ha perdido el pulso y que ve que se le va, que se le escapa.
Y todo esto no es bueno. No, no es bueno para España. No es bueno para la democracia. España merece una derecha centrada, moderada… y sí, valiente. Una derecha valiente, con espacio para liberales, para democristianos, para conservadores, para la diversidad que tanto persiguen a su otra orilla diestra. Una derecha valiente, sí, que no sea una triste copia de manual de los discursos más ultraconservadores e hiperventilando constantemente. Una derecha que se distinga con voz y proyecto propio. Una derecha valiente, sí, que no mire hacia abajo cuando les insultan y que responda con firmeza y contundencia, ya que todo nos hace pensar que Abascal (es decir, VOX y su manual bajo el brazo) se ha convertido en el nuevo “Bruno” del señor Núñez Feijóo y que, escaldado por la experiencia de su predecesor, el gallego, quizás, sólo quizás, prefiere ser una “derechita cobarde”, con un sonrojante silencio que denota más miedo… que coherencia.
Otra opción (llámenme loco, y espero que no sea la acertada) es que, llegados a este punto, el señor Núñez Feijóo haya decidido definitivamente asumir como válidos los postulados xenófobos y las soflamas de matones escuchadas este fin de semana en Vistalegre. Un incipiente síndrome del impostor para difuminar la posibilidad de que, en el fondo, le hubiera gustado estar en la epifanía descafeinada de Vistalegre, aunque solo fuera con champín. Porque, como dijo Heidegger, los silencios hablan, los silencios comunican… y mucho, y a veces, como en esta ocasión, demasiado.



















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Javier bienvenido a esta página. Magnifico articulo. SUERTE
Bienvenido, bien hallado, todo se me hace poco para este gran periodista y para su valiente, audaz y acertado escrito de la realidad política actual.
Ojalá, haga reflexionar a unos cuantos
Muchas gracias
Miguel
Bienvenido Javier. Un gustazo leer tu artículo, espero que sean muchos, muchos más,
gracias por todo.