5 lugares y actividades esenciales en un viaje a Marruecos

Ubicado a menos de 20 kilómetros de Gibraltar, llegar a Marruecos es un viaje en el tiempo, retroceder a un estilo de vida más lento, más pausado, más amigable, lejos de las prisas a la que está acostumbrados los ciudadanos europeos.

  • Marruecos es un país con una rica cultura y hermosas tradiciones, muy diferentes a las de la cercana Europa.

Por este motivo se trata de un viaje imprescindible, que atrapa al viajero nada más llegar y que no querrá terminar. Con este listado de imprescindibles, se presenta una selección de lugares que ver y actividades que hay que realizar, pero es solo una muestra, hay muchas más que merecen la pena

Ubicado a menos de 20 kilómetros de Gibraltar, llegar a Marruecos es un viaje en el tiempo, retroceder a un estilo de vida más lento, más pausado, más amigable, lejos de las prisas a la que está acostumbrados los ciudadanos europeos. En este país se puede disfrutar de ciudades con laberínticas medinas en las que perderse, desiertos de grandes dunas en los que se puede pasar la noche, paisajes de grandes extensiones de cordilleras y gargantas, pueblos de pescadores y otros con casas de adobe… lugares, en definitiva, que no dejarán indiferente a nadie.


1.  Marrakech

Un primer viaje a Marruecos suele empezar por Marrakech o Ciudad Roja. Es una ciudad fascinante en la que se encuentran maravillosos Riad en los que alojarse dentro de la medina y descubrir la verdadera esencia marroquí. Tomar un té al atardecer mientras se observa la vida y los cambios que se producen en la Plaza Jamaa el Fna es algo más más que una visita imprescindible a un lugar con un encanto especial, no en vano es, también, un símbolo del país, incluido en todos los recorridos turísticos.

No solo la plaza más popular de Marruecos, en Marrakech hay mucho que descubrir: ciudad de palacios, mercados, jardines, mezquitas y madrazas, aunque, sin lugar a dudas, lo mejor es perderse por sus laberínticas calles.


2.   Montañas del Atlas

En cualquier estación del año, las Montañas del Atlas ofrecen un paisaje espectacular. Cubiertas de nieve durante los meses de invierno y cubiertas de flores silvestres durante el verano, las mesetas rocosas y sus valles son el telón de fondo perfecto para realizar visitas culturales a los pueblos bereberes que todavía quedan en Marruecos.


3.   Desierto del Sahara

Nadie puede decir que ha estado en Marruecos si no ha pasado una noche en una jaima bajo las estrellas en medio del desierto del Sahara. Sin duda, es una de las mejores excursiones que se pueden vivir desde Marrakech, tan solo hay que informarse con una agencia como Greca Viajes para disfrutar de una experiencia única e inolvidable.

Las zonas habituales para excusiones al desierto del Sahara desde Marrakech son Zagora y Merzouga.

El desierto de Zagora está a unas 7 horas de Marrakech, cruzando el maravilloso Valle del Draa. Sus dunas no resultan tan espectaculares como las de Merzouga, pero si no se va a estar demasiados días en Marrakech es la mejor opción para experimentar la vivencia de pasar una noche en el desierto.

La otra opción es Merzouga, uno de los desiertos más bonitos del mundo, en el que se va adisfrutar de un mar de dunas perfectas y un cielo estrellado de ensueño.


4.   Fez

El núcleo histórico de Fez, sede del gobierno marroquí hasta 1912, es la Medina de Fez, uno de los mayores atractivos de la ciudad. Está lleno de zocos, grandes mezquitas, palacios y madrazas. Se trata de un espacio protegido, Patrimonio Mundial de la UNESCO, rodeada por las murallas de la ciudad del siglo XIII. Se permite la entrada a su interior por varias puertas monumentales, entre las que destaca la Bab Boujeloud del siglo XX, famosa por sus llamativos azulejos azules.

La mejor manera de conocer la medina de Fez es a pie y perderse por sus callejuelas serpenteantes.


5.  Probar la gastronomía marroquí

Son muchos los platos tradicionales que componen la deliciosa y amplia gastronomía marroquí, perfectamente apto para vegetarianos, pues la mayoría de los platos son a base de verduras a las que se le puede añadir, o no, carne o pescado.

Algunos de los platos tradicionales que no se deben dejar de probar son los tajines, el couscus o la bastela.

El tajine es un guiso de cocción muy lenta. Su nombre proviene del recipiente de barro que en el que se cocina y se sirve, que cuenta con una tapa de forma cónica muy característica.

El cuscús se debe degustar en todas sus variedades: pollo, cordero, pescado o verduras, todos son exquisitos.

Por último, aunque hay muchos más platos tradicionales dignos de una estrella Michelin, la bastela, una mezcla de dulce y salado, hecha con capas de hojaldre rellenas de láminas de carne y una pasta de almendra, especiada con canela y azúcar.

 

 

 

 

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