Aparece un nuevo retrato de Cervantes | Por Vicente Sánchez Moltó

Recientemente acaba de aparecer en el mercado otro supuesto retrato de Cervantes. Aunque carece de firma y fecha, por las imágenes parece que efectivamente se trata de un óleo sobre lienzo de la primera mitad del siglo XVII. La atribución del anticuario se basa exclusivamente en la coincidencia de época y en la ya mencionada descripción que Cervantes hizo de sí mismo en el prólogo de las “Novelas Ejemplares”, impresas en 1613 ¿Podría tratarse de Cervantes? la respuesta es que sí.

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  • Manuel Vicente Sánchez Moltó es Cronista Oficial de Alcalá de Henares

 

Hasta bien entrado el siglo XVIII fue más bien escaso el interés que los españoles mostraron por Miguel de Cervantes y su obra, hasta el punto de que algunos académicos llegaron a mostrar su preferencia por el Quijote apócrifo, al que consideraban de mayor calidad literaria.

Tal era el desconocimiento, que lo poco que se sabía de la vida del escritor se había deducido de sus libros. El punto de inflexión se sitúa en 1738, cuando Lord Carteret impulsa la primera edición de lujo del Quijote. Se encarga entonces una biografía a Gregorio Mayans y Siscar, quien le supone natural de Madrid. Al tiempo se busca una imagen del escritor para ilustrar la obra y no encontrando ninguna “por más solicitud que se haya puesto”, tal y como se explica, se decide encargar un retrato al inglés William Kent, quien, basándose en la descripción literaria que el escritor hace en las “Novelas ejemplares”, decide titularlo “Retrato de Cervantes Saavedra por él mismo”, siendo George Vertue el encargado de grabarlo.

Algunas décadas después, en 1773, cuando la Academia Española decide acometer una nueva edición del Quijote, se encarga una nueva biografía a Vicente de los Ríos, que ya le da como natural de Alcalá, tras haberse hallado la partida en 1753. Se emprende, igualmente, la búsqueda del verdadero retrato de Cervantes y en esa se estaba cuando el conde del Águila, Miguel de Espinosa y Maldonado, proclama que en su casa de Sevilla tiene un retrato de Cervantes, obra de Alonso del Arco, un pintor de la escuela madrileña del barroco y que cedía a la Academia. La euforia por el descubrimiento se verá frustrada cuando el cuadro llega a Madrid y se descubre que es una copia del citado retrato de William Kent. Durante más de un siglo, el de Kent servirá de modelo para la práctica totalidad de los retratos posteriores, reproduciéndose con variantes una y otra vez. A lo largo del siglo XIX aparecieron otros dos supuestos retratos de Cervantes atribuidos nada menos que a Velázquez y a Francisco Pacheco que, salvo en sus primeros momentos, pronto quedaron en el olvido.

Hoy tenemos por “oficial” un retrato atribuido a Juan de Jáuregui. Según parece, en la primavera de 1910 el pintor y restaurador valenciano José Albiol adquirió un cuadro en el que, tras su “restauración”, aparecieron unas sorprendentes inscripciones: “D. Miguel de Ceruantes Saauedra” y “Iuan de Iaurigui. Pinxit, año 1600”. Al año siguiente se dio a conocer en “La Ilustración Española y Americana”, erigiéndose el cervantista Francisco Rodríguez Marín, a la sazón director de la Biblioteca Nacional, en su más firme defensor. No faltaron quienes pusieron en duda su autenticidad, alegando todo tipo de manipulaciones, multiplicándose los artículos, conferencias y opúsculos en uno u otro sentido. Lo cierto es que en 1912 se decidió que presidiera el salón de actos de la Academia Española y en el último siglo se ha convertido en el retrato oficial de Cervantes. Y así seguimos, cuando ya no hay nadie que defienda que efectivamente ese personaje sea el autor del Quijote.

Aún en 1943, cuando se aproximaba el IV centenario del nacimiento de Cervantes en Alcalá, el marqués de Casas Torres da a conocer en una publicación la existencia de un nuevo retrato de Cervantes, que atribuyó igualmente a Jáuregui. La vigencia de este nuevo retrato fue más bien breve, ya que muy pronto se hizo pública la existencia en el Instituto Valencia de Don Juan de un retrato de cuerpo entero del mismo personaje, identificado como Diego Mexía de Ovando, primer conde de Uceda.

En los últimos 75 años no ha vuelto a aparecer ningún nuevo retrato. Sólo hacer constar que en mayo de 2016 fue subastado en la madrileña Sala Alcalá un interesante retrato de Cervantes, firmado por el pintor de cámara del rey, Pedro Rodríguez de Miranda, y fechado en 1762. Muestra a Cervantes de medio cuerpo, siguiendo sin duda el modelo del mencionado William Kent. Por la fecha, es probable que se trate del primer retrato al óleo de Cervantes que sigue el citado modelo. Así mismo, todo apunta a que el erróneamente atribuido a Alonso del Arco, seguramente también sea de Rodríguez de Miranda. Informé de esta subasta a las autoridades municipales de Alcalá, que no consideraron que fuese de interés su adquisición, siendo adjudicado finalmente a un comprador anónimo en el precio de salida, 1.500 €.

Recientemente acaba de aparecer en el mercado otro supuesto retrato de Cervantes. Aunque carece de firma y fecha, por las imágenes parece que efectivamente se trata de un óleo sobre lienzo de la primera mitad del siglo XVII. La atribución del anticuario se basa exclusivamente en la coincidencia de época y en la ya mencionada descripción que Cervantes hizo de sí mismo en el prólogo de las “Novelas Ejemplares”, impresas en 1613:

“Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada,de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros…”

¿Podría tratarse de Cervantes? la respuesta es que sí. La frente es lisa y desembarazada; los ojos más parecen alegres que tristes; la nariz es ligeramente corva; las barbas son de plata (canosas) y los bigotes grandes; la boca es más bien pequeña y los dientes, al no mostrarlos, no podemos determinar ni su tamaño ni las faltas. Sólo el color del cabello no parece coincidir, ya que apunta más a grisáceo que a castaño, si bien el retrato bien pudo realizarse un par de años después del citado prólogo, que escribió seguramente en junio de 1612, ya que la censura del libro está fechada el 2 de julio. Pero todo queda aquí, ya que no hay ni un solo testimonio documental que pueda corroborar que se trata de Cervantes y no de cualquier otro sexagenario personaje de las primeras décadas del siglo XVII. Lo que sí que parece coincidir más con la época y con el carácter de nuestro escritor es la gola, más sencilla y menos pretenciosa que la del falso Jáuregui. Uno de los aspectos más curiosos del retrato es el parecido del personaje con el que pintara en 1870 Eduardo Cano de la Peña y que hoy se expone en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. ¿Pudo haberse basado precisamente en este retrato?

En todo caso, no deja de ser un nuevo episodio en esta larga y controvertida historia de los retratos de Cervantes. ¿Será éste el auténtico?, ¿el último?, ¿aparecerá algún día un incuestionable retrato de nuestro escritor más universal? Quizás en el testamento de Miguel de Cervantes, aún no localizado en los archivos de los protocolos notariales, pese a los esfuerzos de los investigadores, se halle alguna pista sobre el retrato y su autor. Algunos se conforman con su “autorretrato literario”, otros mantienen la esperanza de que un día tenga lugar el hallazgo. Por ahora, no queda más que esperar a que un estudio más detenido del retrato pueda arrojar alguna luz al respecto. Mientras tanto, parece apropiada la locución latina “qui lo sa”.

 

  • Manuel Vicente Sánchez Moltó es Cronista Oficial de Alcalá de Henares

 

 

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