El país petrificado

El autor aborda en este artículo la situación de bloqueo para formar gobierno y la última encuesta del CIS . "Los socialistas prometieron nada más conocerse el resultado del 26-J que ellos serían parte de la solución y no del problema. Pero a medida que han ido pasando las semanas se ha visto que son, no ya parte, sino casi todo el problema" ... "Al final, con su propuesta para una comisión que investigue la corrupción del PP (el resto de partidos, al parecer, son gente honrada y limpia como patenas) han imitado a Ulises: atarse al mástil con tal fuerza que ya no podrán ir al timón para cambiar de rumbo. Pero el barco no va hacia casa, hacia las aguas tranquilas y profundas de una nueva legislatura, sino hacia los acantilados, donde puede quedar hecho pedazos".

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Después de la última encuesta del CIS los principales líderes políticos parecen sentir que los ciudadanos les dan la razón en la contumacia con que vienen defendiendo sus inflexibles posiciones desde las elecciones del 26 de junio. Para más escarnio, el Centro de Investigaciones Sociológicas nos viene a decir que el partido que sería más castigado en una nueva llamada a las urnas es Ciudadanos.

Pero resulta que el partido de Rivera es hasta el momento el único que ha dado par de pasos, aunque por desgracia sean insuficientes, para desbloquear la impresentable situación política de la España actual. Cabría pensar que los electores españoles, cayendo en contradicción insuperable, piden una cosa pero premian la contraria. Quieren que haya diálogo entre las distintas fuerzas políticas (puesto que no han dado la mayoría absoluta a ninguna) pero retiran el voto a quien cambia de posición o se muestra dispuesto al diálogo. Ya sucedió después de las elecciones de diciembre, puesto que el PSOE y Ciudadanos, que habían negociado un pacto para la investidura, estuvieron entre los damnificados de junio. Un castigo que en su día interpretamos como un rechazo de los electores al hecho de que ese diálogo entre los socialistas y el partido centrista se hiciera sin contar para nada con los populares, que habían sido la fuerza más votada.

También podría ocurrir que una parte de los electores se estén arrepintiendo de haber acabado con el llamado bipartidismo y piensen que lo mejor es volver a la situación anterior, puesto que con la actual fragmentación del Congreso resultan poco menos que imposibles los acuerdos para la gobernabilidad. Aquí entrarían en escena, por un lado, la abstención de quienes se sienten asqueados por la falta de flexibilidad para negociar pactos; y por otro, el fenómeno del voto útil: a fin de cuentas, malo es tener un gobierno con mayoría absoluta en las cámaras, pero peor es no tener ningún gobierno. En esta tesitura, a nadie puede extrañar que el descontento con la situación política sea mayor que el que se registraba antes del estallido del 15-M. Lo malo es que los representantes surgidos de aquel malestar tampoco parecen resolver nada.

Ciudadanos ha hecho un esfuerzo ímprobo para pasar del veto o rechazo total a Mariano Rajoy, repetido durante la campaña electoral, al voto favorable en la hipotética investidura si los populares aceptan sus famosas seis condiciones. Este paso nos lleva a 169 votos a favor frente a los 181 en contra de PSOE, Podemos y nacionalistas varios. Dada la relación de fuerzas, cada voto parece valer su peso en oro y tanto el PP, como el PSOE, si fueran los encargados de formar gobierno, tendrían muy difícil ganarse la abstención o el voto favorable de los nacionalistas. Sus exigencias resultan inasumibles y es casi un insulto a la inteligencia que los líderes del PSOE pretendan que el PP negocie una mayoría con dichas fuerzas.

Los socialistas prometieron nada más conocerse el resultado del 26-J que ellos serían parte de la solución y no del problema. Pero a medida que han ido pasando las semanas se ha visto que son, no ya parte, sino casi todo el problema. Han tratado de vestir al santo como han podido ( “las izquierdas no pueden apoyar a las derechas”, “no aceptamos chantajes”, “no vamos a indultar a Rajoy”, etc.) pero, como ya les sucedió en diciembre, están en una posición irracional: no quieren, o no pueden, encabezar una mayoría alternativa y tampoco se hacen a un lado para que el país pueda salir del atolladero en que estamos. Como tienen una base firme y fiel de electores, han tomado la encuesta del CIS como la excusa perfecta para justificar lo que están haciendo. Al final, con su propuesta para una comisión que investigue la corrupción del PP (el resto de partidos, al parecer, son gente honrada y limpia como patenas) han imitado a Ulises: atarse al mástil con tal fuerza que ya no podrán ir al timón para cambiar de rumbo. Pero el barco no va hacia casa, hacia las aguas tranquilas y profundas de una nueva legislatura, sino hacia los acantilados, donde puede quedar hecho pedazos.

Santiago López Legarda . Periodista ( prejubilado de Radio Nacional de España)

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