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La autora de Mi hermana Elba y La habitación de Nona reivindica el cuento como género mayor y celebra su inesperado reconocimiento.

El 3 de noviembre de 2026 el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, anunció en Madrid que el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes de este año recaía en Cristina Fernández Cubas. La noticia llegó a Alcalá de Henares, como cada año, con un significado particular: dentro de unos meses, el 23 de abril de 2027, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá volverá a ser el escenario donde se entregue el máximo galardón de las letras hispánicas. Para la ciudad natal de Cervantes, cada concesión es también una cita con su propia historia.
Alcalá de Henares no solo presta su nombre al premio a través de su hijo más universal. Es el lugar donde, desde hace décadas, el acto de entrega se celebra con la solemnidad que exige la tradición. En el Paraninfo del Colegio Mayor de San Ildefonso, ante los Reyes de España, se reúne cada 23 de abril el mundo de las letras en español. La ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, conserva la casa natal del autor del Quijote, la plaza que lleva su estatua y la universidad fundada por el Cardenal Cisneros.
La ciudad que acoge el nombre y el acto
Para Alcalá, el Premio Cervantes 2026 tiene un matiz especial. Fernández Cubas es, por encima de todo, una maestra del relato breve, un género que Cervantes practicó con brillantez en las Novelas ejemplares. El jurado ha destacado “la originalidad, la excelencia y la coherencia de una obra que ha renovado el cuento contemporáneo y transformado la literatura fantástica en español”. Ha subrayado que su trayectoria ha contribuido a “revalorizar el relato breve, reivindicándolo como una forma de expresión autónoma capaz de alcanzar la máxima intensidad estética y hondura existencial”. En la ciudad donde nació el autor que elevó la prosa narrativa a la categoría de arte mayor, la consagración de una cuentista pura adquiere un eco particular.
El premio, dotado con 125.000 euros, reconoce el conjunto de la obra. Fernández Cubas es la séptima mujer en recibirlo y, en buena medida, la primera escritora galardonada de forma prioritaria por su dedicación al cuento, tras el precedente de Jorge Luis Borges en 1979. La ceremonia de entrega, prevista para el 23 de abril de 2027 en Alcalá, será presidida, como es costumbre, por los Reyes. Cada primavera la ciudad se convierte en capital temporal de las letras hispánicas y acoger a una autora que ha defendido con tanto rigor el relato breve supone un reconocimiento implícito a la tradición narrativa que nació en sus calles.
Nacida en Arenys de Mar (Barcelona) en 1945, Cristina Fernández Cubas estudió Derecho y Periodismo. Ejerció el periodismo desde joven y residió en ciudades como El Cairo, Lima, Buenos Aires, París y Berlín. Debutó en 1980 con Mi hermana Elba, un libro de cuentos que la editora Beatriz de Moura publicó en Tusquets cuando el género era poco valorado comercialmente. Desde entonces ha construido una de las trayectorias más sólidas y coherentes de la narrativa breve en español.
La escritora que hizo del relato breve un territorio mayor
Sus libros de relatos —Los altillos de Brumal (1983), El ángulo del horror (1990), Con Agatha en Estambul (1994), Parientes pobres del diablo (2006, Premio Setenil), La habitación de Nona (2015, Premio de la Crítica y Nacional de Narrativa) y Lo que no se ve (2025)— exploran lo fantástico, lo inquietante y lo ambiguo. En ellos, lo cotidiano se abre a grietas donde aparecen hermanas, viajeros, familias extrañas, brujas o demonios, siempre con una precisión narrativa y un dominio del punto de vista que desestabilizan las certezas del lector. Ha publicado también novelas (El año de Gracia, El columpio, La puerta entreabierta, esta última bajo el seudónimo Fernanda Kubbs), teatro (Hermanas de sangre), memorias narradas (Cosas que ya no existen) y un ensayo sobre Emilia Pardo Bazán.
En 2023 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas. El jurado del Cervantes ha resaltado su capacidad para abrir caminos a nuevas generaciones de narradores y su diálogo con la literatura de la extrañeza latinoamericana. Para Alcalá, que cada primavera se convierte en capital temporal de las letras hispánicas, acoger a una autora que ha defendido con tanto rigor el relato breve supone un reconocimiento implícito a la tradición narrativa que nació en sus calles. La ciudad que cada año organiza la entrega del premio sabe que el acto no es solo una ceremonia institucional. Es el momento en que el legado de Cervantes se actualiza con la obra de un escritor o una escritora que ha enriquecido la lengua.
“Todos los cuentistas somos trapecistas”: la sorpresa y la reivindicación
La noticia pilló a Fernández Cubas por sorpresa. El ministro Urtasun la llamó mientras veía la televisión. Su primera reacción fue de desconcierto: “Me quedé bastante de piedra, sin palabras”. Al día siguiente, en Barcelona, ya más serena, dedicó el premio no solo a ella, sino al género del cuento y a todos los cuentistas. “Es un premio para el cuento en sí mismo”, dijo. Recordó a Beatriz de Moura, quien creyó en sus primeros relatos cuando otros editores los consideraban “extraños” o “incomprensibles” y le pedían que cambiara los finales.
“Todos los cuentistas somos trapecistas o funambulistas que trabajamos sin red”, afirmó. “En la novela puedes fallar un capítulo; en el cuento, un párrafo malo te lo hunde”. Comparó el cuento con “un amante infiel”: si le dejas de prestar atención, se va con otra. Reconoció estar en un momento de escritura intensa y confesó que el premio le ha pillado “en un verano prolífico”. Sobre el discurso que deberá pronunciar en Alcalá el 23 de abril, bromeó: “No sé qué diré. Si no me esperaba ganar, imagínate pensar en qué voy a decir”.
Desde Alcalá de Henares, estas palabras resuenan con especial fuerza. En 2027, ese legado tomará la forma de los relatos inquietantes, precisos y llenos de ambigüedad de Cristina Fernández Cubas. El Paraninfo volverá a llenarse, los Reyes entregarán la medalla y Alcalá, una vez más, será el escenario donde la literatura en español se reconoce a sí misma. Para la ciudad complutense, la concesión del Cervantes 2026 a una maestra del cuento confirma algo que sus calles y su universidad llevan siglos demostrando: que el relato breve, cuando se trabaja con excelencia, puede alcanzar la misma hondura y la misma capacidad de transformación que las grandes novelas. El 23 de abril de 2027, Alcalá de Henares recibirá a Cristina Fernández Cubas no como una visitante más, sino como una continuadora de la tradición narrativa que nació aquí.
















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