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Campuzano sostiene que la investigación sobre Zapatero marcará la política española y alimentará una prolongada batalla judicial y mediática.
- Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.
Todo el tiempo restante hasta la convocatoria y celebración electoral próxima, o en 2026 o a lo sumo 2027, vendrá marcado por la peripecia que emane del caso Zapatero, inevitablemente unido a todo cuanto acontezca a Sánchez, su gobierno y sus concomitancias públicas. A partir de este momento, todo vertebrará en torno al futuro judicial del ex presidente Zapatero. La plataforma de males que irradiarán al presidente Sánchez habrán de partir del entorno de Zapatero, investigado por la Audiencia Nacional a través del juez Calama.
Esta semana se han producido las dos comparecencias del mandatario con sesiones amplias ante el instructor, saldadas con el retorno del investigado a su domicilio, contrariamente a lo solicitado por Fiscalía Anticorrupción y el movimiento Iustitia Europa, entre otros, con la representación de la acción popular, y participante en los comicios europeos de 2024, con el balance de 27407 votos que han sido paseados como un éxito sin precedentes.
Esta divergencia de cuantificaciones de representación, al margen de los cargos imputados contra el ex presidente, permite la presencia habitual del movimiento Iustitia Europa en púlpitos y micrófonos en pie de igualdad con otras partes en el contencioso. El magistrado ha permitido la pernoctación del investigado por no apreciar riesgo de elusión de la acción de la justicia en medio del enfado de foros y programas de televisión de escaso aprecio por el ex presidente.
El proceso inherente al espectáculo de ver en apuros a uno de los referentes del gobierno de Sánchez tiene su crecimiento asegurado con un recorrido mediático indudable que acompañará durante meses a todo cuanto surja en el escenario nacional, permeado por la figura de Zapatero, ya de por sí negativamente deseado por los caladeros de la opción PP en 2004, cuando los trenes y los “desiertos remotos y las montañas lejanas”, versión de Aznar en aquel tono críptico solamente superado por algunas recientes aportaciones como el “quien pueda hacer que haga”, en uso del subjuntivo tan necesario para la pervivencia de la gramática española.
La incógnita reside ahora en la permeabilidad y la resistencia al paso del tiempo de las capas freáticas de la oposición al gobierno de coalición, las mismas que querrían presenciar una instrucción tan diligente que acabase con Zapatero si no con pijama de rayas, por lo menos con una imposibilidad de defensa ante un arsenal probatorio que acumulase realidades de tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales, todo ello en naturaleza de Soto del Real. Si ello no fuese así, por la legítima defensa de Zapatero, se tendería al ejercicio de mohín y rechazo del sector afectado, que quiere y desea una pronta acción de la justicia.
Entre tanto, sobre todo en torno al asunto de las joyas y su guerra de cifras en la valoración de los activos, que van desde 30000 euros hasta 30 millones de la misma moneda, se ha producido un silencio ominoso justamente después de las declaraciones de Miguel Sebastián, ex ministro del investigado y candidato a la alcaldía de Madrid en 2007.
Los supervivientes del palacio de la Moncloa, Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy, indirectamente aludidos por Sebastián, se mantienen en estado de nula elocuencia sobre regalos en su biográfico paso por la jefatura del Consejo de Ministros. La prensa de marzo de 2005, concretamente el ABC, de 11 de marzo, habla de la dedicación a la gemología de González, con lima y pulido de sus diseños semi preciosos, con atento servicio a sus amigos y leales, entre los cuales se encontraba en primerísimo lugar Sonsoles Espinosa, a la sazón y también actualizada esposa de Zapatero, objeto de los regalos obsecuentes del ex presidente sevillano.
Al parecer, aquellos trabajos convertidos en detalle no fueron objeto de depósito en caja fuerte alguna. La página de verificación maldita.es tiene registrados los países visitados por los presidentes de gobierno y su enumeración daría para una reveladora posibilidad de regalos a favor de los visitantes o sus parejas. A partir de ahora, ha quedado inaugurada la costumbre de inquirir e interpelar por todo lo que tenga por sentido el mundo del presente y del regalo, su valor, su aprecio, su posibilidad de utilización y su cotización de futuro.
El charco en que se haya podido meter la presidencia de gobierno con las joyas de Zapatero pueden adquirir dimensiones oceánicas a poco que se pregunte y formule todo aquello que se hizo o dejó de hacer en visitas a países de continentes próximos o allende confines y demarcaciones. “Oro… pálida medianera común entre hombre y hombre”, de “El mercader de Venecia”, de Shakespeare, traído a colación por el italiano Nuccio Ordine, en “La utilidad de lo inútil” (Impedimenta, 2013), como ejemplo de rechazo a las obscenidades del regalo.
En cualquier caso, los meses venideros traían la antesala de la condición anodina y aburrida de la confrontación de siempre, el “y tú más” de las sesiones de control de los miércoles, con su abundancia de bilis y juegos florales. Esto marca una diferencia de falta de hábito. Un presidente de gobierno en aprietos judiciales impregna de novedad todos los tiros de cámara. La política internacional, la guerra de influencia exterior con la condición de ex mandatario, los obsequios para propios y cónyuges, los engarzados de rubíes y zafiros, la necesidad de entrada en escena de Ansorena, tan alejado de las pretensiones de las gentes del común, su valoración como firma de recurso de la Audiencia Nacional.
Habrá saltos en la contumacia de la instrucción, unas veces parecerá vencedor el fiscal, otras la defensa de Zapatero, el representante barbado de Iustitia Europa puede que alcance los 30000 votos en las elecciones generales. Este frente de atención se encuentra entre nosotros con la decidida intención de quedarse. De momento, el teniente coronel Balas no forma parte del paisaje, que no es poco, para tranquilidad del vecindario, que un teniente coronel en grado benemérito siempre lo puede cargar el diablo.
















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