- Pilar Blasco interpreta la visita de León XIV como prueba de la vigencia del sustrato católico y espiritual español.
El viaje del Papa da para muchas páginas. Ríos de tinta. Así está siendo en todos los medios, y lo que queda. Entre las muchas reflexiones, al ver a las multitudes en las calles de nuestro país me surge la que expongo en el título, con interrogación o sin ella. No sé si la comparto con los analistas y sociólogos que estos días contemplan los eventos con la misma sorpresa y asombro que yo. Seguramente. Lo que yo percibo es que la mayoría del pueblo español que ha partido de sus casas, de sus poblaciones y los que se han pegado a las pantallas (yo también) esta semana inolvidable, no han hecho sesudas disquisiciones sobre causas y efectos. El Papa ha venido y vamos a recibirlo. No solo, sino también acompañarlo, seguirlo, saludarlo, tocarlo, oírlo pedir su bendición…
Es lo que hay y lo que ha habido estos días, lo mejor de España en las calles con León XIV, lo que permanece a lo largo del tiempo, de los siglos, ya milenios. Lo indestructible y eterno. Porque más allá de la lengua, de la geografía, de la política, está la espiritualidad, la trascendencia, escondida y olvidada socialmente hasta que alguien le da oportunidad de manifestarse. En los discursos del Papa de Roma, del sucesor de Pedro, del vicario de Cristo, ha predominado la Fe, la Esperanza y sobre todo la Caridad y el Amor. Conceptos rememorados en boca del Papa León, procedentes de Jesús, los apóstoles y los santos. De la Iglesia de toda la vida.
España se ha vestido de gala, como corresponde, mostrando lo mejor de sí misma. Y lo mejor, fuera de tecnologías, personalidades, trajes elegantes, saludos y reverencias, hipocresías y aplausímetros, ha sido la gente. No es necesario que describa la emoción, el entusiasmo, la devoción, el silencio y el estruendo. Hemos visto y oído los gritos, los vivas, las canciones, los lemas. Las madres confiando sus bebés a los brazos de los guardianes, que los alzaban con pericia y cuidado hasta las manos del Papa, hasta la bendita caricia. Pensábamos que no había madres en España, y nos han salido de todos los colores, hasta de familia numerosa y muy numerosa. Protagonistas, las madres.
Muy acorde con el centro del discurso del Papa en el Congreso, la protección de la vida del no nacido. Zasca, por cierto, muy aplaudido por los abortistas que pueblan mayoritariamente Las Cortes. Asombroso. Lo mismo dijo de la eutanasia. A pocos meses de la muerte inducida legal de Noelia. Aplausos de siete minutos. No tengo palabras. A no ser que ocurriera en el Hemiciclo una “conversión súbita” de nuestros representantes políticos.
Palabras y deseos de reconciliación frente a la polarización y el muro social y político imperante, mientras las perforadoras iniciaban la demolición del Valle de los Caídos. Las leyes no son justas por más que se aprueben por el sistema de votación. Más aplausos. La clase gobernante frente al espejo y todos contentos. Sus señorías rompiéndose las manos. Parecía un parlamento norcoreano. Ninguna reflexión ni autocrítica posterior, ningún mea culpa de los repentinos conversos. Estupor.
Robert Prevost, León XIV, ha mostrado y demostrado su preferencia por el tumultuoso pueblo anónimo. Sin desfallecer, inasequible al cansancio, al calor y a la reiteración de gestos y acciones, como si cada vez fuera la primera. Ha cumplido con lo que se espera de un Papa católico, ni más ni menos. De forma elegante, sobria, humilde y sabia. Dejando fuera de juego a los que han pretendido apropiarse de su visita y de sus palabras, a los que habían sembrado de recelos y prejuicios su venida, adscribiéndolo a tendencias determinadas sin comprobar.
Como he apuntado arriba, imposible abarcar aspectos y detalles de esta visita tan deseada por los católicos después de quince años, cuando menos de indiferencia. Voy a mi tesis, compartida por muchos: los periodos más fecundos e importantes de nuestra historia han estado inspirados y sostenidos por los valores cristianos. Con el soporte y el auxilio de la Fe y la tradición católica se han llevado a cabo las más importantes gestas, leyes y cultura. Repasémoslas como León XIV las recordó en el Congreso (Escuela de Salamanca, órdenes religiosas, evangelización, etc., etc.).
Cuando nuestra patria ha sido invadida, secuestrada, masacrada, ocultada por extraños intereses, casi siempre de fuera, con ayuda interna invariablemente, las consecuencias ya las conocemos. Momentos de alzar la mirada y meditar.
Las opiniones publicadas reflejan la voz de sus autores en el marco del debate plural que ALCALÁ HOY promueve y no tienen por qué coincidir con la línea editorial del medio.















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a







Suscribo palabra por palabra lo que dice Pilar, mejor imposible! A mi me ha emocionado ver a tanto joven católico con un comportamiento ejemplar! Un Papa que cada discurso nos ha dejado mensajes maravillosos y esperanzadores. Es que no tengo palabras para describir la emocion de ver la devocion de tanto español y ha sido una bocanada de esperanza en que nuestra juventud despertara!!!!!
Hola Verónica.
Ojalá toda esa juventud que según tú, ha despertado para ir a ver al papa, sigan despiertos en otras concentraciones mucho más beneficiosas para toda la sociedad como son las manifestaciones por nuestra sanidad o educación pública, por una vivienda y unos salarios dignos, por una atención digna hacia nuestros mayores y tantas otras necesidades que tiene la sociedad.
A mí también me emocionaría verlos…..sean católicos o no.
¡Brillante!
no se puede dir otra cosa de la autora.