- La exposición combina astrofotografía, memoria asociativa y divulgación científica para acercar el cosmos y el esperado eclipse solar total al público.
- Crónica gráfica del Ayuntamiento / y Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY
Hay aficiones que se explican solas y otras que necesitan una pequeña dosis de poesía. La de la Agrupación Astronómica Complutense pertenece claramente al segundo grupo. Porque dedicar noches enteras a perseguir nebulosas, esperar eclipses o fotografiar galaxias invisibles al ojo humano tiene algo de ciencia, mucho de paciencia y una pizca inevitable de locura maravillosa. Mientras buena parte de la ciudad duerme, ellos siguen ahí arriba. O mejor dicho: ahí abajo, mirando arriba.
Y quizá por eso la exposición “Astrofotografía”, inaugurada en el Antiguo Hospital de Santa María la Rica para celebrar los 40 años de vida de la asociación, tiene algo más que valor divulgativo. Tiene memoria. Tiene vocación. Y tiene también el aroma entrañable de esas entidades locales que sobreviven al paso del tiempo gracias a un puñado de personas empeñadas en compartir su pasión con los demás.
La muestra, instalada en la sala Kioto y abierta hasta el próximo 7 de junio, reúne una selección de imágenes obtenidas por socios de la agrupación durante los últimos años. No hablamos de simples fotografías bonitas del cielo. Detrás de cada imagen hay horas de preparación, kilómetros recorridos buscando cielos oscuros, telescopios montados en mitad de la noche, ordenadores, procesados digitales y, sobre todo, una paciencia casi monástica.
Porque fotografiar el universo no consiste en apuntar y disparar. Muchas de las imágenes expuestas son el resultado de decenas o incluso cientos de capturas combinadas posteriormente para extraer detalles invisibles a simple vista. Nebulosas rojizas perdidas en la Vía Láctea, galaxias espirales situadas a millones de años luz, cúmulos estelares y lunas planetarias aparecen en las paredes de Santa María la Rica como si el cosmos hubiera decidido hacer una pequeña escala en Alcalá de Henares.
Mucho antes de que existiera Instagram del cosmos
La concejala de Participación Ciudadana, Esther de Andrés, acompañada por los ediles Santiago Alonso y Antonio Saldaña, quiso respaldar una inauguración que tiene también algo de homenaje generacional. Porque la AAC nació en abril de 1986, cuando la palabra “astrofotografía” todavía sonaba a laboratorio especializado y no existían ni redes sociales, ni teléfonos móviles capaces de fotografiar la Luna, ni tutoriales de YouTube explicando cómo localizar Saturno.
Aquellos pioneros comenzaron observando el cielo con medios modestos, compartiendo conocimientos en una época donde internet ni siquiera formaba parte de la vida cotidiana. Eran años de cartas, revistas especializadas, prismáticos heredados y noches de observación organizadas casi artesanalmente. Y, sin embargo, ahí empezó todo.
La exposición dedica precisamente uno de sus rincones más emotivos a reconstruir esa historia colectiva. Fotografías antiguas, recortes de prensa, carteles y documentos recuerdan cómo la agrupación ha ido creciendo junto a la propia ciudad. Hay algo profundamente entrañable en contemplar aquellas imágenes de aficionados cargando telescopios enormes en coches diminutos, organizando observaciones populares o explicando eclipses en colegios cuando todavía no existía la cultura científica actual.
Y quizá esa sea una de las claves del éxito silencioso de esta asociación: nunca se encerró en sí misma. La AAC entendió desde muy pronto que mirar al cielo también podía ser una forma de hacer ciudad.
El eclipse del año ya asoma en el horizonte
La exposición mira al pasado, sí, pero también apunta claramente hacia el futuro. Y en el calendario astronómico de 2026 hay una fecha marcada en rojo: el 12 de agosto. Ese día tendrá lugar el gran eclipse solar total visible desde España, un fenómeno excepcional que miles de personas esperan ya con auténtica expectación.
La agrupación ha reservado un espacio especial para explicar el denominado “eclipse del año”, con infografías, paneles divulgativos y material interactivo destinado tanto a curiosos como a aficionados avanzados. Porque si algo saben bien quienes llevan décadas divulgando astronomía es que un eclipse total tiene la capacidad de convertir a cualquiera en observador del cielo, aunque solo sea durante unos minutos.
No es casualidad que la conferencia divulgativa prevista para el próximo 27 de junio gire precisamente en torno a este acontecimiento. El eclipse de agosto promete ser uno de los grandes eventos científicos y turísticos del año en España, y Alcalá no quiere quedarse al margen de esa conversación cósmica.
Además, la muestra incorpora paneles sobre contaminación lumínica cedidos por la Federación de Asociaciones Astronómicas de España. Un asunto aparentemente técnico que, sin embargo, conecta directamente con la vida cotidiana de las ciudades modernas. Porque cada farola mal orientada y cada exceso de iluminación urbana no solo consumen energía: también nos roban estrellas.
Una resistencia silenciosa contra la prisa
Quizá lo más admirable de la Agrupación Astronómica Complutense sea precisamente eso: su capacidad para resistir al tiempo acelerado en el que vivimos. Frente a la inmediatez de las pantallas, ellos practican una afición basada en esperar. Esperar a que anochezca. Esperar a que las nubes desaparezcan. Esperar el momento exacto en el que una galaxia cruza el campo visual del telescopio.
En tiempos donde todo parece diseñado para durar quince segundos, hay algo casi revolucionario en dedicar cinco horas a fotografiar un objeto celeste situado a millones de años luz. Y tal vez por eso la exposición transmite algo más profundo que simple admiración estética. Invita a recuperar la capacidad de asombro. A levantar la vista. A recordar que, mientras discutimos sobre tráfico, obras, política municipal o redes sociales, sobre nuestras cabezas sigue existiendo un universo gigantesco, silencioso y bellísimo.
Cuarenta años después de su nacimiento, la Agrupación Astronómica Complutense continúa haciendo exactamente eso: recordarnos que la ciudad también puede mirar hacia las estrellas.
















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