Seiscientas vidas, miles de puntadas y un mismo latido en Santa María La Rica

El Antiguo Hospital de Antiguo Hospital de Santa María La Rica vuelve a llenarse estos días de memoria, creatividad y convivencia con la exposición ‘Mayores con arte’, una muestra colectiva que reúne el trabajo realizado durante todo el curso por alrededor de 600 usuarios de los centros municipales de mayores de Alcalá. Bordados, bolillos, marquetería, pintura y otras disciplinas artesanales protagonizan una exposición que también reivindica el envejecimiento activo, el voluntariado y la importancia de los espacios compartidos.

Foto del Ayuntamiento
  • Santa María La Rica acoge una emotiva muestra colectiva donde creatividad, convivencia y memoria convierten las manualidades de mayores en verdadero arte.
  • Crónica gráfica de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY

Hay exposiciones que se contemplan. Y hay otras que, casi sin darse cuenta, se escuchan. La muestra ‘Mayores con arte’, inaugurada esta semana en la Sala La Capilla del Antiguo Hospital de Santa María La Rica, pertenece claramente a la segunda categoría. Porque entre bolillos, bordados, marqueterías, patchwork, acuarelas o delicadas piezas de cristal grabado, lo que realmente se percibe al recorrer la sala no es solo habilidad artesanal: es el rumor silencioso de cientos de historias de vida cosidas durante décadas.

La alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, acompañada por la concejala de Mayores, Esther de Andrés, y el concejal de Cultura, Santiago Alonso, inauguró una exposición que permanecerá abierta hasta el próximo 24 de mayo y que reúne los trabajos realizados durante todo el curso por los talleres de los centros municipales de mayores.

Pero reducir esta exposición a una simple recopilación de manualidades sería injusto. Lo que se muestra en Santa María La Rica es algo mucho más profundo: la reivindicación serena de una generación que sigue creando, compartiendo y enseñando mientras la sociedad, demasiadas veces, se empeña en mirar hacia otro lado cuando habla de envejecimiento.

Nada más entrar en la sala, el visitante se encuentra rodeado por una especie de geografía emocional hecha de telas, hilos, madera, cristal y paciencia. Mucha paciencia. Esa que ya casi parece un lujo en tiempos dominados por la inmediatez. Cada pieza parece contener horas de conversación compartida en los centros de mayores; tardes enteras entre agujas, dedales y meriendas; pequeñas confidencias intercambiadas mientras las manos seguían trabajando casi de memoria.

Porque en realidad los talleres municipales son mucho más que una actividad de ocio. Son refugio cotidiano. Son comunidad. Son compañía frente a la soledad. Y, en muchos casos, también una forma silenciosa de resistencia emocional.

La propia Judith Piquet quiso poner el acento precisamente en ese aspecto durante la visita inaugural. “No solo realizan estas manualidades, sino que también están en comunidad y son un ejemplo de convivencia”, destacó la alcaldesa, que agradeció especialmente la implicación de los más de treinta profesores voluntarios que colaboran en los distintos centros municipales.

Y quizá ahí reside una de las claves más hermosas de esta exposición: el voluntariado entendido no como gesto paternalista, sino como cadena de transmisión humana. Personas que enseñan a otras personas. Vecinos que comparten saberes que de otro modo podrían perderse. Técnicas ancestrales que sobreviven gracias a quienes todavía consideran que hacer algo despacio también tiene valor.


El arte de las manos que nunca dejaron de trabajar

Hay algo profundamente simbólico en contemplar unas vainicas elaboradas por manos que seguramente también cosieron uniformes escolares, remendaron pantalones infantiles o levantaron hogares enteros cuando la vida venía mucho más cuesta arriba que ahora.

Muchas de las personas que participan en estos talleres pertenecen a una generación acostumbrada a construir desde el sacrificio silencioso. Una generación que aprendió a reutilizar antes de que existiera la palabra “sostenibilidad”. Que convirtió la necesidad en creatividad. Que hizo arte doméstico sin llamarlo arte.

Por eso la exposición tiene también algo de homenaje involuntario a una España que todavía sobrevive en la memoria de nuestros mayores. Ahí están los encajes de bolillos, las labores de lagartera, el ganchillo o el punto yugoslavo como pequeñas cápsulas culturales que conectan directamente con las casas de nuestras abuelas, con los muebles tapados por tapetes imposibles y con aquellas tardes eternas de costura mientras la televisión sonaba de fondo.

Sin embargo, la muestra no se queda anclada en la nostalgia. Hay también creatividad contemporánea, color, experimentación y ganas de seguir aprendiendo. El macramé convive con el grabado en vidrio; el patchwork dialoga con la papiroflexia; las pinturas textiles comparten espacio con las delicadas piezas de marquetería. Y todo ello realizado por alrededor de 600 personas procedentes de los ocho centros municipales de mayores y del centro Ana María Matute.

La concejala Esther de Andrés subrayó precisamente esa dimensión humana y participativa del proyecto al afirmar que el Ayuntamiento seguirá apoyando iniciativas que fomenten “el envejecimiento activo, la cultura y los espacios de encuentro”. Una frase institucional que, esta vez, encuentra una traducción tangible en cada rincón de la sala.

Porque basta observar unos minutos a quienes recorren la exposición para entender que no se trata únicamente de enseñar obras. Muchos visitantes buscan directamente “su” trabajo o el de alguna amiga del taller. Hay fotos frente a los cuadros, sonrisas tímidas, dedos que señalan detalles minúsculos y explicaciones orgullosas sobre cómo se hizo cada pieza. En definitiva: reconocimiento.


Santa María La Rica como escenario de memoria compartida

No es casual que esta exposición tenga lugar en el Antiguo Hospital de Santa María La Rica. El edificio, cargado de siglos e historia, parece abrazar perfectamente el espíritu de la muestra. Entre sus muros conviven patrimonio y vida cotidiana. Cultura institucional y memoria popular. Quizá por eso la exposición encaja con tanta naturalidad en este espacio, lejos de la solemnidad fría que a veces acompaña a ciertos centros culturales.

Aquí no hay distancia entre obra y espectador. Todo resulta cercano, humano, reconocible. Y eso se percibe especialmente cuando uno repara en los pequeños detalles: el brillo paciente de las cuentas swaroski, las flores bordadas con precisión milimétrica, los dibujos sobre tela, las delicadas piezas de mimbre o los trabajos de lana realizados con una pulcritud casi obsesiva.

Cada objeto contiene tiempo. Y el tiempo, precisamente, es uno de los grandes temas invisibles de esta exposición. Vivimos en una época que glorifica la rapidez, la productividad y la juventud permanente. Frente a ello, ‘Mayores con arte’ reivindica justo lo contrario: la calma, la experiencia, la dedicación y el valor de seguir aprendiendo a cualquier edad.

En cierto modo, la muestra lanza también una pregunta incómoda al visitante: ¿cuántos saberes estamos dejando escapar como sociedad por no escuchar suficientemente a nuestros mayores?


Una segunda exposición llegará el 27 de mayo

La programación continuará además del 27 al 31 de mayo con una nueva exposición centrada en pintura, en la que participarán alrededor de 140 personas de distintos centros municipales. La futura muestra incluirá acuarelas, óleo y pintura sobre tela, ampliando así un proyecto que, más allá de lo artístico, se ha convertido ya en una auténtica celebración colectiva del talento sénior complutense.

Porque quizá esa sea finalmente la mejor definición de lo que ocurre estos días en Santa María La Rica: no una simple exposición de trabajos manuales, sino una celebración tranquila de la dignidad cotidiana. La dignidad de quienes siguen creando. La dignidad de quienes todavía enseñan.

La dignidad de quienes, después de toda una vida levantando familias, barrios y ciudades enteras, ahora convierten el hilo, la madera o el color en una forma hermosa de seguir diciendo: “Aquí seguimos”.

Horario: martes a sábados de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 h. Domingos de 11:00 a 14:00 h. Lunes cerrado. Entrada libre

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