- La ciudad celebró su jornada cervantina entre literatura, protocolo institucional, orgullo ciudadano y referencias políticas durante la ceremonia oficial.
- Fotos de Casa Real y Ayuntamiento
La ciudad complutense vive estos días su semana grande. Banderas, flores y un ambiente festivo inundan el casco histórico mientras Alcalá de Henares se convierte, un año más, en el epicentro de la literatura en lengua española. Las terrazas llenas desde primera hora, los libreros desplegando ejemplares bajo las casetas de la Feria del Libro, escolares recorriendo el centro histórico y visitantes fotografiándose junto a la estatua de Miguel de Cervantes dibujaban desde temprano una escena reconocible y profundamente alcalaína. En esta ciudad, el 23 de abril no es solo una fecha institucional: es casi una ceremonia sentimental compartida por generaciones enteras.
Antes del acto central en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, y siguiendo una tradición inseparable ya del calendario cervantino, la Corporación Municipal, presidida por la alcaldesa Judith Piquet, rindió homenaje a los pies de la estatua del escritor en la plaza que lleva su nombre. En procesión cívica desde la puerta del Ayuntamiento, autoridades municipales y representantes institucionales avanzaron entre aplausos y curiosos hasta depositar una corona de laurel para recordar el aniversario del día en que Cervantes recibió sepultura en 1616.
La alcaldesa destacó entonces que “desde hace más de medio siglo, Alcalá se convierte en la capital de las letras y las artes del mundo hispanohablante”, reivindicando el valor simbólico de una ceremonia que proyecta internacionalmente a la ciudad. Este año, además, el ambiente tenía un marcado acento mexicano. La elección de Gonzalo Celorio como ganador del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes reforzaba aún más ese puente cultural permanente entre España y América Latina que el galardón representa desde hace décadas.
El ceremonial del Cervantes vuelve a situar a Alcalá en el foco internacional
Coincidiendo con el Día Internacional del Libro, Sus Majestades los Reyes Felipe VI y Letizia Ortiz Rocasolano presidieron en el histórico Paraninfo universitario la entrega del Premio Cervantes 2025 al escritor mexicano. La ceremonia volvió a convertir durante unas horas a Alcalá en centro simbólico del mundo hispánico, con una puesta en escena donde se mezclaron tradición académica, solemnidad institucional y una cuidada liturgia cultural que la ciudad conoce casi al milímetro.
La llegada de los Reyes despertó gran expectación en las inmediaciones de la universidad. Decenas de vecinos aguardaban tras las vallas para saludar a Don Felipe y Doña Letizia en una mañana luminosa y agradable, marcada además por el estreno oficial de Carmelo García Pérez como rector de la Universidad de Alcalá en el acto académico más importante del año. Junto a los monarcas estuvieron presentes el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso; el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Teodoro López Calderón; representantes diplomáticos mexicanos y numerosas personalidades del ámbito universitario y cultural.
El interior del Paraninfo volvió a ofrecer esa imagen de solemnidad austera que convierte cada edición del Cervantes en algo más que una simple entrega de premios. Maderas históricas, silencio ceremonial, togas académicas y el peso simbólico de una universidad fundada por el cardenal Cisneros componían un escenario donde literatura e historia parecían caminar juntas. Tras los saludos protocolarios y los honores correspondientes, la directora general del Libro, María José Gálvez, leyó el acta de concesión antes de que el Rey hiciera entrega de la medalla y la escultura al escritor mexicano.
Entre literatura y política: el inevitable comentario institucional
Pero como suele ocurrir en cualquier gran acto público celebrado en España, especialmente en un clima político crispado y permanente, la jornada dejó también espacio para el comentario político. Después de entregar a Felipe VI el bastón de mando de la ciudad, Judith Piquet lamentó ante los medios la ausencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
“Es una ausencia, un año más”, afirmó la alcaldesa, sugiriendo además que quizá el jefe del Ejecutivo prefería evitar posibles críticas o abucheos durante su visita a la ciudad complutense. La observación, formulada desde una alcaldía de inequívoco perfil popular y en plena temperatura política nacional elevada al máximo, sonó menos a sorpresa protocolaria que a esa escaramuza dialéctica casi obligatoria que ya acompaña cualquier comparecencia pública.
En realidad, el comentario encajó perfectamente dentro de ese pequeño teatro político contemporáneo donde incluso los actos culturales acaban teniendo su cuota de refriega partidista. Alcalá, que por un día se transforma en capital literaria del español, tampoco escapa a esa dinámica nacional en la que la política termina colándose entre discursos académicos, cámaras institucionales y homenajes cervantinos.
Más allá de ese cruce de declaraciones, el acto mantuvo en todo momento un tono institucional impecable y centró el protagonismo en la literatura y en la figura del premiado. La propia ceremonia terminó imponiendo su gravedad cultural sobre cualquier ruido accesorio.
Gonzalo Celorio y el puente cultural entre México y España
En su discurso, Felipe VI subrayó que “al otorgar a Gonzalo Celorio la más alta distinción de nuestras letras, no solo honramos la excelencia de una trayectoria personal, sino también su lugar destacado en la vasta y diversa literatura hispánica”. El monarca destacó además la capacidad de la obra del autor mexicano para fortalecer los lazos culturales entre España y América Latina a través de una lengua compartida.
Nacido en Ciudad de México en 1948, Gonzalo Celorio es considerado una de las voces más sólidas y elegantes de la literatura mexicana contemporánea. Doctor en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México, ha desarrollado durante décadas una intensa labor como escritor, profesor universitario, ensayista y gestor cultural.
Su trayectoria académica y literaria resulta especialmente extensa. Ha sido profesor desde 1974 en la UNAM, director de la Facultad de Filosofía y Letras, coordinador de Difusión Cultural y director general del Fondo de Cultura Económica entre 2000 y 2002. También ocupó la dirección de la Academia Mexicana de la Lengua entre 2019 y 2023, además de mantener una estrecha relación con la Real Academia Española como miembro correspondiente.
Entre sus novelas más reconocidas figuran Amor propio, Y retiemble en sus centros la tierra, Tres lindas cubanas y El metal y la escoria. En el ámbito ensayístico destacan obras como México, ciudad de papel, Ensayo de contraconquista o Cánones subversivos.
El jurado del Cervantes elogió especialmente “su voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva”, capaz de explorar temas como la memoria, la identidad, la educación sentimental y la condición humana mientras retrata al mismo tiempo las transformaciones culturales y sociales del México contemporáneo.
Visiblemente emocionado, Celorio recogió el galardón, séptimo Cervantes para un escritor mexicano tras Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso, y reivindicó durante su intervención la profunda conexión histórica entre ambos países. “La nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y la cultura españolas”, afirmó en uno de los momentos más aplaudidos de la mañana.
Una ciudad entregada a los libros y a su identidad cervantina
La ceremonia concluyó con la interpretación del Gaudeamus Igitur por parte del Coro de la Universidad de Alcalá, poniendo fin a una mañana cargada de simbolismo académico y cultural. Afuera, mientras tanto, la ciudad seguía latiendo alrededor de los libros.
La Plaza de Cervantes acoge estos días la 43ª edición de la Feria del Libro, convertida en uno de los principales focos culturales del programa organizado en torno al 23 de abril. Casetas repletas de novedades editoriales, firmas de autores, actividades infantiles y miles de visitantes han devuelto un intenso ambiente cultural al corazón de la ciudad.
La reciente reapertura de más del 95 % de la plaza tras las obras de remodelación también ha contribuido a recuperar plenamente este espacio emblemático para vecinos y turistas. Presentaciones literarias, cuentacuentos, talleres y actividades culturales se suceden además en bibliotecas, centros culturales y otros espacios municipales durante varias semanas. Judith Piquet animó finalmente a vecinos y visitantes a participar activamente en la programación y a disfrutar “de una jornada que pone en valor la grandeza de Alcalá de Henares de la mano de su vecino más universal”.
Y quizá ahí resida el verdadero sentido de esta semana grande alcalaína. Más allá de discursos oficiales, fotografías institucionales y pequeñas pullas políticas inevitables, la ciudad vuelve a mirarse cada 23 de abril en el espejo de Cervantes para reivindicar su condición de capital literaria del mundo hispánico. Un orgullo identitario que, al menos durante unas horas, consigue que Alcalá parezca volver a ocupar el centro simbólico de la cultura en español.























