HAZ EL AMOR, NO LA GUERRA | Por Pilar Blasco

La escritora y licenciada en Literatura Española Pilar Blasco firma esta tribuna en la que reflexiona con tono crítico e irónico sobre el uso político de consignas como “No a la guerra” o “Haz el amor”. A partir de esas frases convertidas en lema gubernamental, la autora cuestiona la deriva discursiva del poder, el alcance del llamado delito de odio y el clima de autocensura que, a su juicio, podría instalarse en la sociedad española.

Fotocomposición de Pedro Enrqiue Andarelli
  • Blasco ironiza sobre los lemas de Sánchez y alerta del riesgo de convertir el delito de odio en instrumento político.

En una semana nuestro presidente Sánchez ha esgrimido con el orgullo legítimo del que (cree) que ha inventado grandes sofismas para la historia, dos mensajes, lemas, máximas, frases para la posteridad. La semana pasada el ochentero No a la guerra, ayer el sesentero haz el amor. Este último como introducción al cuerpo de la noticia, el anuncio  de un nuevo delito, el  de odio, evangélicamente convertido en boca del líder supremo en ausencia de amor o algo así. El que por nuestro bien y el de todos, especialmente de las redes sociales, hay que castigar. Sustituir el odio por el amor. Qué bonito y qué bueno, el beatífico mensaje y el presidente del gobierno español, los dos.

Si digo que su desfachatez no tiene limites ¿me denunciarán y me procesarán por ello? Lo digo sin pizca de odio. Es un pensamiento lógico si se tienen en cuenta las circunstancias que rodean el discurso, lo que llaman contexto. Yo y mis circunstancias, que dijo aquel. Me explicaré para que se entiendan mis afirmaciones fruto de profunda reflexión y análisis a lo largo del tiempo y trayectoria del gobierno de Pedro Sánchez, su historial y el de su partido. Para ello no sólo me baso en mis pensamientos derivados de la observación de la realidad, para lo cual prescindo en este caso de mi acostumbrado espíritu crítico. Sino que me acompaño de argumentos de autoridad de gentes más ilustradas y autorizadas que yo. Véase analistas económicos, especialistas en política y geopolítica, entendidos psicosociólogos observadores de la realidad de nuestro país y del mundo, periodistas objetivos y gente así.

Puede que esas personas tan ilustres y formadas tengan, a la hora de expresarse las mismas dudas que yo: -¿Estaré incurriendo en delito de odio o de hodio? Y en ese caso, qué haré para convertir mi odio en amor. Peor, ese pensamiento y actitud son propias del cristianismo… Qué hacer, esa doctrina antisistema repudiada en los premios Goya con el aplauso de los fieles de Pedro; me puede comprometer en el futuro, en mi trabajo, en mis relaciones sociales, incluso en mi familia. A esos temores de supervivencia se añade la incertidumbre de hasta dónde llegarán las penas punitivas del delito de hodio/odio. Serán solamente cancelación en las redes o incluirán multas pecuniarias, en efectivo o con tarjeta. Me inclino por esto último en la línea recaudatoria extractiva sin piedad del gobierno. Sin descartar la petición de cárcel ejemplarizante. Así empezaron algunos gobiernos del planeta, ejemplarizando al personal por el bien de todos y todas.

No acaban aquí mis elucubraciones, me quita el sueño el carácter retroactivo del citado delito odiador, virtual o presencial. Teniendo en cuenta que los efectos del crimen pueden llegar al presente, incluso al futuro, hasta dónde y cuándo revisarán los censores de la moral imperante los improperios, orales y escritos, imágenes, memes, videos, emoticonos, gifts y demás indicios de delito que he puesto en el pasado en Facebook, youtube, whatsapp, tiktok, etc. He visto que la poli del régimen saca de la nube o de no se sabe dónde, los más recónditos mensajes supuestamente borrados y desaparecidos. Que hay archivos secretos donde se almacena la información de todo quisque, bueno o malo, por si acaso.

Lo más sensato, seguir el consejo del amado líder, convertir el hodio en hamor sin connotaciones, de forma aséptica, objetiva, en el futuro emplear la autorrepresión en nuestras expresiones de rechazo, manifestaciones de repulsión, náuseas, aversión, ganas de estrangular, de escupir, de mentarle la familia, de hacer ciertas necesidades fisiológicas encima, etc., al adversario político si se estás al otro lado del muro. Caso diferente es que te sitúes en el lado correcto de la historia, en esa trinchera “sí se puede”.

En cuanto a la guerra, más o menos.

¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a nuestro canal de telegram @alcalahoy para estar al tanto de nuestras noticias.

1 Comentario

  1. En todos sus comentarios lo único que veo es que rezuma nada más que odio Sra.Pilar.
    Como es posible que siempre vea la paja en el ojo ajeno, y no vea la viga en el suyo propio.

  2. Leyendo sus comentarios Sra.Pilar, observo que siempre rezuman odio hacia un sector determinado de la población.
    Deberíamos ofrecer el mismo respeto a los demás, que el que exigiriamos para nosotros mismos.

  3. «Sentimiento profundo e intenso de aversión, rechazo o enemistad hacia una persona, cosa o idea, que conlleva el deseo de su mal o destrucción» Es una definición del Odio que se me ha venido a la cabeza leyendo este panfleto, digo artículo.
    La definición del AMOR no se la escribo, Pilar, solo le deseo que la conozca.

Comentar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.