Alcalá vuelve a mirar al ‘hospitalillo’ por sus 543 años de cuidados

El Hospital de Antezana ha celebrado su 543 aniversario con una ceremonia en la iglesia de la institución. El acto, con presencia de la alcaldesa Judith Piquet, ha reconocido a colaboradores, mecenas y profesionales sanitarios, además de estrechar lazos con el Hospital de la Santa Resurrección de Utrera. La jornada ha recordado los cinco siglos desde la llegada de Íñigo de Loyola a Alcalá y el legado asistencial, universitario y humano de este histórico hospitalillo.

Foto de Myriam Trujillo
  • Premios para la restauración, la atención a mayores, el Jardín del Boticario, Enfermería del Príncipe de Asturias y el hospital de Utrera.
  • Crónica gráfica de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

El Ayuntamiento de Alcalá de Henares, encabezado por la alcaldesa, Judith Piquet, ha participado este lunes en el acto conmemorativo del 543 aniversario de la Fundación Antezana, celebrado en la iglesia del histórico hospital de la calle Mayor. La ceremonia ha reunido a representantes municipales, universitarios, sanitarios y eclesiásticos, y ha servido para reconocer a personas e instituciones que sostienen, desde distintos ámbitos, una casa que lleva más de cinco siglos haciendo de la atención a los demás su razón de ser.

 

En el centro de la celebración estuvo una idea: la historia del Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia se cuenta, sobre todo, por quienes encontraron allí cuidados, compañía y una puerta abierta. Así lo expresó Asensio Esteban Vallejo, presidente de la Fundación Antezana, al recordar que la casa ha atravesado epidemias, guerras y cambios en la forma de entender la enfermedad sin renunciar a cuidar a quien lo necesita.

El acto tuvo además una doble resonancia histórica: los 543 años de la fundación que Luis de Antezana e Isabel de Guzmán pusieron en marcha en octubre de 1483 y el quinto centenario de la llegada a Alcalá de Íñigo de Loyola, que en 1526 encontró alojamiento en el hospital y compaginó sus estudios con tareas en la cocina y la enfermería.

Entre los asistentes se encontraban Piquet, el rector de la Universidad de Alcalá, Carmelo García Pérez; el obispo de la diócesis complutense, Antonio Prieto Lucena; y el gerente del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, Mario García Gil, además de concejales de la Corporación, representantes de entidades y asociaciones locales y miembros de la Fundación. La alcaldesa felicitó a las personas e instituciones distinguidas y reivindicó el papel del Antezana como “una institución indispensable en el paisaje monumental, social y cultural” de la ciudad.


Una casa abierta desde 1483

La historia comenzó cuando Luis de Antezana e Isabel de Guzmán decidieron destinar sus bienes y su propia casa a atender a personas enfermas y pobres. Según recordó Esteban, los fundadores cedieron para ese fin la parte principal de su palacio y reservaron para sí una zona más modesta. “Hicieron sitio en su propia vida para quienes necesitaban ayuda”, resumió el presidente, trasladando el gesto fundacional desde la cronología hasta su significado cotidiano.

Con servicio asistencial en el mismo emplazamiento, la Fundación lo define como el hospital más antiguo del mundo hispanohablante que mantiene esa continuidad. Pero el aniversario no celebró una pieza detenida en una vitrina. Esteban habló de residentes, familias y profesionales, y de las tareas que seguirían al terminar la ceremonia: preparar una comida, administrar una medicina o mantener una conversación pendiente.

Esteban recordó también a los patronos fallecidos Carlos Pérez y Javier Huerta. Su intervención se extendió a quienes sostienen la institución desde lugares menos visibles: médicos, enfermeras, cuidadoras y trabajadores, pero también quienes preparan alimentos, limpian habitaciones o acompañan una noche difícil. Muchos no aparecen en las páginas más conocidas de la historia del hospital, aunque su trabajo ha permitido que siga abierto.

Ángela Flores Delgado recibió el nombramiento de Colaboradora de Honor por su trabajo de conservación y restauración de parte del patrimonio de la Fundación. La presentadora subrayó, ante la imagen de Nuestra Señora de la Misericordia que preside la capilla, que la talla luce hoy más hermosa gracias a sus manos. Flores agradeció la confianza y recordó las facilidades que le ofrecieron para trasladar allí su taller y trabajar con sus herramientas y laboratorio.

María de la Sierra Ferreruela fue reconocida también como Colaboradora de Honor por su compromiso y por hacer posible que la Fundación cuente con un cuadro de la Virgen del Val. No pudo asistir y Flores recogió el título en su nombre. La imagen, vinculada a la tradición complutense, forma parte del patrimonio que pueden contemplar residentes y visitantes.

María José Ramos recibió la distinción de Mecenas por su dedicación a la atención sanitaria en la residencia de mayores. La directora del centro, Natalia Bizzoso Mesa, le entregó el título. Ramos agradeció a la Fundación, al patronato y al personal, y resumió su experiencia como médica: trabajar allí es un honor por el cariño y la cercanía de quienes forman parte de la institución.

También fue nombrada Mecenas Manuela Plasencia Cano, por su colaboración en la creación del Jardín del Boticario. Farmacéutica, dijo sentir fascinación por una institución dedicada desde hace 543 años a atender a personas vulnerables. Recordó a Melchor de Salazar, primer boticario del hospital, y la organización de plantas y materias primas para elaborar medicamentos. Recibió el reconocimiento como una invitación a seguir colaborando con el jardín y la Fundación.


La enfermería, de María de Murga a hoy

El Premio María de Murga a la labor sanitaria recayó en el Cuerpo de Enfermería del Hospital Universitario Príncipe de Asturias. El galardón recupera el nombre de una enfermera vinculada a la institución en el siglo XVI. Lo recogió María Ángeles Gómez González, directora de Enfermería del Príncipe de Asturias, en nombre de sus compañeros.

Gómez destacó el significado de recibir en Alcalá un premio con el nombre de una enfermera de su historia. Recordó también a María Martínez e Isabel González y reivindicó unos cuidados que requieren conocimiento, responsabilidad y respeto por la intimidad. Puso en valor la evolución de la enfermería actual, con atención domiciliaria, cuidados especializados e investigación, sin olvidar la dimensión humana: escuchar, acompañar y proteger la dignidad de la persona enferma.

La alcaldesa se sumó a ese reconocimiento con una referencia a la vulnerabilidad que se siente al llegar al hospital. Agradeció a las enfermeras su profesionalidad, su amabilidad y esos gestos —una palabra, una sonrisa o una mano tendida— que pueden aliviar el dolor y el miedo de pacientes y familias. El rector Carmelo García también situó el premio en la relación histórica entre la Universidad de Alcalá y el Antezana: desde el siglo XVI, el hospital sirvió como espacio de prácticas médicas y formación, en una ciudad donde el estudio se vinculó pronto con la asistencia.

La Fundación considera al Antezana el primer hospital universitario de España. Su vínculo con la Universidad se expresó en figuras como Fernando de Mena, médico, catedrático y prioste, y en una enseñanza que reunió práctica y atención. García Pérez recordó que conservar esta historia exige investigarla y acercarla a nuevas generaciones: la memoria incluye tanto a quienes buscaron refugio como a quienes les atendieron.


Dos hospitales unidos por una misma vocación

La Mención Especial Fernando de Mena fue para la Fundación Hospital de la Santa Resurrección de Utrera, en Sevilla. La recogió su gerente, Sara Pérez de Danclares, quien habló de la hermandad entre dos instituciones que, pese a nacer en ciudades distintas, comparten una misma razón de ser: acoger, asistir y ofrecer esperanza. El premio toma el nombre de Fernando de Mena, médico de Felipe II, catedrático de la Universidad de Alcalá y responsable del Antezana en el siglo XVI.

Pérez de Danclares señaló que la tarea no consiste solo en conservar edificios y archivos, sino en mantener vivo el propósito que los originó. Añadió que la Fundación de Utrera trabaja con el Hospital de la Santa Caridad de Sevilla para impulsar una red de hospitales históricos españoles, compartir experiencias y reivindicar su lugar en la memoria colectiva.

El presidente de la Fundación Antezana expresó su felicitación fraterna a la entidad sevillana y destacó la responsabilidad compartida de recibir un legado y entregarlo vivo a quienes vengan después. Piquet, por su parte, describió el reconocimiento como el comienzo de un vínculo de futuro entre dos hospitales centenarios. También reivindicó el trabajo de la Fundación alcalaína en la recuperación del edificio y de sus obras, en el desarrollo del Museo de la Medicina del Siglo de Oro, el jardín y el archivo, y en la difusión de la estancia de Ignacio de Loyola.

El quinto centenario de la llegada de Íñigo a Alcalá planeó sobre las intervenciones. En 1526, el futuro fundador de la Compañía de Jesús llegó a la ciudad para estudiar y se alojó en el hospital, donde colaboró en la cocina y la enfermería. El obispo Antonio Prieto Lucena señaló que aquella experiencia acercó a Ignacio al servicio concreto a los demás. El rector la definió como una invitación a pensar en el encuentro entre aprender y servir: la formación adquiere sentido pleno cuando ayuda a comprender las necesidades ajenas y a responder a ellas.

Al cerrar el acto, Piquet describió el Antezana como una institución que canaliza su herencia para enriquecer una ciudad moderna y profundamente humana. Quedó una imagen menos protocolaria: una casa donde el pasado no termina en la fecha de fundación, porque al apagarse las luces seguirá alguien cuidando a un residente o manteniendo abierta la puerta que Luis de Antezana e Isabel de Guzmán abrieron hace 543 años.

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