La crisis del PSOE de Alcalá no se tapa con “buenas prácticas” | Por Pedro Enrique Andarelli

La situación interna del PSOE de Alcalá continúa sin despejarse cuatro meses después de la dimisión de Javier Rodríguez Palacios como secretario general. La prolongación de la Comisión Gestora, la incertidumbre sobre las futuras primarias y algunas imágenes recientes han reabierto el debate sobre el rumbo de una de las agrupaciones socialistas más importantes de la Comunidad de Madrid. Una reflexión necesaria cuando el calendario político empieza a mirar ya hacia las elecciones municipales de 2027.

Cristina González interviene en la Jornada de Buenas Prácticas Socialistas celebrada el 6 de junio en Madrid. Foto del PSOE-M
  • La prolongación de la gestora y la ausencia de primarias mantienen abierto un debate que trasciende al propio PSOE alcalaíno.
Pedro Enrque Andarelli, Director de ALCALÁ HOY

El pasado sábado 6 de junio, mientras en el Distrito III de Alcalá arrancaban sus fiestas —las primeras de una larga temporada que se extenderá hasta mayo de 2027—, un puñado de concejales y militantes socialistas locales estuvieron en el barrio compartiendo ambiente con los vecinos y dando el callo. Otros, en cambio, brillaron por su ausencia. María Aranguren, Diana Díaz del Pozo y Rosa Gorgues optaron por asistir a la Jornada de Buenas Prácticas Socialistas convocada por el PSOE de Madrid.  Tambien acudió el concejal alcalaíno Alberto Blázquez. Javier Rodríguez Palacios, por su parte, decidió que aquel era un buen fin de semana para tomarse un descanso.

Asistir a este tipo de jornadas siendo concejal o concejala es perfectamente legítimo y hasta recomendable. Sirven para formarse, intercambiar experiencias y mantener contacto con la dirección regional. Nadie puede reprocharlo. El problema aparece cuando esa agenda coincide con las primeras fiestas de distrito del ciclo político que desembocará en 2027 y, además, con una agrupación local que sigue sin resolver sus propios problemas internos. Ahí la fotografía empieza a resultar incómoda.

Ese mismo sábado, en la sede regional socialista, se hablaba de gestión municipal, participación y experiencias de éxito. Sobre el papel, todo impecable. Cuesta, sin embargo, no esbozar una sonrisa al comprobar que, mientras en Madrid se intercambian recetas sobre buenas prácticas, en Alcalá la práctica más consolidada parece ser la de prolongar indefinidamente una situación provisional. La Comisión Gestora que preside Cristina González cumplió el pasado 4 de junio noventa días de existencia y todo apunta a que celebrará también su particular aniversario trimestral. Lo provisional, a veces, corre el riesgo de convertirse en costumbre.

Solo unos días antes, el ministro Félix Bolaños restaba importancia desde Luxemburgo a las voces críticas que reclaman un congreso extraordinario en el PSOE. “Una reunión de 100 personas en un partido con 150.000 militantes tiene la importancia que tiene”, vino a decir. También recordó que el partido resuelve sus liderazgos mediante primarias y que, llegado el momento, cualquiera podrá presentarse.

El mensaje federal es tranquilizador. En Alcalá, sin embargo, sigue sonando lejano. Las primarias permanecen envueltas en niebla, la gestora suma kilómetros y el calendario avanza con la misma indiferencia con la que avanzan las agujas de un reloj averiado. Todos saben que el tiempo pasa, pero nadie parece tener demasiada prisa por ponerlo en hora.

La gestora nació tras la dimisión de Javier Rodríguez Palacios como secretario general en febrero. Aquel conflicto interno, que ya analizamos en estas páginas el pasado 15 de marzo bajo el título La crisis del PSOE de Alcalá no se tapa con una manta, continúa sin cerrarse. Sigue pendiente de resolución el expediente disciplinario abierto al concejal y exsecretario de Organización Enrique Nogués. Mientras tanto, el sector continuista y el que defiende una renovación más profunda parecen haberse instalado en una prudencia extrema que, vista desde fuera, se parece demasiado a la parálisis. Unos continúan gestionando los tiempos; otros esperan su oportunidad sin terminar de dar el paso que muchos militantes reclaman.

No escribo esto desde ningún fervor partidista ni desde ninguna animadversión política. Lo hago porque sigo creyendo que lo que es bueno para el PSOE de Alcalá es bueno para Alcalá, esté en el gobierno o en la oposición. Una organización socialista fuerte, democrática y conectada con la calle mejora la calidad del debate público, fiscaliza mejor al gobierno municipal y ofrece una alternativa creíble. Una organización atrapada en una interinidad permanente solo contribuye a empobrecer la vida política de la ciudad.

Las “buenas prácticas” que se debatían en Madrid son útiles y necesarias. Nadie lo discute. Pero quizá la primera de todas debería ser la más elemental: normalizar la vida interna del partido. La militancia de Alcalá tiene derecho a elegir sus órganos de dirección y a decidir quién quiere que encabece su proyecto político. Sin atajos, sin aplazamientos indefinidos y sin la sensación de que las decisiones importantes siempre quedan para más adelante.

El próximo 27 de junio se celebrará un Consejo Federal del PSOE en el que, entre otras cuestiones, se abordará el asunto de las primarias. Sería un momento razonable para que la dirección regional mirase también hacia Alcalá y aclarase de una vez el horizonte interno de una de las agrupaciones más importantes de la Comunidad de Madrid.

Nadie pone en duda el trabajo de los concejales y militantes que sí estuvieron en las fiestas del Distrito III, especialmente aquellos que llevan meses recorriendo los barrios y manteniendo contacto directo con los vecinos. Pero cuando parte de los referentes del sector continuista priorizan otras agendas y el sector renovador sigue sin terminar de articular una alternativa visible, la imagen que se transmite es la de una organización atrapada entre la espera y la incertidumbre.

El socialismo alcalaíno se juega en los próximos meses una parte importante de su futuro político de cara a 2027. Y los partidos pueden sobrevivir durante un tiempo a las derrotas, a los malos resultados e incluso a los liderazgos discutidos. Lo que suelen llevar peor son las salas de espera interminables. Alcalá necesita un PSOE que salga del cuarto de observación, resuelva sus debates y vuelva a caminar por su propio pie. Porque las mantas sirven para pasar una noche fría. Cuando una crisis dura meses, lo que hace falta ya no es una manta: es una solución.

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