Los profesores que no se jubilan: 83 mayores mantienen viva la universidad de la experiencia en Alcalá

La Casa de los Lizana ha acogido el homenaje del Ayuntamiento de Alcalá de Henares a los 83 profesores voluntarios que durante este curso han impartido actividades de forma altruista en los centros municipales de mayores. Manualidades, idiomas, lectura, senderismo, música o baile forman parte de una programación que suma 41 propuestas y que convierte la experiencia, los conocimientos y el compromiso de estos vecinos en una valiosa herramienta de convivencia, aprendizaje y participación social.

Foto del Ayuntamiento
  • El Ayuntamiento reconoce la labor altruista de los voluntarios que imparten 41 actividades en los centros municipales de mayores y convierten el aprendizaje en una herramienta contra la soledad.
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La experiencia no se guarda en un cajón cuando llega la jubilación. Tampoco se archiva junto a los años de trabajo, los títulos o los recuerdos de una vida. En Alcalá de Henares, decenas de personas mayores han decidido seguir compartiendo todo ese conocimiento con los demás. Lo hacen de forma desinteresada, dedicando parte de su tiempo a enseñar, acompañar y crear vínculos en los Centros Municipales de Mayores.

La Casa de los Lizana acogió este miércoles un acto de reconocimiento a los 83 monitores voluntarios que durante el curso han impartido actividades formativas y culturales en los ocho centros municipales de mayores de la ciudad. Una labor silenciosa pero fundamental que permite mantener viva una programación que va mucho más allá del entretenimiento y que se ha convertido en un espacio de encuentro, aprendizaje y convivencia para cientos de usuarios.


Aprender, compartir y acompañar

La alcaldesa, Judith Piquet, presidió el acto acompañada por la concejala de Mayores y Participación Ciudadana, Esther de Andrés, así como por el teniente de alcalde Gustavo Severien, el concejal Víctor Cobo y otros miembros de la Corporación municipal.

Durante el homenaje, cada uno de los voluntarios recibió un diploma acreditativo y una agenda como recuerdo de un curso marcado por la implicación y el compromiso. Pero el verdadero reconocimiento estaba en las palabras de agradecimiento dirigidas a quienes dedican su tiempo a los demás sin esperar nada a cambio.

Piquet destacó que siempre es necesario reconocer a quienes ponen sus conocimientos y capacidades al servicio de la comunidad. «Siempre hay que ser agradecidos con los que se entregan a los demás, sin más recompensa ni contraprestación que la satisfacción de poder enseñar algo nuevo a los que le rodean, descubrirles nuevas pasiones o simplemente enriquecer su tiempo con buena compañía y amistad», señaló.

La alcaldesa recordó que la labor de estos profesores voluntarios va mucho más allá de transmitir conocimientos. «A eso justamente os dedicáis vosotros en los ocho centros de mayores de nuestra ciudad, a transmitir saberes, pero también empatía y cariño», afirmó, subrayando que la ciudad tiene una deuda de gratitud con quienes contribuyen a mejorar la vida de tantas personas.


Mucho más que talleres

Las cifras ayudan a entender la dimensión de esta iniciativa. Durante el curso se han desarrollado un total de 41 actividades organizadas gracias a la participación de estos voluntarios.

La oferta abarca disciplinas muy diversas. Desde manualidades, dibujo y pintura, confección y bordado hasta música, senderismo, ajedrez, lectura, técnicas de relajación o escritura creativa. Actividades que permiten mantener la mente activa, fomentar la creatividad y, sobre todo, favorecer las relaciones sociales.

A esta programación se han incorporado además nuevas propuestas que han ampliado las posibilidades de participación. Entre ellas figuran talleres de papiroflexia en el Centro Ana María Matute, ganchillo en Gil de Andrade, bolillos en Reyes Católicos, sevillanas y francés en Campo del Ángel, bailes latinos en Cervantes, manualidades en Manuel Azaña, francés en El Val o un club de lectura en María Zambrano.

Detrás de cada actividad hay una historia personal. Personas que un día decidieron que los conocimientos acumulados durante toda una vida podían seguir siendo útiles para otros. Vecinos y vecinas que convierten aficiones, profesiones o habilidades adquiridas con los años en herramientas para seguir aprendiendo juntos.


El valor de la experiencia

La concejala Esther de Andrés quiso poner precisamente el acento en ese aspecto. Durante su intervención agradeció el compromiso demostrado por los voluntarios y destacó la importancia social de su labor.

«Vosotros nos recordáis la importancia de valores esenciales como la solidaridad, la entrega y el servicio a los demás. Sois un ejemplo para todos. Un ejemplo de que la experiencia acumulada durante toda una vida tiene un valor inmenso cuando se pone a disposición de la comunidad», afirmó.

No es una frase retórica. En una sociedad que a menudo identifica el envejecimiento con la pérdida de actividad, los centros de mayores demuestran cada día que la experiencia sigue siendo una fuente de riqueza colectiva. Los voluntarios no solo enseñan una técnica, un idioma o una afición; también generan espacios de encuentro que ayudan a combatir el aislamiento y fortalecen el tejido social.

La propia evolución de la programación es una muestra de ello. Los talleres se adaptan a las demandas de los usuarios, incorporan nuevas propuestas y mantienen una participación constante gracias al trabajo de quienes los hacen posibles.


Una red de convivencia en los ocho centros

El acto concluyó con la intervención de tres profesoras voluntarias Salud Gómez, Mercedes López y María Dolores Puntero,  que tomaron la palabra en representación del conjunto de monitores.

Su presencia simbolizó el espíritu de un programa que se sostiene gracias a la implicación de decenas de personas mayores que continúan ejerciendo un papel activo en la vida de la ciudad. Entre ellas figuran también miembros de las juntas directivas de los centros municipales, que colaboran de forma permanente en la organización de actividades y proyectos.

Más allá de los diplomas, los aplausos y las fotografías de grupo, el homenaje sirvió para poner nombre y rostro a una realidad que a menudo pasa desapercibida: la de quienes han decidido convertir la experiencia en un bien compartido.

Porque en los centros de mayores de Alcalá no solo se aprende a bailar sevillanas, a jugar al ajedrez o a realizar trabajos manuales. También se aprende algo quizá más importante: que la edad no es un límite para seguir enseñando, aprendiendo y construyendo comunidad. Y que la mejor manera de conservar el conocimiento es compartirlo.

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