Cuatro mujeres, cuatro destinos y una rebelde llamada Marcela: el TIA regresa al Hospitalillo

Hay personajes que envejecen mal y otros que siguen llevando siglos por delante de su tiempo. Este sábado 6 de junio, el Teatro Independiente Alcalaíno regresará al patio mudéjar del Hospital de Antezana con Mujeres imaginadas en tiempos de Cervantes, una propuesta que rescata cuatro historias femeninas del Siglo de Oro para recordar que, mientras algunos se empeñaban en decidir por ellas, otras ya soñaban con decidir su propio destino.

Foto remitida por T.I.A.
  • El TIA vuelve al Hospitalillo con cuatro relatos femeninos donde matrimonios, ambiciones y ansias de libertad desafían las reglas del Siglo.
  • Texto remitido por Azpilicueta y afinado entre bambalinas por Andarelli. Cartel del TIA y fotografías de Ialvamar y Baldo.

Hay compañías que representan obras. Y luego está el Teatro Independiente Alcalaíno (TIA), que desde hace décadas hace algo más complicado: mantener viva una forma de entender el teatro como encuentro, como memoria y como conversación con el público. Este sábado 6 de junio volverá a demostrarlo en uno de esos escenarios que parecen hechos a medida para el Siglo de Oro: el patio mudéjar del Hospital de Antezana.

Allí, entre ladrillos centenarios, galerías silenciosas y la sombra amable de la historia, llegará una nueva cita del ciclo de colaboración entre la Fundación Antezana y el TIA. Y lo hará con una propuesta que pone el foco en quienes casi siempre ocuparon un segundo plano en los libros de la época: las mujeres.

La representación, titulada Mujeres imaginadas en tiempos de Cervantes, podrá verse en dos pases, a las 19:30 y a las 20:45 horas. Se trata de una versión abreviada del montaje que la compañía alcalaína lleva años revisitando y enriqueciendo, siempre con ese equilibrio entre rigor histórico, sensibilidad contemporánea y cercanía al espectador.

Porque conviene recordar que, en tiempos de Cervantes, las mujeres tenían poco margen para elegir. La libertad era un lujo reservado a muy pocas y el futuro solía escribirse con la misma tinta que decidían padres, maridos o las estrictas convenciones sociales de la época. De esa realidad parte el espectáculo, introducido por un texto del profesor Francisco Peña que sirve de puerta de entrada a un universo donde ellas son las auténticas protagonistas.

La primera parada será Blanca, basada en el entremesillo La casada de Luis Alonso. Una historia que nos recuerda que durante siglos el matrimonio fue menos una cuestión de amor que una operación familiar cuidadosamente planificada. Lo de elegir pareja por afinidad estaba bastante menos extendido que elegirla por conveniencia.

Después llegarán las Mujeres de El Toboso, inspiradas en el entremés Las mozas de El Toboso. Aquí el foco se traslada al mundo rural, donde las oportunidades para las mujeres eran tan escasas que casi podían contarse con los dedos de una mano. Y sobraban dedos.

La tercera pieza, Juana, nos presenta a una mujer que ha conseguido prosperar económicamente y que aspira a abrirse camino en los círculos cortesanos. Como tantas veces en aquella España barroca, el ascensor social tenía una puerta de entrada bastante concreta: un matrimonio oportunamente elegido.

Y para cerrar el recorrido aparecerá Marcela, quizá el personaje más cervantino de todos los que desfilarán por el Hospitalillo. Basada en textos de Cervantes adaptados por Luis Alonso, la pastora Marcela sigue siendo, cuatro siglos después, una figura sorprendentemente moderna. Libre, independiente y poco dispuesta a aceptar que otros decidan por ella. Una mujer que probablemente habría causado el mismo revuelo en el siglo XVII que en algunas tertulias televisivas del XXI.

El montaje está dirigido por Luis Alonso, alma creativa de buena parte del repertorio histórico del TIA, quien además firma la música y las canciones que acompañan la representación. Sobre el escenario y tras bambalinas participará el amplio equipo de la compañía: actores, técnicos, responsables de vestuario, atrezo, iluminación y sonido, todos ellos integrantes de una formación que forma parte inseparable de la vida cultural complutense.

La elección del Hospital de Antezana no es casual. Pocos espacios de Alcalá dialogan tan bien con las historias del Siglo de Oro. Allí, donde los siglos parecen caminar despacio, las voces de Blanca, Juana, Marcela y las mujeres de El Toboso encontrarán un escenario perfecto para volver a preguntarnos cuánto ha cambiado el mundo y cuánto queda todavía por cambiar.

Y quizá esa sea la mayor virtud del teatro cuando está bien hecho: hablarnos del pasado para obligarnos a mirar el presente.

El sábado será una nueva oportunidad para comprobarlo. Bastará con acercarse al Hospitalillo, tomar asiento y dejar que las mujeres imaginadas de Cervantes vuelvan a cobrar vida durante un rato. El resto, como siempre ocurre con el TIA, lo pondrán la imaginación, el talento y esa obstinada costumbre de hacer teatro por amor al teatro.

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