Hay diplomas que acreditan conocimientos y otros que simbolizan algo más profundo: la curiosidad intacta de quienes siguen aprendiendo a cualquier edad. Cerca de 240 alumnos de la Escuela Municipal de Adultos de Alcalá de Henares recibieron este martes el reconocimiento a su participación en la XXVIII edición del curso ‘Alcalá Patrimonio de la Humanidad’, una iniciativa consolidada que cada año acerca a decenas de vecinos al pasado, el arte y la identidad de la ciudad complutense.
La entrega de diplomas tuvo lugar en un acto presidido por la concejala de Educación, Lola López, acompañada por el concejal de Cultura, Santiago Alonso, y el concejal de Patrimonio Histórico, Vicente Pérez. Un sencillo encuentro institucional que sirvió para poner el broche final a varios meses de formación, descubrimiento y paseos por algunos de los espacios más emblemáticos de Alcalá.
Porque este curso no se limita a las aulas. Su principal valor reside precisamente en combinar las explicaciones teóricas con la experiencia directa sobre el terreno. Durante las últimas semanas, los participantes han recorrido calles, plazas, edificios históricos y rincones patrimoniales acompañados por personal especializado de la Concejalía de Turismo, que les ha guiado en un viaje por más de dos mil años de historia.
Aprender la ciudad caminándola
Alcalá de Henares tiene una singularidad que pocas ciudades pueden exhibir: su condición de Ciudad Patrimonio de la Humanidad no es únicamente una etiqueta turística, sino una realidad que se descubre a cada paso. Desde la Universidad Cisneriana hasta las huellas de la antigua Complutum romana, pasando por conventos, iglesias, palacios y patios escondidos, la ciudad ofrece un auténtico libro de historia al aire libre.
Esa es precisamente la filosofía del curso. No se trata solo de memorizar fechas o nombres, sino de comprender cómo se ha construido la identidad de Alcalá a lo largo de los siglos. Los alumnos aprenden a mirar de otra manera espacios que forman parte de su vida cotidiana y que, en muchos casos, esconden episodios desconocidos incluso para quienes llevan décadas viviendo en la ciudad.
Muchos participantes llegan atraídos por la curiosidad. Otros buscan ampliar conocimientos adquiridos en ediciones anteriores. No faltan tampoco quienes consideran estas actividades una oportunidad para compartir experiencias, mantener una vida activa y seguir vinculados al aprendizaje permanente.
El programa se estructura en tres niveles diferenciados, una fórmula que permite adaptar los contenidos a los distintos grados de conocimiento del alumnado.
De esta manera, quienes se incorporan por primera vez pueden adquirir una visión general de la historia y el patrimonio alcalaíno, mientras que los alumnos más veteranos tienen la posibilidad de profundizar en aspectos concretos relacionados con la evolución urbana, la arquitectura, la arqueología o el legado cultural de la ciudad.
Una apuesta por la educación a lo largo de la vida
Este sistema escalonado ha contribuido a la continuidad de una iniciativa que alcanza ya su vigesimoctava edición y que se ha convertido en una de las actividades más consolidadas dentro de la oferta educativa municipal dirigida a personas adultas.
La elevada participación registrada este año, con cerca de 240 matriculados, confirma el interés que sigue despertando una propuesta que une formación, cultura y sentimiento de pertenencia.
En una época marcada por la inmediatez digital, cursos como este recuerdan el valor del aprendizaje pausado y del contacto directo con el patrimonio. También ponen de manifiesto el importante papel que desempeña la Escuela Municipal de Adultos como espacio de encuentro, conocimiento y desarrollo personal.
La entrega de diplomas cerró oficialmente una nueva edición, pero para muchos de sus alumnos supone más bien una etapa dentro de un proceso continuo. Porque conocer Alcalá es una tarea inagotable. Siempre queda una historia por descubrir, una calle que observar con otros ojos o un detalle arquitectónico que había pasado desapercibido.
Y quizá ahí resida el verdadero éxito de este curso: conseguir que quienes viven en Alcalá sigan sorprendiéndose de su propia ciudad. Una ciudad que, más de veinticinco años después de recibir el reconocimiento de la UNESCO, continúa encontrando en sus vecinos a sus mejores embajadores.

















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