El Pleno de mayo en Alcalá: pancartas, torres, autobuses y un PSOE bajo observación

El Pleno ordinario de mayo celebrado este martes en la Casa de los Lizana dejó una intensa sesión política marcada por las protestas de trabajadores municipales, los debates urbanísticos sobre la futura torre y la nueva estación de autobuses, el choque ideológico sobre inmigración y vivienda y las alusiones del PP a la crisis interna socialista. La adscripción oficial de Alba Ibáñez al Grupo Socialista y la sólida mayoría conjunta de PP y VOX terminaron de dibujar una mañana de alta temperatura política en Alcalá.

  • Protestas sindicales, urbanismo, inmigración y reproches al PSOE marcaron un Pleno donde PP y VOX volvieron a exhibir mayoría sólida.

El Pleno ordinario de mayo en Alcalá de Henares arrancó este martes en la Casa de los Lizana con un ambiente bastante menos burocrático de lo habitual. A las puertas, y después dentro del salón, esperaba una nutrida representación de trabajadores de la Brigada Municipal de Limpieza, molestos por la inclusión del servicio de limpieza de las escuelas infantiles en la nueva licitación externalizada. La tensión sindical terminó colándose desde el primer minuto en una sesión marcada también por el urbanismo, la inmigración, la vivienda pública y el eterno debate sobre si las cuentas municipales reflejan bonanza… o parálisis.

La sesión, celebrada de manera excepcional en la Casa de los Lizana por las obras del salón de plenos del Ayuntamiento, comenzó además con un gesto político especialmente simbólico para la bancada socialista. El Pleno oficializó la adscripción de Alba Ibáñez al Grupo Municipal Socialista tras haber tomado posesión de su acta ya el pasado mes de abril en sustitución de Blanca Ibarra.

Más allá del trámite administrativo, el movimiento volvió a situar inevitablemente el foco sobre la situación interna del PSOE complutense. La incorporación formal de la edil al grupo permitió a los socialistas ofrecer una imagen de mayor normalidad institucional en pleno contexto de debates internos, gestora y movimientos críticos dentro de la agrupación.

Durante distintos momentos del Pleno, unas veces desde la propia Alcaldía y otras desde concejales del PP, se deslizaron alusiones más o menos veladas a la situación de los socialistas alcalaínos, en un clima político especialmente condicionado además por el terremoto electoral andaluz del fin de semana. En algunos momentos el salón tuvo incluso cierto aroma de ajuste de cuentas político a pequeña escala, con el PP aprovechando cualquier grieta para recordar las dificultades internas del principal grupo de la oposición.

La fotografía del inicio del Pleno tenía así algo de cierre provisional de etapa. Mientras el gobierno PP-Vox afrontaba una sesión complicada por las protestas sindicales y varios debates espinosos, el PSOE intentaba transmitir cierta normalidad institucional recuperando cohesión visual dentro del salón.


Pancartas, protestas y advertencias desde la Presidencia

Pero antes de entrar en materia urbanística o económica, el protagonismo visual fue para los trabajadores municipales. Varias pancartas desplegadas por miembros de la Brigada de Limpieza obligaron incluso a intervenir a la alcaldesa Judith Piquet, que recriminó durante el propio Pleno que algunos carteles impedían seguir correctamente las intervenciones a través del streaming oficial.

La escena tuvo algo de metáfora política del momento: empleados públicos protestando por una posible privatización parcial del servicio, un gobierno defendiendo la reorganización administrativa y una oposición intentando capitalizar el conflicto social.

La cuestión no era menor. PSOE y Más Madrid llevaban precisamente una moción conjunta sobre los pliegos de las escuelas infantiles municipales, denunciando la externalización del servicio de limpieza y alertando de un posible deterioro del modelo público.

Fuera del salón, el ruido sindical ya venía caliente desde primera hora. Algunos trabajadores aseguraban haber recibido insultos o descalificaciones por parte de miembros del equipo de gobierno, extremo que elevó aún más la tensión ambiental durante buena parte de la mañana.

El cartel morado de “Volvemos a las calles” colocado por los sindicatos acabó funcionando casi como hilo conductor involuntario de la sesión. Porque el Pleno tuvo precisamente ese tono: menos administrativo de lo habitual y bastante más político y social.

Y mientras todo eso sucedía dentro del salón, desde la oficina de comunicación municipal se iban emitiendo prácticamente en directo notas y balances de los puntos aprobados por el equipo de gobierno, en una maquinaria informativa perfectamente engrasada que acompañaba el desarrollo de la sesión casi minuto a minuto. ¡Olé!


Urbanismo: la torre que volvió al centro del debate

Sin embargo, el primer gran choque político llegó en el bloque urbanístico. Y ahí el Pleno dejó claro que Alcalá sigue teniendo una relación casi emocional con su skyline. Los dictámenes relativos a modificaciones del PGOU y desarrollos urbanísticos, especialmente los vinculados a la UE-2A Puerta de Madrid, derivaron rápidamente hacia el debate sobre la construcción de una futura torre en la ciudad.

El gobierno defendió los cambios como ajustes técnicos necesarios dentro del desarrollo urbanístico previsto, mientras la oposición cuestionó tanto el modelo de ciudad como el impacto paisajístico y urbanístico de determinadas operaciones. La discusión mezcló conceptos técnicos, referencias al crecimiento de la ciudad y un trasfondo político evidente: el urbanismo vuelve a convertirse en uno de los grandes campos de batalla del mandato.

Porque en Alcalá, cada vez que aparece una torre en el horizonte, reaparecen también los fantasmas clásicos: especulación, modelo de crecimiento, movilidad, presión demográfica y protección patrimonial. Y eso se notó en los turnos de palabra. Aún más contestado resultó el Plan Especial de la nueva estación de autobuses interurbanos en la Vía Complutense, aprobado definitivamente durante la sesión.

El equipo de gobierno defendió la infraestructura como una actuación estratégica para modernizar el transporte y reorganizar uno de los principales accesos de movilidad de la ciudad. Pero los grupos de la oposición cuestionaron tanto aspectos urbanísticos como de movilidad y modelo de implantación. La nueva estación, largamente anunciada, sigue generando dudas sobre tráfico, integración urbana y afecciones en una zona ya especialmente tensionada.

Y como ocurrió prácticamente durante toda la mañana, los dictámenes acabaron saliendo adelante o rechazándose gracias a la aritmética perfectamente sincronizada del gobierno PP-Vox, que volvió a exhibir una mayoría sólida y disciplinada en las votaciones.


Severien presume de cifras y VOX se enzarza con Blázquez

El otro gran bloque político del Pleno llegó con la liquidación presupuestaria y el informe económico municipal. Ahí apareció Gustavo Severien ejerciendo de portavoz económico de un gobierno decidido a vender solvencia, estabilidad y buena gestión.

La exposición del Ejecutivo dibujó prácticamente un Ayuntamiento en modo “milagro económico”: cifras saneadas, estabilidad financiera y cumplimiento de objetivos. Un discurso pensado para trasladar imagen de control y solvencia en un contexto político nacional donde las cuentas públicas suelen convertirse en munición partidista. Pero la oposición encontró rápidamente el flanco débil del relato.

La pregunta que sobrevoló el debate, y que varios grupos formularon con distintos matices, fue tan sencilla como incómoda: si las cifras son tan positivas, ¿por qué no ha habido más propuestas de gasto e inversión visibles para la ciudadanía? El argumento opositor venía a resumirse así: ahorrar está bien, pero gobernar también consiste en ejecutar políticas públicas, acelerar inversiones y transformar la ciudad.

El debate dejó uno de los contrastes políticos más claros de la sesión. Para el gobierno, prudencia económica y estabilidad. Para la oposición, falta de iniciativa y exceso de autocomplacencia.

En medio de ese debate económico también apareció la discusión sobre el funcionamiento de la Ciudad Deportiva Municipal, con un intercambio especialmente vivo entre el portavoz de VOX y el siempre tedioso concejal socialista Alberto Blázquez, que volvió a asumir buena parte del protagonismo dialéctico de la bancada socialista.

El cruce dejó algunos de los momentos más tensos y teatrales de la mañana, con reproches sobre gestión, mantenimiento y funcionamiento de las instalaciones deportivas municipales. Y en medio, una sensación bastante reconocible en la política local: la de una ciudad que sigue esperando que muchos anuncios terminen convirtiéndose en obras, proyectos o servicios tangibles.


Inmigración, vivienda y una sesión ideológicamente muy marcada

Hasta ese momento, el Pleno había transitado fundamentalmente por el terreno de los dictámenes técnicos y de gestión: urbanismo, planificación, cuestiones económicas y modificaciones administrativas incluidas en el orden del día.

Pero la temperatura política cambió claramente al entrar en la parte de control y seguimiento. Ahí el debate abandonó parcialmente los informes, expedientes y desarrollos urbanísticos para entrar de lleno en el territorio ideológico.

Antes de las mociones de los grupos políticos, la Corporación abordó una Declaración Institucional con motivo del 12 de mayo, Día de la Fibromialgia, uno de esos momentos de consenso institucional que durante unos minutos rebajan el tono bronco habitual de la política municipal. Sin embargo, la tregua duró poco.

A partir de ahí comenzaron las mociones políticas y el Pleno volvió a demostrar hasta qué punto la política municipal se ha nacionalizado también en Alcalá de Henares. VOX llevó al salón una moción sobre “prioridad nacional” vinculada a inmigración, ayudas sociales y acceso a vivienda protegida, defendiendo restricciones, arraigo y preferencia nacional en el acceso a determinados recursos públicos.

El Partido Popular presentó otra iniciativa centrada en rechazar una posible regularización masiva de inmigrantes sin financiación ni planificación municipal, insistiendo en la presión que, según los populares, soportan ya los servicios públicos locales.

Por su parte, Más Madrid defendió propuestas sobre comedor escolar universal gratuito y el mantenimiento del comedero de cigüeñas, mientras el PSOE centró parte de sus iniciativas en igualdad, vivienda protegida permanente y defensa de los servicios públicos municipales. El contraste ideológico fue total.

En apenas unos minutos el Pleno pasó de debatir modificaciones del PGOU, estaciones de autobuses y liquidaciones presupuestarias a discutir inmigración, cohesión social, vivienda pública, ayudas sociales y derechos de ciudadanía.

Y nuevamente, en prácticamente todas las votaciones importantes, el bloque PP-Vox funcionó como una sola pieza parlamentaria, sacando adelante o tumbando iniciativas según el caso gracias a su mayoría conjunta.

El resultado está siendo una sesión donde, por momentos, parecía discutirse mucho más que la política local de Alcalá. Porque muchas de las intervenciones sonaban claramente conectadas con el debate político nacional que atraviesa actualmente España.

Mientras tanto, en la calle, y también dentro del salón, seguían las pancartas de los trabajadores municipales recordando que, más allá de los grandes discursos ideológicos, hay conflictos muy concretos que aterrizan cada mañana en la ciudad real.

Y quizá ahí está la verdadera fotografía política del Pleno de mayo: un gobierno defendiendo gestión y estabilidad, una oposición intentando conectar con el desgaste social y un PSOE  que sigue observándose a sí mismo  mientras soporta todavía el eco de sus turbulencias internas. Porque en Alcalá, incluso los plenos más técnicos terminan teniendo algo de termómetro político general. Y este martes la temperatura no fue precisamente baja.

 

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