- Campuzano analiza cómo la crisis con Irán y el debate sobre la guerra pueden reforzar a Sánchez y evidenciar la debilidad estratégica del PP.
- Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.
Después del “fenómeno Adamuz” y la peripecia investigadora de los secretarios de organización, pasando por la “extraña” familia, con intervención judicial de la interioridad del apellido Sánchez y sus derivados, sin olvidar el expediente mediático del fiscal general, después de todo ello, cuando todo parecía indicar que el camino se estrechaba hasta la iniquidad incorregible del presidente Sánchez y su gobierno como imposible disociación del mal, se ha producido la consecuencia beneficiosa de la potencial restauración del crédito perdido.
La causa se encuentra en el ataque de coautoría americana e israelí a la república islámica de Irán y su consecuente es la regeneración pública del jefe de gobierno de coalición. La recuperación de la noción buenista con la etiqueta woke, que parecía aherrojada definitivamente de la esfera de identidades ideológicas bien podría erigirse de nuevo como arma de objetivación de valores suficiente para la reactivación de la figura declinante de Sánchez.
La internacionalización de la dimensión política nacional ha menguado notablemente la capacidad doméstica de amplificación del ruido interno y resulta diluida la representación de los líderes habituales en los territorios en liza electoral de, por ejemplo, Castilla y León, a la espera de los resultados del domingo 15 y de la comparecencia en el Congreso del presidente de gobierno para la posición española en la guerra, porque bien pudiera ser que si se produce un acuerdo de cesión de ataques, más difícil de creer la rendición, el crecimiento de la imagen de Sánchez detuviera su tendencia y cesase el predominio de la esfera internacional entre las preocupaciones del concernido nacional.
Lo que parece cierto y fuera de discusión es el resultado de perdedor del Partido Popular en esta crisis en la que se dibujan claramente las figuras de Sánchez como adalid de la contestación a la idea dominante de la acción directa y la política de hechos consumados sobre la que la conformidad de la dirigencia de la Comisión Europea se adapta con apenas o ninguna oposición.
El aparentemente obsolescente y gastado “no a la guerra” se ha demostrado incólume a la derrota final por etimología y significación ya transcurridos veinte años de su elevación a la cima de la protesta espiritual y telúrica ante la deriva equivocada y trágica de una política global productora de daño a las vidas humanas. El PP nacional esquiva sin voz propia los acontecimientos y su obstinación en personalizar los errores del gobierno de coalición empaña la actuación necesaria de dirimir la crisis bélica, económica y humanitaria de los ataques de la administración americana de Trump con la ayuda de Israel.
No escapa a la dilución del problema que preocupa al ciudadano del mundo por centralizar su acción en clave nacional. Vox, contrariamente, cohonesta todo aquello que sale de la estrategia internacional de Trump, a su entender, para emparentarlo con el lado bueno de la historia que representa el presidente americano. La dibujada pinza censurada por el PP entre Vox y gobierno para el deterioro de la formación del PP aparece más que nunca como una cuestión colateral, impensada por Sánchez y Abascal, y sí en cambio se presenta como el resultado de una impericia del partido de Feijóo, con el líder gallego como principal sostén responsable de esta desviación analítica.
Feijóo comparece en la mayor parte de las ocasiones como el portador de conceptos muy líquidos en el juego de apoyos o rechazos de la impetuosa demostración de fuerza de los atacantes de Irán. Precisamente la firmeza de Sánchez en la defensa de la vía diplomática frente a la ambigüedad del gobierno europeo en la condena de la ofensiva unilateral de Trump-Netanyahu descubre una nueva faceta dentro de la amplitud de registros tácticos del político socialista. Si bien las habilidades de permanencia en el poder contra todo pronóstico se habían desarrollado en el ámbito nacional, la resolución con que afronta el desencuentro con la figura omnipotente del presidente americano proyecta un perfil que pudiera convencer a abstencionistas de convicción sobre la encomienda en buenas manos del actual presidente en la defensa de los intereses nacionales en trance de aspaviento y humillación.
Naturalmente que está por demostrar la fijeza de esta reacción potencial entre el electorado a la vista de este momento que puede ser efímero o aleatorio, pero el conservador y sentencioso Gilbert K. Chesterton parecía conocer este tipo de sentimiento, en “El hombre que fue Jueves”, “aquella espléndida pequeñez que hay siempre en el alma de los patriotismos locales”.


















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a






