- Tribuna de Miguel Ángel Bañuelos, delegado sindical de CPPM en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares
Conocí a Luís Antonio durante una mañana del año 2024, pocos días después de su ingreso en el cuerpo de la Policía complutense. Tengo que reconocer que en un principio me pareció una persona afable que, con su inconmensurable sonrisa y formas lisonjeras, pareciera que iba a arreglar con buenas maneras todos los problemas que venía arrastrando la Policía Local de este municipio
Es cierto también que se rumoreaban muchas fechorías de él tras su paso por la Policía de Torrejón, pero es cosa de uno no ser prejuicioso y dar siempre una oportunidad a la persona. Aunque el sujeto en cuestión hubiera presionado indirectamente y sin éxito a la central sindical de CPPM en Alcorcón, con el fin de restar apoyo a los delegados sindicales antes de tomar posesión del cargo en Alcalá.
Así que en un principio acepté el entendimiento con el Ex-Jefe de la Policía Local, en la búsqueda de un acuerdo con la corporación que solventara, de una manera definitiva, la falta de pago justo y en forma de los servicios extraordinarios que aún hoy sufren los policías locales del municipio.
Las dificultades con Luís Antonio empezaron a surgir, cuando éste comprobó que no aceptaría un acuerdo propuesto por el Equipo de Gobierno, en el que las cosas no quedaban perfectamente plasmadas negro sobre blanco. Ante la primera disensión, el Ex-Jefe de la Policía se mostró esquivo y me solicitó que le tratara de usted dentro de mis funciones de representante de los trabajadores, cuando hasta el momento la comunicación había sido completamente fluida y coloquial.
El trato empeoró cuando ante la falta de acuerdo, y en cumplimiento de la voluntad popular en asamblea general, desde el sindicato se decidió no realizar servicios extraordinarios durante las Ferias y Fiestas de San Bartolomé de 2024. Luís Antonio nunca aceptó la libre elección de la mayoría de la plantilla, demostrando su nula capacidad de intermediador y pareciendo que sólo buscara engordar el ego en la consecución de los objetivos marcados por el gobierno municipal.
Tras ese momento, el Ex-Jefe de la Policía Local separó a la plantilla entre pocos buenos y muchos malos, lo que aparentemente provocó que algunos tuvieran más privilegios y servicios extraordinarios que otros. Una situación que generó un cisma y el enfrentamiento entre compañeros, aunque a la postre las disponibilidades siguieran sin retribuirse en tiempo pese a la promesa realizada por Moreno.
Pero si esto no fuera poco, la relación entre Luís Antonio y mi persona se enrareció mayormente en la fatídica mañana del 18 de febrero de hace más de un largo año. Ese día, como delegado de personal por CPPM, me disponía a entrar en el pleno municipal con unos carteles de papel junto a otros delegados de UGT, CCOO, CSIF y CGT. El objeto era protestar de manera pacífica y calmada ante una corporación que se negaba a ampliar la exigua plantilla municipal, lo cual acaba afectando a los servicios públicos más elementales.
Pero para sorpresa mía, aquella mañana no pudimos acceder a la sesión plenaria porque varios compañeros nos impedían el paso bajo el pretexto de no poder entrar con letreros, aunque el reglamento del mismo pleno no lo reflejara. Y fue en ese momento cuando me vino a la cabeza como un déjà vu, los comentarios de los compañeros sindicalistas de Torrejón a los que no se les dejó adentrarse en un pleno de allá con denuncia aparejada. Todo, parece ser, por el mero hecho de acatar la orden de Luís Antonio.
Aún hoy recuerdo como ese día el Ex-Jefe de la Policía permanecía en la lejanía de los pasillos móvil en mano, mientras uno discutía con varios compañeros que se encontraban taponando la puerta de acceso al pleno. En un momento dado, decidí meterme en el salón entre los huecos que dejaban libres los agentes, lo que levantó el cabreo de un oficial y forzó la presencia de Luís Antonio que, sin uniforme y con ademanes más propios de la puerta de una discoteca, se enfrentó a todos los presentes de manera amenazante. La gravedad de los hechos llegaron a tal magnitud, que incluso el Ex-Jefe de la Policía ordenó a sus subordinados intervenir los carteles que los delegados habíamos entregado a la concejala y autoridad Rosa Romero, con el fin de introducirlos en el pleno y ser mostrados por los miembros de la oposición, lo que finalmente sucedió ante una ojiplática bancada gobernante.
Como es normal, el cabreo entre la oposición y la Junta de Personal-Comité era mayúsculo y la cosa acabó en denuncia penal por coacciones leves por parte de UGT, CCOO, CGT, Más Madrid y CPPM. Eso sí, a diferencia de en la villa vecina, la denuncia recayó en exclusividad sobre el Ex-Comisario Principal de Alcalá y no, por algo más que fortuna, sobre el oficial que tanto se enojó conmigo.
Meses más tarde, tras una concentración no autorizada contra el CAED tras la violación de una joven por una persona oriunda de Mali, los policías locales presentes se vieron envueltos en mitad de una refriega entre manifestantes y la UIP de Policía Nacional, por lo que el oficial antes mencionado decidió, ante la ausencia de Luís Antonio y unos protocolos al efecto, que los agentes a su mando se dotaran de escudos y cascos para garantizar su integridad física. Un hecho que con posterioridad produjo la injustificada ira del ausente Ex-Jefe de la Policía contra este oficial. Seguramente Luís Antonio debió ser reprendido después de una supuesta llamada de atención a los concejales de Vox en Alcalá, quién sabe si por negar una realidad previa.
Tras estos sucesos acaecidos, el Ex-Jefe de la Policía que no era capaz de asimilar el papel que el destino nos había deparado a cada uno, me exigió en mi puesto de trabajo bajo tono prepotente, que cada vez que le viera le saludase con la frase “a la orden mi Comisario Principal”, no sé si con la esperanza de que me molestase dar tal saludo reglamentario y más con el servicio militar cumplido. En cualquier caso me quedó claro, por las maneras altaneras de expresarse, que me había cogido ojeriza y que en cualquier momento podía acabar como ese compañero al que se le estaba sometiendo a lo que pareciera un acoso laboral, sólo por verter una opinión personal en un establecimiento de la zona centro.
En otra ocasión me acuerdo que me encontraba recogiendo firmas durante mi tiempo de descanso, dentro de una campaña promovida por la Junta/Comité para pedir más personal en el Ayuntamiento. Rápidamente el Ex-Comisario Principal de Alcalá fue avisado y ordenó que tomara las rúbricas utilizando mi crédito sindical. En otras palabras, en una época que se critica a los liberados sindicales, se me solicitó que cejara en las obligaciones laborales, aunque esto perjudicase al servicio público al ciudadano. Un hecho ininteligible.
Podría seguir citando vivencias como las mostradas más arriba, pero no creo que sea necesario seguir ahondando en una herida ya cerrada tras la marcha de Luís Antonio de la jefatura de la Policía de Alcalá. Hay que pasar página y centrarse en solventar los problemas que aún tiene el colectivo y que son muchos, ya sea mediante negociación racional, protestas o por resolución de los juzgados. En mi opinión, la falta de pragmatismo y humildad de Luís Antonio, le ha conducido a la situación actual en la que se encuentra inmerso, pero ya no afecta a nuestra Policía Local, aunque irremediablemente haya manchado su imagen por las noticias aparecidas.
Ahora bien, que piense esto no significa que tenga que renunciar a ser entrevistado por Ana Rosa en base a confundidos criterios corporativos, que en mi caso estarían menos justificados por todo lo que expongo más arriba. Según mi valoración, los sindicatos son un importante contrapeso en una sociedad democrática, siendo uno de sus deberes el de fiscalizar la labor de la administración para garantizar el buen funcionamiento de los servicios públicos. Igual que Jupol acude a los medios para ser preguntado por el Ex-DAO y otros comisarios, el delegado que suscribe seguirá haciendo lo mismo si le interroga el cuarto poder. Eso sí, siempre desde el escrupuloso respeto a la presunción de inocencia.
La amistad que unos pocos puedan tener con Luís Antonio, no puede impedir ver el grave daño de convivencia que ha originado en el interior de la plantilla durante su mandato, al margen de algún supuesto éxito operativo. Sin ir más lejos, el otro día se publicaba por este medio un artículo anónimo en el que se mezclaban hechos certeros con algunas incorrecciones, tales como, por ejemplo, presuponer que a un oficial le entregaran una medalla por tomar un café, cuando fue por una intervención en el río; así como insinuar ausencia de quehaceres por falta de GPS en algunos vehículos, cuando la cuestión reside realmente en la falta de transparencia y legalidad. Pero más allá de esto, lo que denota la aparición de este escrito, son los problemas creados en el colectivo por Luís Antonio y todos aquellos que apostaron por él para el puesto. Un hecho que no subrayo desde el rencor, sino desde el ánimo de generar una autocrítica que nos ayude a eliminar, de cara al futuro, cualquier tipo de comportamiento jactancioso y petulante.
De hecho, quiero ser positivo de cara al futuro en esta cuestión y espero que en los próximos meses, ante la llegada de una nueva jefatura, las aguas puedan volver a su cauce poco a poco y la Policía Local de Alcalá sea otra vez lo que nunca debió de dejar de ser. Y si no igual, al menos algo que se le parezca.

















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Hombre, Sr sindicalista, entiendo que el jefe sea malo malisimo, injusto y delincuente y maltratador y latiguero de la plantilla, pero incluso aunque sea un violador metido por enchufe, por favor, los trapos sucios lavarlos en casa, que al final por unos o por otros vais a parecer loca academia de policía, los hombres de paco, o lo que sería peor los hombres de Gines. Ser profesionales os pediríamos. Pongo un ejemplo:Tenéis enfrente de la comisaría un bar con sillas y mesas siempre en la calle día y noche y es donde muchos toman café. Parece raruno eso de hacer la vista gorda y desplegar lo que no se sabe contra un ciclista de globo en zona peatonal.