La casa olvidada de Daoíz y Velarde renace: 600.000 euros para salvar una joya de los años 30 en pleno corazón de Alcalá

La histórica calle Daoíz y Velarde, una de las arterias más reconocibles del casco urbano alcalaíno que arranca junto al O’Donnell, recuperará uno de sus edificios más emblemáticos. El Ayuntamiento invertirá cerca de 600.000 euros en reparar fachadas y cubiertas del inmueble municipal del número 28, vinculado a la antigua Fábrica de Harinas “La Esperanza”. La actuación busca frenar su deterioro estructural y preservar un conjunto de alto valor patrimonial e histórico.

Foto del Ayuntamiento
  • La rehabilitación consolidará un edificio de los años treinta, vacío desde su desalojo, dentro del entorno protegido del BIC industrial.
  • Fotos del Ayuntamiento

La calle Daoíz y Velarde, una de esas arterias del casco histórico que condensan memoria vecinal, arquitectura popular y vida cotidiana complutense desde hace generaciones, se prepara para recuperar uno de sus edificios más singulares. El Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha aprobado una inversión cercana a los 600.000 euros para reparar fachadas y cubiertas del inmueble municipal situado en el número 28, un conjunto residencial de los años treinta ligado a la antigua Fábrica de Harinas “La Esperanza” que lleva años vacío y en progresivo deterioro.

La intervención, financiada con cargo al Plan de Inversión Regional de la Comunidad de Madrid, pretende frenar el avanzado estado de degradación estructural del edificio y garantizar su conservación dentro del entorno protegido del Bien de Interés Cultural (BIC) de la antigua fábrica harinera, uno de los hitos del patrimonio industrial alcalaíno.


El concejal de Patrimonio Histórico, Vicente Pérez, ha subrayado la urgencia de la actuación: “Este edificio sufre un profundo deterioro debido a un problema estructural. Vamos a invertir unos 600.000 euros para evitar su progresivo deterioro y ruina y permitir salvar este bien patrimonial de nuestra ciudad”.

Durante años, el inmueble había albergado asociaciones y entidades locales, hasta que los problemas estructurales obligaron a su desalojo completo. Desde entonces, el abandono ha acelerado los daños.


Un inmueble herido por una grieta estructural

El diagnóstico técnico es claro y preocupante: una grieta vertical recorre el edificio de arriba abajo, afectando muros, forjados y cubierta. La fisura, consecuencia de un problema de cimentación, ha provocado filtraciones, humedades persistentes y deterioro de elementos constructivos.

El paso del tiempo sin uso ni mantenimiento ha agravado la situación. Ventanas selladas, interiores cerrados y ausencia de ventilación han generado un microclima húmedo que ha castigado revestimientos, carpinterías y acabados históricos.

La actuación prevista se centrará precisamente en las envolventes exteriores —fachadas y cubiertas—, las partes más expuestas y a la vez esenciales para estabilizar el edificio. El objetivo inmediato es consolidar la estructura y proteger el conjunto frente a la intemperie, deteniendo el proceso de ruina.

No se trata aún de una rehabilitación integral ni de la definición de usos futuros, pero sí del paso imprescindible para evitar la pérdida irreversible del inmueble.


Patrimonio industrial y vida doméstica de los años 30

El edificio de Daoíz y Velarde 28 no es una pieza aislada, sino parte de un conjunto histórico mayor: la antigua Fábrica de Harinas–Panificadora “La Esperanza”, uno de los complejos industriales más relevantes del Alcalá del primer tercio del siglo XX.

Construido a comienzos de la década de 1930 por el arquitecto Sergio Real, el inmueble se concibió como vivienda vinculada a la actividad de la fábrica. Su tipología responde a la arquitectura residencial de la época, con tres plantas sobre rasante y un refugio antiaéreo subterráneo, testimonio material de los años convulsos que siguieron a su construcción.

En su interior se conservan elementos de notable valor patrimonial, como pavimentos hidráulicos de diseños variados y vidrieras firmadas por la prestigiosa casa Maumejean, referencia de la vidriería artística en España durante el siglo XX. Estos detalles convierten el edificio en un ejemplo singular de la convivencia entre arquitectura industrial y doméstica en el Alcalá moderno.

El inmueble comparte parcela con la nave de molinos de la antigua fábrica, declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Interés Industrial, lo que sitúa a todo el conjunto dentro de un entorno de protección patrimonial. Cualquier actuación debe, por tanto, respetar criterios de conservación histórica.


Daoíz y Velarde: una calle con memoria colectiva

La intervención tiene además un valor simbólico añadido por su ubicación. Daoíz y Velarde no es una calle cualquiera: es uno de esos ejes tradicionales que conectan el centro histórico con barrios históricos como el entorno del Val, arrancando junto al O’Donnell y extendiéndose como corredor de vida cotidiana durante décadas.

Por sus aceras han convivido comercios de barrio, viviendas obreras, talleres y equipamientos vinculados al desarrollo industrial de Alcalá en el siglo XX. La presencia de la antigua harinera marcó el carácter laboral y popular de la zona, que aún hoy conserva una identidad urbana diferenciada dentro del casco histórico ampliado.

La degradación del edificio municipal llevaba años siendo percibida por vecinos y transeúntes como una herida abierta en el paisaje urbano de la calle. Fachadas envejecidas, señales de abandono y la ausencia de actividad contrastaban con la vitalidad del entorno.

La inversión municipal llega así también como un gesto de recuperación urbana en un tramo muy transitado y reconocible de la ciudad histórica.


Reactivación tras años de parálisis

Desde el Gobierno municipal se ha subrayado que el proyecto llevaba años sin avances. El concejal Vicente Pérez ha recordado que la rehabilitación quedó paralizada desde 2019 y ha vinculado su reactivación al actual mandato: “Gracias al esfuerzo del Gobierno liderado por Judith Piquet, nos hemos puesto en marcha la recuperación de este edificio con unas obras fundamentales para nuestro patrimonio”.

Más allá del debate político, lo cierto es que la intervención permitirá, por primera vez en años, frenar el deterioro de un inmueble catalogado y preparar el terreno para su futura reutilización.

Aunque el Ayuntamiento no ha definido aún el destino final del edificio, su uso previo como sede de asociaciones y entidades locales abre la puerta a que vuelva a desempeñar funciones sociales o culturales vinculadas al tejido vecinal.

En términos patrimoniales, la actuación supone también un paso en la conservación del conjunto de la antigua Fábrica de Harinas “La Esperanza”, cuya recuperación integral sigue siendo una de las asignaturas pendientes del patrimonio industrial complutense

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