El PP frente a Vox, una familia social descendente | Por Antonio Campuzano

El periodista Antonio Campuzano, patrono de la Fundación Diario Madrid, analiza en esta tribuna la creciente dependencia del PP respecto a Vox tras los últimos episodios en Extremadura y Aragón. Con mirada crítica y referencias culturales, examina el desgaste de la marca popular, el avance de la derecha reaccionaria y las tensiones internas que condicionan investiduras, pactos y el horizonte electoral de 2026. Un diagnóstico severo sobre liderazgo y estrategia en el bloque conservador español.

Fotocomposición IA de Pedro Enrique Andarelli
  • Campuzano sostiene que el PP normaliza a Vox y asume su agenda, debilitándose electoralmente y complicando gobernabilidad y pactos territoriales futuros.

 

  • Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.

“Se acabó la diversión, y en eso llegó el comandante y mandó a parar”. Bajo esta letra de la guaracha de Carlos Puebla parecen inspirados tanto Feijóo , de PP, como Abascal, o quizá Ignacio Garriga, con camiseta y dorsal del equipo de Vox, para detener el juego en pos de una racionalización de las reglas y su composición/descomposición, todo ello en beneficio de un alimento común que suponga la investidura de los gobiernos emanados de las citas electorales celebradas en Extremadura y Aragón.

Los ensayos con líneas de probeta electoral convocados por el PP en las dos comunidades hasta el momento no solo no han reparado nada en la cotización de la marca azul, sino que han mermado la distancia entre PP y Vox. Los mohínes y contrariedades de la dirigencia en las dos comunidades por no contar con el acuerdo de Vox para sus presupuestos y aprobación llevaron a la firma del decreto de convocatoria con la idea de esclarecer el panorama.

El resultado no ha sido el esperado, más bien el inesperado. La mayoría de comodidad no alcanza para la holganza estabilizadora sin el concurso del partido reaccionario, lo que supone un permanente dolor de cabeza para Guardiola, para Azcón, y para toda la planta de organización de la calle Génova, número 13. Los resultados de Vox rozan el 20 por ciento tan temido para el PP porque ese porcentaje roza la esgrima sentimental del votante de derechas y las dudas entre una elección y otra al ser representado por uno u otro partido en sus sensibilidades y mundo pragmático e interior.

A partir del 20 por cierto todo es posible en subsiguientes comicios y el movimiento pendular de la vuelta a la tortilla puede estar servido y las preferencias nominales pueden ser Abascal en lugar de Feijóo en cualquier momento de la historia. Esto, naturalmente, tiene mejor narrativa si sale de las meninges de Vox que si lo hace del origen PP, que mientras el mundo sea de interpretación cocina PP las proyecciones en la factoría de los sueños electorales de Vox habitan siempre lugares imaginarios.

El 33 por ciento frente al 12 por ciento, para PP y para Vox por ese orden salido de las urnas el 23 J de 2023, ahora enmendado y aumentado por las consultas autonómicas recientes, coloca al PP en lo que dice con finura Tom Wolfe, padre del nuevo periodismo, en El reino del lenguaje (Anagrama), para describir la venida a menos: “familia con movilidad social descendente”. Feijóo y la dirección nacional parecen transpirar el contencioso extremeño como algo demasiado serio como para dejarlo en manos de María Guardiola, cuyos pasos en relación a Vox parecen dictados por el deleite de la contradicción.

Lo que es martillo un día, al siguiente se convierte en yunque con la inestimable colaboración de OK Diario, que presta su medio digital para el desahogo de la presidenta de Extremadura en legitimidad periodística. La rubia electa con más votos que nadie va de su “corazón a sus asuntos” con Vox de por medio, pero en terminología de boxeo los de Abascal dominan el centro geométrico del escenario de negociaciones. Imperativo para ideología de género, inmigración, caza, pesca y otras áreas de descanso, etc, pero planteado con etiqueta innegociable por los reaccionarios.

El cambio operado por Génova para resetear la negociación de investidura, con intento de formación de paquete en que se englobe Extremadura y Aragón, parece embridar la actuación desde la dirección central con Guardiola en papel de figurante. Es decir, se parece mucho a una imposición de Madrid sobre Mérida y con una garantía inconsútil de acuerdo sin fisuras, para lo que ha sido necesario prescindir de la voz cantante de María Guardiola. Pero resulta imposible dar por hecha la conformidad de la actual primera mandataria en funciones a una solución al margen de imagen y semejanza en modo de proceder sobre, ante y por Extremadura, con la presidenta en papel necesariamente protagonista.

Si la investidura extremeña no es tal y se acelera la posibilidad de repetición electoral, el procedimiento de adelanto de comicios autonómicos de marca PP se convertiría en un arma tentacular en todo el año 2026 que añadiría un plus de incertidumbre a todo el tablero político con beneficiados no solamente en los caladeros de Vox, sino también en cualquier formación salvo el Partido Popular, enredado en un artefacto que afecta a cuatro territorios con los que van a producirse transbordos entre etapas de negociación de investiduras con interdependencia entre unas y otras en pleno proceso electoral. Extremadura todavía no ha dicho su última palabra y se impone lo escrito por el vecino Fernando Pessoa, en su gigante Libro del desasosiego, “no he tenido convicciones, he tenido siempre impresiones”.

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