- Matías Escalera Cordero es profesor, activista social y escritor.
En septiembre de 2025, publicamos en ALCALÁ HOY una carta provocadora firmada por Matías Escalera Cordero titulada “El premio de las Artes y las Letras de la patria de Cervantes para Kiko Rivera”, en la que denunciaba con ironía el rumbo cultural del Ayuntamiento y cuestionaba la arbitrariedad de determinados galardones.
Hoy, el mismo autor regresa con una misiva que eleva la crítica: analiza, con sarcasmo y acidez, la ceremonia en la que Carlos Herrera recibió el premio de Artes y Letras de Alcalá, uno de los episodios más recientes de lo que él considera desprecio cultural institucional. Esta carta no es un mero reproche puntual: forma parte de una serie, una reflexión sostenida sobre cómo se utilizan (o malutilizan) los símbolos culturales de la ciudad.
‘Para una tontería así que sea algo rápido’, eso es lo que debió de pensar el famoso locutor de radio, Carlos Herrera, al decidir desplazarse a Alcalá, el pasado día 9 de octubre, para recibir el premio de las artes y de las letras de la ciudad de Cervantes, de manos de su alcaldesa, Judith (me niego a manchar el apellido de su abuelo) y de su concejal de cultura, Santiago Alonso (por Dios, lo que me cuesta, también, juntar palabras como Judith, Santiago y Carlos, con el apellido de don Miguel; pero estamos en los tiempos en los que estamos: solo pensar en el IQ de quien dirige los destinos de la Comunidad de Madrid da friolera).
Me imagino la conversación… ‘Oye, Alcaldesa, que tengo cosas más importantes que hacer ese día, tienes que cambiar la hora o envío al de El Cascabel a por eso del premio…’ ‘Pero, Carlos, por favor, que es un acto muy importante para nosotros y ya está todo previsto para las ocho, y lo más granado del PP de Madrid está ya avisado’, contestaría, alarmada, nuestra impar alcaldesa… ‘Bien, esto es lo que hay, Alcaldesa, me ha surgido un compromiso mucho más importante…’ (que una chorrada de premio, como este, iba a añadir, don Carlos, pero eso se lo calló). ‘¡Qué contrariedad!…’, protesta débilmente nuestra edil… ‘Puede ir mi hombre de 13TV, él sabe hacer estas cosas muy bien…’ ‘Bueno, Carlos, no nos pongamos en lo peor, cambiaremos la hora; a qué hora te vendría bien…’, le preguntaría, Judith… ‘A las cinco de la tarde y algo rapidito, estaría bien…’ ‘¿A las cinco de la tarde…?’ (pero si es la hora de la siesta, querría haber objetado, nuestra alcaldesa, pero se lo calló, también…) ‘las cinco o va mi amiguete…’ ‘Nooo, a las cinco estaremos allí…’ ‘Y que sea algo rapidito, ¿eh?’, añade el locutor de radio… ‘Ya, pero no sé si van a poder venir todos los del PP de Madrid que he invitado, seguro que alguno vendrá…’
En fin, después del esperpento ocurrido en la entrega al locutor de radio del premio de las artes y las letras de la ciudad de Cervantes, a la hora de la siesta del señalado día, para qué ir nosotros, a la entrada del teatro, a solicitar el próximo premio para el bueno de Paquirrín, tal y como habíamos pensado unos amigos y yo… ¡Si el meme y el chiste son ellos mismos!… Y su chusco ridículo no lo hubiéramos podido superar nosotros (desgraciadamente, pienso, para mí, con un profundo pesar, del que solo el humor y el sarcasmo me alivian un poco).
Y, mientras escribo esto, me vienen a la mente la ácida y fina ironía del auténtico Cervantes, no del fantoche que esgrimen unos y otros, para aprovecharse de él; o considero la mala hostia y la rabia que vierte Quevedo, o la frustración inconsolable de un Jovellanos o de un Moratín, o la bilis negra de Larra y la risa torcida de Blanco White, o la desesperación expresionista de Valle y de sus esperpentos, y me pregunto, en este 12 de octubre de 2025, ¿pero aún están, ahí, los gigantes y los malandrines que nos han torturado y mantenido en la oscuridad durante siglos…? ¿Es que, después de tanto tiempo y de tanto dolor provocado, no se han movido ni un centímetro de su torva ignorancia y de su estulticia…?
¡Paquirrín, en serio, ven a salvarnos de toda esta inmundicia con tu risa y tus maneras de limpio pícaro de la tele!…
Tras su irónica carta sobre el imaginario “premio a Kiko Rivera”, el escritor complutense Matías Escalera Cordero vuelve a la carga con una nueva reflexión sarcástica sobre la deriva cultural del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. En esta ocasión, toma como punto de partida la entrega del Premio de las Artes y las Letras a Carlos Herrera para denunciar, entre la ironía y la indignación, la banalización del legado cervantino ***
















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