Un sueño hecho realidad junto a la Capilla del Oidor | Por Vicente Fernández

Lo que para Vicente Fernández iba a ser un itinerario más por las calles de Alcalá se transformó, sin que él lo supiera, en un homenaje sorpresa. Amigos, familiares y hasta el mismísimo “don Miguel de Cervantes” se reunieron junto a la Capilla del Oidor para agradecerle, con emoción y humor cervantino, toda una vida dedicada a divulgar la historia y el alma de la ciudad.

ChatGPT Plus Vicente Fernández durante su homenaje junto a la Capilla del Oidor
  • “Gracias, queridos amigos, por vuestro cariño”, un emotivo relato de Vicente Fernández sobre el homenaje sorpresa vivido junto a la Capilla del Oidor.

El pasado domingo 5 de octubre me sucedió una de esas cosas que es casi como un sueño, del que todavía me está costando despertar.

Vicente Fernández durante su homenaje junto a la Capilla del Oidor

Habitualmente, el primer domingo de cada mes, cuando tenemos el Itinerario por Alcalá, suelo llegar a la Plaza, si no el primero, entre los primeros, a eso de las 10:10 o 10:15, con la idea de probar el equipo de sonido. Pero ese día, al llegar, me sorprendieron varias cosas: por un lado, delante del quiosco de la música, tanto de pie como sentados en los bancos, había bastante más gente de lo habitual. Vi también a amigos que no suelo ver en los itinerarios, a algunos grupos, como el de mis compañeros exescolapios,  más numerosos de lo normal, y también estaba mi familia, incluida Inés, mi sobrina-nieta con su añito recién cumplido, y varios de mis primos de Madrid. El grupo, que de por sí suele ser grande, esta vez era demasiado grande, pero tampoco reparé en más.

Anuncié que tenía ya la Lotería de Navidad que cada año hacemos en la Escalera Monumental de las Escolapias para continuar el proceso de restauración. Me senté en un banco, y por allí fueron pasando bastantes personas.

El final de la venta coincidió con las 10:30, y, como siempre, al compás de la hora del reloj del Ayuntamiento, agarré el micrófono y comencé a hablar sobre lo especial que era este itinerario dedicado al más célebre de nuestros paisanos. En esto estaba cuando, entre la multitud, se abrió paso el mismísimo don Miguel de Cervantes dirigiéndose a mí y solicitándome el micrófono.

En principio pensé que Miguel Ángel Simal Cervantes había tenido la ocurrencia, nada descabellada en él,  de disfrazarse y unirse al itinerario con la idea de ir haciendo algunas breves escenas cervantinas como complemento de las explicaciones… eso pensaba yo.

Pero una vez con la sartén por el mango, o sea, con el micrófono en la mano, perdí la dirección del Itinerario y fue don Miguel quien la tomó, dirigiéndonos a todos a la plazoleta de la Capilla del Oidor. Y fue ahí donde caí en la cuenta de que se trataba de algo muy distinto a la idea que yo me había hecho en principio.

Así, mientras Pilar Plaza iba situando al público, don Miguel Ángel Cervantes me hizo subir a la parte algo más elevada del antiguo ábside de la iglesia, y ahí comenzó el relato. De pronto me vi pillado: me habían organizado en absoluto secreto un homenaje del que yo era completamente desconocedor. Como lo habían guardado todos en secreto, no me había llegado ni un rumor.

Don Miguel Ángel Cervantes me alabó y echó flores que recibí lo mejor que pude. Luego llamó al poeta José Clavero, que recitó una poesía que había escrito especialmente para mí. Yo no podía salir de mi asombro, pero, como luego comprobé, esto no era sino el aperitivo.

A continuación, llamó a mi cuñado Carlos, que de nuevo me echó aún más flores, y anunció que el coro Di Core, del que mi hermana Cecilia y él son miembros,  me iba a dedicar una canción. ¡Toma! Y lo hicieron. En esos momentos la emoción era grande y las lágrimas estaban a punto de brotar, pero quedaba más…

Don Miguel llamó a Rosa Carmona, y ahí aún me fue más difícil contenerme, porque ella me conoce muy bien, e hizo un amplio relato de mis “méritos”. Bueno, qué le íbamos a hacer…

Y no terminó ahí la cosa. Resulta que había varios regalos, ¡y qué regalos!

Del maestro Peridis, don José María Pérez, recibí una viñeta dibujada especialmente para este acto y para mí, acompañado de Cervantes. Me quedé sin palabras… Sus facultades le hacían complicado acercarse hasta Alcalá, pero estar, estuvo, y de qué manera.

Luego, un libro encuadernado con las dedicatorias, fotografías y dibujos de un montón de amigos, que todavía no he podido leer detenidamente —tan solo ojear—, pero que ya tengo en mi corazón, y para siempre.

Y para rematar, don Miguel me preguntó:
—¿Vicente, a dónde te gustaría viajar?
—A Irlanda —le respondí sin lugar a dudas.
—Pues hemos recogido una donación de 10 € de muchos amigos tuyos para que, cuando quieras, te vayas de viaje a Irlanda. Aquí la tienes.

A estas alturas de la película yo ya no salía de mi asombro, y sobre todo de mi emoción, porque verme ahí, en un lugar tan emblemático de nuestra ciudad, rodeado de amigos, de ovación en ovación, es algo que ya para siempre guardaré en mi corazón.

Y al final, después de no haberme dejado hablar en media hora larga, que en mi caso ya es decir, don Miguel me pasó el micrófono, y con él en la mano di las gracias a todos los presentes por su cariño. Desde aquí también se la doy a los no presentes que me han hecho llegar sus felicitaciones, entre ellas la del director de este medio.

Agradecí especialmente que este homenaje se me haya hecho en vida. Si ellos piensan que me lo merezco, ¿quién soy yo para desmentirles? Como dijo aquel sabio que fue Winston Churchill: “Los galardones hay que aceptarlos, guardarlos y nunca alardear de ellos”. Haremos caso al bueno de don Winston.

Como les comenté a los presentes, me alegro de que haya sido en vida, porque en palabras cervantinas “a burro muerto, la cebada al rabo…”. Y es bien cierto que muchos reconocimientos públicos se hacen cuando el homenajeado ya no está presente. También los reconocimientos indican que el que los recibe es ya un “veterano joven”; de hecho, en unos días cumplo los del año “erótico”: 69.

Les conté unas cuantas cosas de esas que suelo contar, y mi firme convicción de que no hago nada especial: hago lo que creo que debo hacer. Creo en la redistribución de la riqueza “porque todos somos hijos de Dios”, aunque una mayoría de los que acumulan mucho dinero no suelen compartir algo de esos bienes. En mi caso, de dinero no puedo decir mucho; de conocimientos, algo más, y me parece de justicia, y correcto, compartirlos con mis semejantes que estén interesados en ellos.

Les hablé también de cómo se había producido ese milagro matinal de que don Miguel pudiese incluso manejar su mano izquierda, tullida como la tenía… Así que, con un ligero retraso, comenzamos el más especial de los itinerarios del primer domingo del mes por Alcalá, en uno de los días más especiales de mi vida.

Y como postre, después de tomarnos algo un grupo de amigos, nos fuimos a La Dulce Harley, junto a la Puerta de Madrid, a disfrutar del formidable concierto del grupo MayRock con la voz de Carmen Perulero al frente de la banda.

¡¡¡Qué día tan hermoso!!!

Muchas gracias, Rosa y Miguel Ángel, urdidores de aqueste hermoso embrollo, y muchas gracias de todo corazón, amigos.

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