Rosario Flores hizo vibrar las Murallas con su “Universo de Ley”

Con un público entregado que coreó cada uno de sus temas, Rosario Flores volvió a Alcalá de Henares el jueves 28 de agosto con su gira Universo de Ley. La artista, hija de Lola Flores y Antonio González “El Pescaílla”, desplegó fuerza, carisma y emoción en el ciclo de conciertos de la Huerta del Obispo, repasando clásicos de su carrera y rindiendo homenaje a su familia y a su hermano Antonio.

  • La cantante celebró 33 años de carrera con un concierto vibrante y lleno de emoción en la Huerta del Obispo.

Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

Con un público entregado coreando cada tema, Rosario demostró que su música forma parte de nuestro patrimonio sentimental. La artista, hija de Lola Flores y Antonio González “El Pescaílla”, regresó a Alcalá de Henares el jueves 28 de agosto tras no poder participar en el ciclo en 2016 por motivos de agenda, y lo hizo por primera vez dentro de las Murallas, desplegando fuerza, carisma y emoción con su gira Universo de Ley.

La noche del jueves 28 de agosto quedará grabada en la memoria de quienes acudieron al recinto amurallado de la Huerta del Obispo. Allí, bajo las estrellas y rodeada de la historia complutense, Rosario Flores salió al escenario para reivindicar su sitio en la música española y demostrar que, a sus 61 años, sigue siendo pura energía, pura pasión y pura estirpe de los Flores.

La gira Universo de Ley hace referencia a su emblemático disco De Ley (1992), con el que conquistó a toda una generación y que todavía hoy es un referente. Y precisamente esa fue la columna vertebral del concierto: un repaso a esos clásicos que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones.

El arranque no pudo ser más contundente: Mi gato puso en pie al público desde el primer minuto, seguida de Como me las maravillaría yo, ese guiño eterno a su madre, la inolvidable Lola Flores. Apenas había comenzado el espectáculo y ya se respiraba la emoción de una velada especial, con miles de voces coreando cada verso.

El tercer tema fue el esperado De Ley, bandera de toda una época, mientras que en el cuarto llegó el turno de su padre Antonio González, “El Pescaílla”, que de alguna manera descendió al escenario alcalaíno con Al son del tambor. La rumba catalana prendió como un fuego y convirtió la Huerta del Obispo en una fiesta.


Un viaje por los clásicos y el legado familiar

El concierto avanzó entre los temas que han marcado sus 33 años de carrera y los homenajes a su familia, esa dinastía irrepetible que lleva décadas marcando la música popular española. Rosario no olvida de dónde viene, y cada acorde, cada movimiento sobre el escenario, recordaba inevitablemente a Lola, a Antonio y a Antonio Flores.

Temas como Sabor sabor, Yo me niego, La gaviota o Gloria a ti fueron sonando uno tras otro, siempre con una puesta en escena vibrante, con músicos, coristas y bailaores entregados a la causa. El público, rendido, acompañaba con palmas y coros, disfrutando de cada cambio de ritmo, de cada guiño flamenco, de cada rumbita con sabor a sur. Tampoco faltó un dueto virtual con Sebastián Yatra que vino como sorpresa con el tema Como quieres que te quiera».

Rosario sabe rodearse bien, y eso se notó en una banda sólida y cómplice, en la presencia de coristas como Chonchi Heredia y Mayte Pizarro, o en el brío de bailaores como José Carmona “Rapico” y Juan José Villar. Además, su hijo Pedro Antonio Lazaga la acompañó a la guitarra y la percusión, reforzando la sensación de familia sobre las tablas.

Llegado el momento acústico, con Siento o Quiero cantar, la velada se tiñó de intimidad. La artista supo bajar las pulsaciones y dejar espacio a la emoción pura, esa que tantas veces ha caracterizado su trayectoria.

Y como no podía ser de otro modo, Rosario también tuvo un recuerdo sentido para su hermano Antonio Flores, fallecido en 1995. El final del concierto se reservó para su legado con No dudaría, un himno intergeneracional que puso los pelos de punta a todo el recinto, coreado a una sola voz con el momento linterna iluminando el cielo complutense.


Una artista comprometida y en plena forma

Rosario no solo es música, también es mensaje. Durante el concierto, lanzó un deseo de paz en el planeta, dedicó palabras emocionadas a los niños de Gaza y a su hermano Antonio, y agradeció a Alcalá su calor y fidelidad. “Gracias, Alcalá, por sentirme aquí”, dijo en uno de los momentos más aplaudidos.

La artista conmemoraba, además, sus 33 años de carrera. Más de tres décadas de oficio que han dado para todo: éxitos incontestables, premios Grammy Latinos, colaboraciones con artistas internacionales y un lugar privilegiado en la historia del pop y el flamenco. Pocos artistas que vivieron su edad de oro en los años 90 siguen resistiendo con tanta frescura el paso del tiempo, porque además demostró estar en forma. Tuvo cuatro cambios de vestuario, tres de ellos brilli-brilli y uno negro que resaltaban esas piernas bien torneadas con las que una y otra vez deleitó al respetable con su característico movimiento vibrante.

La entrega fue total: seis músicos, dos coristas, dos bailaores y una artista que no conoce medias tintas. Rosario saltó, bailó, sonrió y emocionó, conectando con un público que se entregó de principio a fin. “Una monstrua”, parafrasenado a la gran Rosario cuando se refiere a los concursantes de La Voz, el jueves la monstrua fue ella.

El bis, con Te quiero, te quiero de Nino Bravo, se convirtió en toda una declaración de amor recíproca entre artista y público. Y ya con No dudaría, cerró una noche que fue puro sentimiento, puro arte y pura vida.

Rosario Flores volvió a Alcalá de Henares nueve años después de su última cita frustrada en 2016 por compromisos televisivos. Y lo hizo con un concierto que, pese a reunir menos público que en sus años de mayor esplendor, dejó claro que sigue siendo una de las grandes voces y presencias de la música española.

La hija de Lola Flores y Antonio González “El Pescaílla” es, por derecho propio, heredera de una estirpe irrepetible. Y el jueves 28 de agosto, en la Huerta del Obispo, volvió a recordarnos que la esencia de los Flores no se apaga nunca.

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