Mirar a lo lejos, parpadear y actividades al aire libre, consejos para luchar contra los efectos nocivos del uso prolongado de pantallas

La Covid-19 ha cambiado la forma de relacionarnos con el entorno de tal manera que el teletrabajo, el consumo de plataformas audiovisuales y la aceleración de la digitalización en espacios como la docencia se ha venido a quedar. Esto, sin duda, ha tenido numerosas consecuencias, entre ellas, la fatiga visual.

  • Francisco José Muñoz, catedrático de la Universidad de Alcalá en el departamento de Cirugía, Ciencias Médicas y Sociales, señala los perjuicios y posibles consecuencias de estar tantas horas conectados a los dispositivos tecnológicos.

La Covid-19 ha cambiado la forma de relacionarnos con el entorno de tal manera que el teletrabajo, el consumo de plataformas audiovisuales y la aceleración de la digitalización en espacios como la docencia se ha venido a quedar. A principios de 2021, los datos de la red notificaron un aumento de los datos móviles, de las llamadas y el uso de banda ancha fija debido a las necesidades de la población que permanece en casa para desempeñar su labor diaria, lo cual provoca que los individuos miren constantemente una u otra pantalla, ya sea el móvil, el portátil, la televisión o la tablet. Esto, sin duda, ha tenido numerosas consecuencias, entre ellas, la fatiga visual.

Francisco José Muñoz Negrete, catedrático de la Universidad de Alcalá en el departamento de Cirugía, Ciencias Médicas y Sociales, señala que la fatiga visual se aprecia cuando se produce alguno de estos síntomas que pueden agruparse en tres niveles: molestias oculares, que describe como sensación de cuerpo extraño, picor, quemazón, lagrimeo, ojo seco y enrojecimiento de la conjuntiva, que provoca la necesidad de frotarse los ojos; también, los trastornos visuales, como la visión borrosa; y los trastornos extraoculares, que pueden provocar cefaleas o molestias en la columna vertebral.

Desde el contacto con los seres queridos hasta la compra del supermercado o la lectura de apuntes pasaron por lo digital, ya que en el contexto del estado de alarma a causa de la alerta sanitaria había restricción de movimiento. No obstante, las pautas de conducta se siguen manteniendo al observar las últimas encuestas del Instituto Nacional de Estadística (INE), donde se señala que más del 82% de las personas navegan a diario en internet y la presencia de teléfonos móviles en los hogares españoles es del 99,5%.

La aceleración de la digitalización ha provocado una dependencia aún mayor de las pantallas, así que hay que poner la vista en guardia. «Se le ha venido a llamar ‘miopía de la cuarentena’ puesto que, aunque la duración ha sido limitada, se ha impulsado la dependencia de dispositivos digitales. Esto representa un mayor trabajo en visión próxima y una reducción de actividades al aire libre, se ha asociado con un incremento en la incidencia y progresión de la miopía». El especialista en oftalmología apunta que «no hay ningún límite preciso del uso de pantallas», pero sí que recomienda una serie de pautas para relajar la vista.

Algunas pautas para cuidar nuestros ojos

«En caso de uso prolongado es necesario tener intervalos de descanso en los que se dirija la mirada hacia objetos lejanos, lo que permite relajar la acomodación y reducir las molestias visuales», indica el facultativo, «como orientación puede seguirse la conocida regla 20-20-20: asegurarse de mirar objetos situados a unos 6 metros, cada 20 minutos y durante, al menos, 20 segundos». Mirar por la ventana y buscar los puntos más lejanos o dirigir la vista a lo largo del pasillo son trucos que ayudarán.

El segundo consejo consiste en parpadear con frecuencia debido a que cada pestañeo restablece la película lagrimal, recubre la córnea y la conjuntiva, protegiéndose del contacto con el exterior: «Es frecuente que al estar muy concentrados en la lectura mantengamos los ojos abiertos por periodos prolongados, lo que determina que la película lagrimal se evapore y se produzcan síntomas de sequedad ocular, como sensación de cuerpo extraño, enrojecimiento y visión borrosa».

El experto subraya el sedentarismo como un hábito alarmante que ha afectado irremediablemente tanto mental como físicamente a las personas, en especial a las generaciones más mayores. Por tanto, hay que contrarrestar el pasar tanto tiempo sentado de alguna manera. «Dentro de los mecanismos que regulan el crecimiento del globo ocular se ha visto que el tiempo que se realizan actividades al aire libre influye positivamente frenando el desarrollo de la miopía. El mecanismo no es completamente conocido, aunque parecen influir el espectro cromático de la luz visible natural, la relajación de la acomodación con la visión a distancia y el ritmo circadiano. Por todo ello, es esencial incrementar las actividades al aire libre, como deporte o paseos, especialmente durante el día», explica Francisco José Muñoz.

El catedrático adelanta que para la prevención y lucha de esta fatiga visual se utiliza en la actualidad el uso de colirio de atropina diluida que bloquea y relaja la acomodación y el uso de lentes de contacto especiales (ortoqueratología), «aunque hay que ser muy prudentes con esta última medida, dado que el uso o indicación incorrecta puede tener graves implicaciones sobre la córnea». Por ello, las pautas mencionadas son una guía para contrarrestar tantas horas frente a los dispositivos tecnológicos para la comunidad universitaria y la población en general.

La vista humana en el futuro

La adaptación del organismo a los nuevos sucesos es fundamental para la evolución humana, así que se prevé una transformación del sentido en un futuro. Sin embargo, la sensibilización de los perjuicios del uso prolongado de las pantallas es aún una tarea pendiente. «En la edad infantil, que es cuando la miopía empieza a desarrollarse, se debería ser más estricto en la limitación de uso de pantallas y estimular actividades al aire libre», lamenta el especialista. Según algunos estudios, la edad media en que los menores piden su primer teléfono móvil son los 9 años.

Francisco José Muñoz lo califica como una «epidemia de miopía». Al final de la década, un tercio de la población mundial usará gafas, como vaticinan las investigaciones, una estimación que el médico señala que será mayor en algunas poblaciones asiáticas. «El desarrollo del globo ocular se adapta a nuestras necesidades visuales, si nuestras necesidades son preferentemente de visión cercana, el ojo se alarga (se miopiza) para poder ver a corta distancia sin esfuerzo acomodativo, lo que determina mala visión de lejos que obliga al uso de gafas, lentes de contacto o cirugía refractiva», concluye.

Por ello, confía en que las autoridades sanitarias promocionen campañas informativas donde la salud ocular sea motivo de discusión en la población para establecer medidas que cuiden el bienestar de la vista y, en definitiva, de todas las personas.

 

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