Contrincantes en la hamaca: cuatro libros para un verano entre fantasmas, poder y reencarnaciones

¿Qué tienen en común un estratega de Moncloa, un niño que recuerda vidas anteriores, un juez empeñado en defender la democracia y un expresidente obsesionado con el orden? Aparentemente, nada. Sin embargo, cuatro libros muy distintos terminan dialogando entre sí en esta peculiar propuesta de lecturas para el verano. Desde una hamaca imaginaria en Alcalá de Henares, entre fantasmas cervantinos, reencarnaciones improbables y viejos debates españoles, la literatura vuelve a demostrar su capacidad para sorprender.

Fotocomposición de AH@
  • Por Pedro Enrique Andarelli, periodista, librepensador y, por avatares del destino, director de ALCALÁ HOY

Imagina la escena. Una hamaca bajo la sombra generosa de un plátano de sombra en Alcalá de Henares. El Corral de Comedias a unos pasos. Una cerveza fría. El móvil en modo avión. Y la firme intención de desconectar durante unas semanas de la política nacional. La intención es magnífica. El resultado, improbable.

Porque basta abrir determinados libros para comprobar que los asuntos humanos tienen la desagradable costumbre de perseguirnos incluso durante las vacaciones. El poder, la memoria, las ideologías, las ambiciones, los fantasmas del pasado y las preguntas sin respuesta acaban apareciendo entre las páginas aunque uno solo pretendiera leer tranquilamente durante la siesta.

Este verano propongo una combinación poco ortodoxa. Cuatro libros que, sobre el papel, no deberían compartir estantería. Mucho menos una hamaca. Y, sin embargo, terminan dialogando entre sí de una manera extraña y fascinante.

El primero es El Manual, de Iván Redondo. El antiguo jefe de Gabinete de Pedro Sánchez narra su recorrido vital y político desde una perspectiva mucho más personal de lo que algunos esperan. Aparecen los años de formación, el esfuerzo por abrirse camino, los pasillos de Moncloa, las lealtades, las decepciones y el abrupto final de una etapa que marcó buena parte de la política española reciente.

Más allá de simpatías o antipatías, el libro permite asomarse a la cocina del poder. A ese lugar donde las decisiones históricas suelen parecer menos épicas y bastante más humanas. Hay además una reflexión constante sobre la fragilidad, reforzada por la operación de corazón que el propio autor relata con notable sinceridad.

Apenas unas páginas después conviene dar un salto inesperado hacia Lo inexplicable, de Clara Sánchez.  Y aquí empieza el verdadero viaje.  La académica de la Lengua construye una historia inquietante alrededor de Rafael, un niño pequeño que parece recordar una vida anterior. El pasado irrumpe en el presente a través de intuiciones, recuerdos imposibles y certezas que desafían toda explicación racional. La novela avanza entre la intriga, la emoción y esa vieja pregunta que acompaña a la humanidad desde que aprendió a contar historias: ¿y si algunas cosas no terminaran nunca del todo?

Es entonces cuando el lector descubre que ambos libros empiezan a contaminarse mutuamente. Uno acaba imaginando a Iván Redondo asesorando estratégicamente al pequeño Rafael. Explicándole que el poder también se reencarna. Que los líderes desaparecen de los titulares pero vuelven una y otra vez bajo nuevas formas. Que los viejos debates cambian de nombre, de protagonistas y de escenario, pero rara vez abandonan el teatro. De pronto, la política se vuelve tan misteriosa como la novela de Clara Sánchez. Y la novela tan política como las memorias de Redondo.

La tercera parada nos lleva hasta Baltasar Garzón y su ensayo La democracia amenazada. El antiguo magistrado ofrece una reflexión apasionada sobre los riesgos que, a su juicio, acechan a las democracias contemporáneas. El auge de la extrema derecha, la desinformación, determinadas prácticas judiciales y mediáticas o el debilitamiento de algunas instituciones forman parte de una advertencia que Garzón formula sin medias tintas. Es un libro escrito desde la convicción. Incluso quienes discrepen de sus conclusiones encontrarán una exposición sólida y argumentada de sus preocupaciones.

Y entonces aparece José María Aznar con Orden y libertad. El expresidente propone una lectura completamente distinta de los desafíos actuales. Reflexiona sobre el papel del Estado, la libertad individual, la crisis demográfica, la revolución tecnológica, la inteligencia artificial y la necesidad de preservar determinados principios políticos y culturales en un mundo cada vez más incierto.

Leído junto a Garzón, el resultado es casi teatral. O quizá habría que decir cervantino. Porque mientras uno advierte de los peligros que amenazan la democracia desde determinados movimientos políticos, el otro alerta precisamente de los riesgos derivados del debilitamiento del orden institucional y de ciertos consensos básicos.

Y aquí es donde Alcalá de Henares entra en escena. No como simple decorado, sino como estado de ánimo. Después de todo, esta ciudad lleva siglos demostrando que la realidad y la ficción son vecinas de rellano. Aquí nació Cervantes, que convirtió a un hidalgo obsesionado con los libros en el personaje más universal de nuestra literatura. Aquí aprendimos que la locura puede contener más verdad que la cordura y que las certezas absolutas suelen acabar haciendo el ridículo.

Por eso resulta tan fácil imaginar a Garzón y Aznar discutiendo dentro de la cabeza del pequeño Rafael, el niño de Clara Sánchez. Mientras tanto, Iván Redondo toma notas discretamente para una futura edición ampliada de El Manual titulada, quizá, Cómo asesorar a una reencarnación en tiempos de polarización. La imagen es absurda. Y precisamente por eso funciona.

Porque los cuatro libros hablan, cada uno a su manera, de la misma cuestión: la dificultad de comprender el mundo que habitamos. Uno explora las entrañas del poder. Otro se adentra en los territorios de lo inexplicable. Los dos restantes discuten sobre el rumbo de nuestras democracias. Todos buscan respuestas. Ninguno posee la respuesta definitiva. Tal vez por eso merezca la pena leerlos. No para encontrar certezas, sino para disfrutar de las preguntas.

Al final del verano, cuando cierres el último libro y abandones la hamaca, probablemente seguirás sin saber a quién votar. Seguirás sin comprender del todo por qué España parece repetir algunos debates generación tras generación. Y seguirás sospechando que los fantasmas del pasado continúan paseando entre nosotros con nombres distintos.  Pero habrás pasado unas cuantas horas extraordinarias en compañía de buenos libros. Y eso, en estos tiempos acelerados, ya es una pequeña victoria.

Si aun así la hamaca amenaza con hundirse por exceso de equipaje intelectual, me atrevería a sugerir un pequeño sacrificio. Dejemos a Aznar vigilando el orden desde la estantería y llevémonos a la playa a los fantasmas, las reencarnaciones y los estrategas políticos. El verano suele agradecer más la compañía de las preguntas que la de las certezas sin bigote.

¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a nuestro canal de telegram @alcalahoy para estar al tanto de nuestras noticias.

Comentar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.