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El Hospital Príncipe de Asturias alerta del auge del vapeo juvenil y recuerda que puede causar lesiones pulmonares graves.
El tabaco pierde terreno entre los adolescentes, pero las nuevas formas de consumo de nicotina avanzan con fuerza. El Hospital Universitario Príncipe de Asturias ha aprovechado la celebración del Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora este 31 de mayo, para poner el foco sobre un fenómeno cada vez más extendido entre la población joven: el vapeo.
Los datos manejados por los especialistas del centro sanitario son contundentes. Mientras el consumo de cigarrillos tradicionales continúa descendiendo entre los jóvenes de 14 a 18 años, más de la mitad de los estudiantes de esa franja de edad reconoce haber utilizado cigarrillos electrónicos en alguna ocasión. Una tendencia que preocupa a los profesionales sanitarios por las consecuencias que puede tener para la salud a medio y largo plazo.
Con motivo de esta jornada de sensibilización, el hospital alcalaíno ha instalado mesas informativas tanto en sus instalaciones como en el Centro Integral de Diagnóstico y Tratamiento Francisco Díaz. Profesionales del Comité de Prevención del Tabaquismo y voluntariado de la Asociación Española contra el Cáncer han atendido durante toda la mañana a pacientes y visitantes para informar sobre los riesgos asociados al consumo de tabaco y de los nuevos dispositivos electrónicos.
Una moda que no es inocua
Lejos de la percepción que aún mantienen algunos sectores de la población, los especialistas insisten en que el vapeo no es una alternativa inocente al tabaco convencional. Según explicó durante una jornada formativa la doctora Lara Bravo, adjunta del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, un 19% de la población de entre 15 y 64 años ha utilizado cigarrillos electrónicos alguna vez. Entre los estudiantes de 14 a 18 años, ese porcentaje se eleva hasta el 54,6%.
Los expertos recuerdan que estas nuevas formas de consumo generan adicción y producen efectos sobre la salud respiratoria y cardiovascular. Entre ellos figuran la irritación e inflamación de las vías respiratorias, el aumento de la frecuencia cardiaca, la elevación de la tensión arterial o el estrés oxidativo.
Además, el uso de vapeadores puede provocar el empeoramiento del asma y favorecer la aparición de EVALI, una lesión pulmonar grave asociada al consumo de cigarrillos electrónicos. Esta enfermedad puede causar dificultad respiratoria, dolor torácico, tos, fiebre, náuseas y vómitos. En aproximadamente uno de cada tres casos llega a provocar insuficiencia respiratoria, una complicación potencialmente mortal.
Los jóvenes, los más expuestos
El perfil de los afectados por estas lesiones refleja con claridad el impacto del fenómeno entre las nuevas generaciones. Según los especialistas, el 80% de las personas diagnosticadas de EVALI tiene menos de 35 años.
A esta preocupación se suma otro fenómeno creciente: el llamado consumo dual. Es decir, personas que mantienen el hábito de fumar tabaco convencional y, al mismo tiempo, utilizan vapeadores o dispositivos similares. Una combinación que multiplica los riesgos para la salud en lugar de reducirlos.
La jornada organizada por el Hospital Príncipe de Asturias también ha servido para actualizar conocimientos entre profesionales sanitarios sobre el abordaje del tabaquismo desde atención primaria y hospitalaria, el seguimiento de los pacientes desde enfermería y la aplicación de la legislación vigente en materia de consumo de tabaco.
Prevención y coordinación sanitaria
La iniciativa se enmarca además en la estrategia AProxima, impulsada conjuntamente por el Hospital Universitario Príncipe de Asturias y la Dirección Asistencial Este para reforzar la coordinación entre profesionales de atención primaria y especializada.
El objetivo es mejorar la continuidad asistencial y ofrecer una respuesta más eficaz a los pacientes que desean abandonar el hábito tabáquico o presentan problemas de salud derivados de su consumo.
Coincidiendo con el Día Mundial Sin Tabaco, el mensaje lanzado desde el hospital alcalaíno es claro: aunque el cigarrillo tradicional pierde adeptos entre los más jóvenes, las nuevas formas de fumar siguen suponiendo un importante desafío sanitario que exige información, prevención y vigilancia.



















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