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Bañuelos advierte: guerra de Trump tensiona petróleo, deuda y geopolítica global, con riesgo de crisis económica y desgaste político irreversible para Estados Unidos.
Poco antes de las 23 horas del pasado 8 de marzo, en posición de cúbito supino encima de un mullido colchón, permanecíamos expectantes a la apertura del mercado de futuros de la bolsa de Chicago. No era para menos, la guerra iniciada por Donald Trump por la gracia de Bibi, y que se autodenominaba operación conforme a la moda de la época, duraba ya más de los 4 días previstos en un principio.
Todo parecía presagiar, para desgracia de un Trump que había caído en la trampa de la guerra relámpago y el engaño a sus votantes, que el momento iba a dar unas suculentas plusvalías a todos aquellos que, casi un mes antes del inicio de la guerra, habían comprado títulos en el fondo WisdomTree WTI Crude Oil por valor de 217 millones de dólares. Una cantidad monetaria que representaba la mayor entrada de capital desde el año 2020, cuando los futuros del crudo cotizaron en negativo en tiempos de pandemia y confinamiento.
Llegada la hora esperada, el mercado abrió con gap y con una vela épica de furioso y portentoso cuerpo, que en periodo temporal de 4 horas catapultó el precio del contrato por encima de los 17 puntos. Sin duda, era una mala noticia teniendo en cuenta que Japón, el mayor tenedor de bonos de deuda estadounidense, es altamente dependiente de los recursos energéticos provenientes de Oriente Medio, los cuales deben transitar por un estrecho de Ormuz parcialmente cerrado.
Así que las alarmas debieron sonar en Washington, cuando ya el 9 de marzo los futuros del West Texas casi rozaron los 120 dólares. Era evidente que, si persistía esta tendencia y se agotaban las reservas, el impacto en la inflación sería considerable, lo que podría llevar a una subida de tipos de interés en el país nipón y al final del Carry Trade. Una pesadilla que seguramente conduciría a una venta masiva de bonos norteamericanos y podría sumergir a Estados Unidos en una gran depresión económica. Siendo la situación incluso catastrófica, de acompañar el movimiento el tercer comprador de deuda yanki, que sigue siendo China.
Ya fuere por este motivo, o quizá por algo más simple como una futura política de tipos más restrictiva sin poder culpar a Powell, lo cierto es que Christopher Allan Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, se apresuró a propagar el bulo del paso de un petrolero por el estrecho de Ormuz escoltado por un buque de la armada estadounidense. Una afirmación que vino acompañada de una rueda de prensa de Donald Trump, en la que el mandatario estadounidense anunció la consecución de los objetivos militares en Irán, lo que hizo presuponer el final del conflicto armado sin que finalmente se produjese.
Estas manifestaciones improvisadas hicieron caer el precio del crudo hasta una zona pivote, pero no solucionaron el problema generado por una guerra que es fácil de empezar, pero complicada de terminar. Y prueba de ello fue ver al valor del petróleo sin refinar, rebotar de nuevo hasta los 100 dólares.
Por eso cuando vas a la guerra debes conocer al enemigo y mucho más a ti mismo. Volver a la época neocón de guerras, ocupaciones y sobreendeudamiento, es un hecho perjudicial para unas elecciones de medio término y también es algo económicamente inviable en las condiciones actuales de Estados Unidos. Hace años una guerra subía la inflación y reducía la deuda pública mediante una mayor recaudación en impuestos. Hoy en día una mayor inflación genera problemas para refinanciar dicha deuda pública y provoca un corralito en un fondo de la todopoderosa gestora BlackRock.
Más grave aún es meterse en un conflicto sin haber valorado la posibilidad de una guerra de desgaste, una vez eliminada la armada, la fuerza aérea y una cantidad destacable de lanzadores de misiles de tu enemigo. Según el analista en seguridad nacional norteamericana Brandon J. Weichert, Donald Trump no habría hecho caso a los consejos del general Dan Caine, habiéndose fiado de charlatanes al uso para justificar su decisión de empezar la contienda. Una elección que para Weichert es una gran equivocación, teniendo en cuenta que el arsenal de reserva de Estados Unidos estaría mermado tras largos años de abastecimiento a Ucrania. Y para demostrar esto, pone el ejemplo ilustrativo de los famosos misiles tomahawks, siempre con datos cuantitativos sobre la mesa. Al parecer, de los 4000 proyectiles autopropulsados existentes en el arsenal antes del comienzo de la guerra, se habrían gastado 400 durante 4 días de operación, cuando sólo se tienen presupuestados fabricar 59 para el presente año.
Pero los tomahawks no serían los únicos misiles donde el ritmo de utilización está siendo muy superior al de fabricación, pese a las existencias limitadas y los elevados costes de producción. Diferentes analistas militares muestran su preocupación por la cadencia de consumo de misiles interceptores patriots, THAAD o SM-3, no sólo por Estados Unidos e Israel en el transcurso de su campaña militar, sino también por las monarquías árabes de la región, cuyas defensas se han visto desbordadas por el ataque de cohetes, misiles y enjambres de drones Shahed de bajo coste. Una realidad que ha acabado destruyendo caros radares y relevante infraestructura energética, comprometiendo más la oferta de crudo, gas, aluminio o fertilizantes.
Pero como hemos escrito anteriormente, además de la temeridad de enfrascarte en una guerra sin considerar tus capacidades, es también muy peligroso no conocer a tu oponente. Y en el caso tratado y que nos ocupa, no se debió caer en el anacronismo histórico de pensar que estamos en los tiempos de Alejandro Magno y de Darío, donde una vez derrocado el rey o los sátrapas, se consolidaba fácilmente el poder sobre un territorio conquistado.
En este sentido, toda inteligencia que se precie debe profundizar en el concepto del martirio dentro del mundo chiita, antes de matar a un Ayatolá enfermo de 86 años, lo que ha acabado cohesionado a la sociedad iraní y ha provocado disturbios en Iraq, Pakistán o Bahréin.
Igualmente, un servicio de información militar debe avisar correctamente para no bombardear cafeterías donde se reúnen opositores al régimen, así como alertar adecuadamente para no lanzar un misil tomahawk sobre una escuela repleta de niños, cuando desde hace 12 años no hay una base de la Guardia Revolucionaria Iraní en ese lugar.
Las muertes por este tipo de negligencias, no son daños colaterales ni responden al criterio de proporcionalidad en la guerra, sino que son homicidios que fortalecen al régimen que se dice combatir. Con razón Steve Bannon, uno de los líderes de derecha más prominentes y buen conocedor de Jeffrey Epstein, ha reprochado que con la guerra Estados Unidos ha perdido como aliado al pueblo de Irán frente a la teocracia, creando en su lugar una coalición nacionalista unida contra la agresión.
Y este hecho no se soluciona exigiendo una rendición incondicional, promoviendo el desmembramiento del Estado con kurdos traicionados en Siria o sugiriendo que todos los iraníes tienen algún tipo de tara genética. Eso sólo genera más rechazo entre la población civil, ya que Irán no es un lugar habitado por un grupo de pastores perdidos en las montañas, sino que es una cultura civilizacional milenaria con un fuerte sentimiento identitario, que no se puede reducir exclusivamente al corto periodo histórico de la República Islámica. Irán es la revuelta contra los selyúcidas, el Imperio Persa, el profeta Zaratustra alumbrado por una mujer virgen o el dios Mitra legionario nacido en una cueva un 25 de diciembre. Irán es cuna también del maniqueísmo, el monoteísmo y el libre albedrío, sin olvidar tampoco que es la patria de nuestros Reyes Magos que son guiados por una estrella hacia Belén, desde el lugar donde nace el sol. Unos Reyes Magos representados por los colores blanco, rojo y negro de la obra alquímica para obtener la Piedra Filosofal.
Por eso una guerra como la mencionada no es cuestión baladí, lo que complica la solución una vez alcanzado un punto de no retorno, como es el caso. Una circunstancia que está conduciendo al atacante a una gestión ineficaz de la ansiedad y los nervios por la prolongación del conflicto armado, lo que produce errores de cálculo significativos. Por ejemplo, a un bombardeo deliberado sobre el yacimiento de gas de South Pars, que busca dejar sin electricidad a Irán y obligar a sus dirigentes a capitular, le sigue una respuesta de la contraparte iraní sobre el complejo productor de gas licuado de Ras Laffan y refinerías de Arabia Saudí e Israel, lo que está generando un serio peligro de shock energético y posterior crash económico mundial. Pero ante este acto y su reacción que lleva a Scott Bessent a barajar la viabilidad de quitar las sanciones al crudo iraní, Donald Trump dice no estar enterado y culpa a Israel, mientras que el periodista israelí Barak Ravid le contradice.
En nuestra opinión, la salida más inteligente a todo este complejo escenario, sería que Donald Trump proclamase la victoria en todos los frentes y se retirara, tal y como aconsejan sabiamente Matt Walsh o Joseph Kent, aunque fuese una opción que beneficiara al régimen iraní y posiblemente no fuera del agrado israelí. Pero con la continuación de esta contienda militar, en la búsqueda de un contraproducente colapso del Estado iraní y la consiguiente desestabilización de Oriente Medio, Donald Trump asume el riesgo de tener que poner tropas sobre el terreno o de caer en la tentación de utilizar armas nucleares, por muy descabellado que le pueda parecer al lector. Y toda escalada en este sentido dirigirá a Estados Unidos al colapso financiero, al desprestigio y a muchas bajas en el campo de batalla.
De momento, lo único que tenemos claro es que Donald Trump no está en los tiempos de George Bush Jr, por lo que si continúa la guerra en el tiempo, es bastante probable que hundirá al Partido Republicano para alegría de Gavin Newsom, llevándose consigo a toda mujer y hombre de la internacional conservadora que no mantenga las distancias o se eche a un lado como Giorgia Meloni o Alice Weidel. Una decisión que parece improbable en el imaginario carpetovetónico y que tal vez explique el comportamiento pacifista de un Pedro Sánchez hundido en las encuestas electorales.

















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Ya da igual que Trump se retire proclamando una falsa victoria:
– El régimen iraní buscará sin descanso la venganza, lo que puede incluir acciones terroristas.
– Los Estados Unidos (no solo Trump) han quedado absolutamente desprestigiados. Ni Europa ni los países árabes volverán a confiar en el que ha demostrado ser un país bananero.
– El Partido Republicano dejó de existir hace tiempo, el sistema está en quiebra y EEUU camina hacia una guerra civil.
Putin ríe alborozado desde el fondo. Y en Europa debemos prepararnos para lo peor.
No obstante y cada vez que los pueblos libres y democraticos, gritamos socorro, el unico que viene y que pone los muertos es Estados Unidos. Por favor menos hipocresia.
Que yo sepa, el artículo 5 de la OTAN solo se ha invocado una sola vez, para beneficio e Estados Unidos, en Afganistán. Así que fuimos nosotros los que pusimos los muertos, para que ahora Trump se burle de ellos y amenace con invadir territorio europeo.
¿No hay ningún grupo GAL, o alguno parecido, que se cargue a este tío