Ayuso convierte el Debate de la Región en un mitin contra Sánchez

El Debate sobre el Estado de la Región de Madrid 2025, celebrado en la Asamblea de Vallecas, se convirtió en un choque político con ecos nacionales. Isabel Díaz Ayuso defendió su gestión y anunció medio centenar de medidas, mientras la oposición la acusó de ignorar problemas como la vivienda o Gaza. Entre promesas y reproches, el Corredor del Henares se coló en la agenda con anuncios de infraestructuras y la exigencia de cerrar el macrocampamento de Alcalá.

  • Ayuso convierte el debate en pulso contra Sánchez mientras oposición exige su dimisión; Alcalá y el Corredor reciben anuncios de peso.

El Debate sobre el Estado de la Región de Madrid 2025, celebrado los días 11 y 12 de septiembre en la Asamblea de Vallecas, se desenvolvió en un clima de máxima tensión. Lo que debía ser un balance autonómico acabó convertido en un espectáculo político con ecos nacionales. Isabel Díaz Ayuso, arropada por su mayoría absoluta, dedicó más de dos horas a repasar gestión y anunciar medio centenar de medidas, aunque el blanco central de sus dardos fue el “sanchismo”. Al respecto no hay sorpresas.

El tono fue bronco, con acusaciones cruzadas, referencias a la guerra de Gaza, la crisis de vivienda, la corrupción y hasta la vida sentimental de la propia presidenta. La oposición exigió su dimisión entre fotos de niñas palestinas y reproches por la gestión sanitaria; Vox se dedicó a marcar perfil propio con el tema de los menores extranjeros; y Ayuso, con ironía y a veces con visible irritación, replicó a todos recordando que Madrid “es la receta contra Sánchez”.

Lo que en origen debía ser un debate autonómico se transformó en una batalla ideológica donde lo local quedó muchas veces sepultado por la refriega nacional. Eso sí, entre los anuncios hubo guiños directos al Corredor del Henares: el futuro intercambiador de Alcalá, la reapertura de la Línea 7B del Metro en San Fernando o el desdoblamiento de la M-121 en Meco. Y, en el terreno político, la exigencia de Ayuso de cerrar el macrocampamento de acogida de Alcalá, un gesto que hizo sonreír de oreja a oreja a la alcaldesa Judith Piquet.


Las 50 medidas y la mirada puesta en Moncloa

Ayuso llegó con la escenografía bien medida. Una presidenta segura, respaldada por 70 de los 135 escaños, y con una lista de 50 iniciativas que buscaban sonar a proyecto de región pero también a manifiesto electoral anticipado. Rebajas fiscales, plan de vivienda, banco de voz para pacientes con ELA, un nuevo campus universitario en San Sebastián de los Reyes o un centro de neurorrehabilitación en el Zendal. A todo esto lo envolvió con la idea de que Madrid “es ejemplo de libertad y prosperidad” frente al “oscurantismo” de Pedro Sánchez.

El discurso fue intercalando anuncios con ataques al Gobierno central. Se negó a aceptar la condonación parcial de deuda autonómica porque “premia a separatistas” y se mostró beligerante contra el reparto de menores extranjeros. En Gaza defendió a Israel y se burló de quienes, en la oposición, la acusaban de ignorar el sufrimiento palestino: “Que pasen unos días allí y verán cómo tratan a mujeres y homosexuales”.

Las medidas con mayor calado social fueron las de vivienda, un terreno donde Ayuso se sabe cuestionada. Habló de liberar suelo para 20.000 viviendas protegidas, de ayudas fiscales a jóvenes, de la ampliación del Plan Vive y de un primer piso público para embarazadas sin apoyo familiar. Sin embargo, la oposición le reprochó que la subida del alquiler en Madrid haya sido del 13,4% en el último año y que la ejecución presupuestaria en educación no alcance el 90%.


La oposición carga con todo: de Gaza a Quirón

El viernes fue el turno de la oposición. Manuela Bergerot (Más Madrid) llegó con un recurso simbólico: la foto de Hind Rajab, una niña palestina muerta en Gaza. Su intervención giró en torno a la desigualdad, el cambio climático y la necesidad de “subir impuestos a las grandes fortunas”. Acusó a Ayuso de sectaria y pidió su dimisión.

Mar Espinar (PSOE) optó por la vía dura, calificando a la presidenta de “mala persona y nefasta presidenta” y exigiendo su renuncia por el caso de su pareja, investigado por fraude fiscal. Ironizó con que “usted y Alberto Quirón son una sociedad con ánimo de lucro” y denunció la negativa a bajar precios de comedores escolares.

Vox, a su manera, jugó a opositor del opositor. Isabel Pérez Moñino reclamó la repatriación inmediata de MENAs, la supresión de gasto político y bonificaciones en comedores escolares para las familias de jornada partida. Aunque el PP rechazó sus enmiendas, Vox presumió de haber forzado a Ayuso a endurecer su discurso contra la inmigración irregular.

El hemiciclo fue un hervidero. Mientras la izquierda aplaudía en pie las alusiones a Gaza, los populares se mantenían en silencio, con gestos de incomodidad o bostezos estratégicos cuando la oposición insistía en el caso de la pareja de Ayuso. Los escaños de Vox, por su parte, se vaciaban y llenaban según el orador, con movimientos teatrales que buscaban subrayar distancia. En la tribuna de invitados, los suspiros y comentarios en voz baja añadían al ambiente un aire de grada futbolera más que de cámara legislativa.

La presidenta replicó con su estilo característico: mezclando datos económicos con sarcasmo. Sobre su pareja, tiró de ironía: “Le voy a pedir permiso a la oposición para saber con quién puedo salir, ¿con el hermano de Sánchez?”. El hemiciclo se llenó de murmullos, aplausos y risas en los escaños populares.


El Corredor del Henares en el guion de Ayuso

Aunque el debate se nacionalizó, hubo anuncios con impacto directo en el Corredor del Henares. La presidenta confirmó que en 2026 se iniciarán las obras del intercambiador comarcal de Alcalá de Henares, con apertura en 2027. Un proyecto de 14 millones que aspira a descongestionar el tráfico de una de las zonas más pobladas de la Comunidad.

También prometió la reapertura de la Línea 7B en San Fernando de Henares antes de fin de año, tras años de obras que convirtieron la vida de muchos vecinos en un viacrucis de autobuses lanzadera. Y, como guinda, anunció el desdoblamiento de la carretera M-121 entre Meco y Alcalá, una vieja reclamación que llevaba más de una década en los cajones.

En ese mismo bloque de anuncios, Ayuso exigió el cierre inmediato del macrocampamento de acogida abierto en Alcalá en 2023 por el Gobierno central. Una reclamación que llevaba meses encabezando la alcaldesa Judith Piquet y que, al pronunciarse en el hemiciclo regional, supuso un espaldarazo político de primera magnitud. El mensaje fue claro: la Comunidad se alinea con el Ayuntamiento en la presión a Moncloa para que reubique a los centenares de migrantes alojados en el centro.

El alcalde de Meco, Pedro Luis Sanz, recibió la noticia del desdoblamiento con alivio pero también con cautela. “Lo único que faltaba era verbalizarlo”, dijo, recordando que el proyecto tiene ya impacto ambiental aprobado y que “las palabras esta vez han sido menos, pero los resultados empiezan a ser tangibles”.

Estas promesas, sin embargo, llegan con letra pequeña: los proyectos se licitarán en 2026 y, en el mejor de los casos, se ejecutarán en 2027. Es decir, al borde del final de la legislatura. La oposición no tardó en denunciar que se trata de anuncios para la galería, mientras los problemas del día a día siguen sin solución.


Un debate de ecos nacionales y cuentas pendientes

El Debate sobre el Estado de la Región de 2025 pasará a la hemeroteca como uno de los más tensos de los últimos años. No tanto por la novedad de las medidas, sino por la intensidad del choque político. Ayuso reforzó su papel de estandarte anti-sanchista, Más Madrid y PSOE se volcaron en erosionar su credibilidad y Vox se empeñó en mostrar que la presidenta “no es lo bastante dura” en inmigración.

El resultado: dos días de frases lapidarias, insultos, aplausos y abucheos que sirvieron más para consolidar posiciones que para abrir vías de acuerdo. Madrid sigue siendo la joya política del PP, Ayuso continúa en la cima de su popularidad entre sus votantes, y la oposición, pese a su empeño, no logra encontrar el punto de ruptura.

La repercusión mediática tampoco fue menor: mientras El País o La Sexta destacaban las peticiones de dimisión y el escándalo de la pareja de la presidenta, cabeceras como La Razón u OK Diario se aferraban al supuesto músculo de las 50 medidas y al “zasca” a Sánchez. En redes sociales, la refriega se multiplicó en vídeos, memes y cortes de apenas veinte segundos, confirmando que este tipo de debates ya se consumen tanto en titulares como en fragmentos virales.

Y mientras tanto, fuera del hemiciclo, la realidad seguía su curso: madrileños atrapados en la A-2, jóvenes buscando un alquiler imposible y pacientes esperando cita médica. Al final, lo que dejó Vallecas fue la foto fija de un enfrentamiento político con mucho ruido, pero también la constatación de que los problemas de la gente siguen esperando soluciones.

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