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Una fotografía de Ricardo Espinosa Ibeas conecta el eclipse de agosto de 2026 con la astronomía que conoció Miguel de Cervantes alcalaíno.
- Cronica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY
El cielo que contempló Miguel de Cervantes y el que pudieron observar los alcalaínos el pasado 12 de agosto están separados por casi cuatro siglos y medio.Entre ambos median telescopios, teorías científicas y una tecnología que permite fotografiar con enorme precisión aquello que durante siglos fue observado con una mezcla de conocimiento, temor, curiosidad y superstición. Pero algo permanece intacto: la fascinación por mirar hacia arriba.
Ese diálogo entre dos épocas está presente en «Inclinado de mi estrella. La astronomía en época de Cervantes», la exposición que puede visitarse hasta el 7 de marzo de 2027 en el Museo Casa Natal de Cervantes de Alcalá de Henares. Y dentro de ese recorrido histórico hay un pedazo del cielo alcalaíno de 2026: una fotografía del eclipse solar del pasado 12 de agosto realizada por Ricardo Espinosa Ibeas, fotógrafo de ALCALÁ HOY, que forma parte de la muestra.
La exposición se adentra en la forma en que se entendía el universo durante los siglos XVI y XVII y en un tiempo en el que astronomía, astrología, religión y creencias populares convivían con unas fronteras bastante menos nítidas que las actuales. Cervantes vivió precisamente en uno de los momentos decisivos de esa transformación.
El autor del Quijote fue contemporáneo de figuras como Giordano Bruno, Tycho Brahe, Johannes Kepler y Galileo Galilei. Mientras comenzaban a abrirse camino nuevas explicaciones sobre el cosmos, seguía plenamente asentada la concepción geocéntrica heredada de Ptolomeo. Los textos cervantinos permiten comprobar que el escritor conocía ese modelo tradicional y estaba familiarizado con los principios astronómicos vigentes en su época.
Pero mirar al cielo no era entonces una ocupación exclusiva de científicos y estudiosos. Los astros tenían una presencia mucho más directa en la vida cotidiana. Su observación era fundamental para la navegación y la cartografía, especialmente en una época marcada por la expansión oceánica, mientras que en el campo el Sol, la Luna, las estaciones y otros fenómenos celestes servían para organizar las labores agrícolas, fijar los calendarios de siembra y cosecha e incluso tratar de anticipar cambios meteorológicos.
Y después estaban los eclipses. Lo que hoy moviliza cámaras, telescopios y teléfonos móviles podía provocar hace cuatro siglos inquietud y toda clase de interpretaciones. Eclipses, cometas o estrellas fugaces podían ser entendidos como señales divinas, advertencias, castigos o anuncios de acontecimientos extraordinarios. Astronomía y astrología convivían: mientras una recurría a cálculos y observaciones para estudiar el cielo, la otra pretendía encontrar en los astros explicaciones sobre la salud, el destino o los acontecimientos humanos.
Cervantes conoció varios eclipses a lo largo de su vida. Los registros astronómicos modernos permiten reconstruir aquellos fenómenos y situarlos con una precisión que habría resultado inimaginable para sus contemporáneos. Entre ellos figura el eclipse anular del 12 de noviembre de 1547, poco después del nacimiento del escritor.
Especialmente llamativo resulta el eclipse total del 12 de octubre de 1605, el mismo año de la publicación de la primera parte de Don Quijote de la Mancha. Según la documentación recogida en la exposición, la trayectoria de totalidad atravesó el norte de la Península Ibérica. Otra coincidencia se produjo el 17 de marzo de 1616, apenas unas semanas antes de la muerte de Cervantes, aunque aquel eclipse no fue visible en su fase total desde España.
Cuatro siglos después, Alcalá volvió a mirar al cielo. El eclipse solar del 12 de agosto de 2026 dejó numerosas imágenes, pero una de ellas ha terminado formando parte precisamente de esta exposición dedicada al universo que conoció Cervantes.
La fotografía realizada por Ricardo Espinosa Ibeas aparece identificada en la muestra como «Fotografías del eclipse sobre Alcalá de Henares, 12 de agosto de 2026. © Ricardo Espinosa Ibeas». La imagen comparte espacio con antiguas representaciones cosmográficas, instrumentos astronómicos y mapas celestes, creando un curioso diálogo entre la manera de representar el universo hace varios siglos y la posibilidad actual de atrapar en una fotografía un fenómeno que dura apenas unos instantes.
La exposición reúne además reproducciones de obras de Petrus Apianus, mapas celestes de Frederik de Wit y otras piezas que acercan al visitante a los instrumentos, conocimientos y representaciones del cosmos que circulaban durante los siglos XVI y XVII.
La presencia de la fotografía del eclipse alcalaíno añade además un vínculo muy cercano con el presente. No se trata solamente de contemplar cómo miraban al cielo los hombres y mujeres de la época de Cervantes, sino de comprobar que seguimos haciendo, en esencia, lo mismo. Ellos levantaban la vista tratando de interpretar un fenómeno extraordinario; nosotros sacamos cámaras y móviles para conservarlo. Ha cambiado radicalmente lo que sabemos del universo y también nuestra capacidad para observarlo, pero no tanto la curiosidad que provoca.
«Inclinado de mi estrella. La astronomía en época de Cervantes» puede visitarse con entrada gratuita en el Museo Casa Natal de Cervantes, en el número 48 de la calle Mayor, hasta el 7 de marzo de 2027.
Y allí, entre mapas celestes, viejas representaciones del cosmos y testimonios de una época en la que un eclipse podía ser interpretado como una señal del cielo, está también el eclipse que vieron los alcalaínos en agosto de 2026. Una imagen tomada casi cuatro siglos después de Cervantes que recuerda que, por mucho que avance la ciencia, seguimos teniendo la misma costumbre: cuando el cielo hace algo extraordinario, levantamos la cabeza.

















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