- El lector traslada a Alcalá el debate madrileño sobre vivienda y cuestiona las acusaciones de Almeida contra sus adversarios políticos por rentismo.
Señor director;
Le escribo desde Alcalá de Henares, donde pago un alquiler que se come más de la mitad de lo que entra en casa. No tengo patrimonio, no tengo segunda residencia y no tengo despacho en una inmobiliaria del Ibex. Tengo un contrato, una nómina y la certeza, cada vez que renuevan o suben, de que aquí se vive de prestado. No he visto en este digital ninguna línea sobre lo que está diciendo estos días el alcalde de Madrid. Se lo traigo yo, porque el silencio también es una forma de contar la noticia a medias.
José Luis Martínez-Almeida lleva semanas dando lecciones sobre quién es un fondo buitre y quién no. A la portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid le pregunta si lo es ella porque declara varios inmuebles. A la ministra de Vivienda la llama “ministra buitre” porque, dice, tiene más casas que Urbagestión, la empresa que echó a Maricarmen. A la portavoz de Más Madrid le suelta que es un fondo buitre por haberse mudado a Carabanchel. El truco es viejo: convertir el debate de la vivienda en un concurso de declaraciones de bienes para que nadie hable de política. Pero hay una declaración que el alcalde no pone encima de la mesa. La de su propia casa.
Su mujer, Teresa Urquijo, trabaja desde 2019 en Merlin Properties, una de las grandes sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria del país. Analista, analista asociada, departamento financiero: el cargo exacto da igual. Lo que importa es el negocio. Merlin vive de comprar, gestionar y rentabilizar activos inmobiliarios. Oficinas, centros comerciales, logística, y cuando le conviene, también residencial de lujo. Es el tipo de compañía que en este país se presenta como “inversión profesional” y que en la calle, cuando el alquiler se dispara y el vecino de toda la vida sale con la maleta, la gente llama fondo. No hace falta exagerar ni inventarle una cartera de decenas de miles de pisos. Con lo que es ya sobra para hacer la pregunta que Almeida no se hace nunca: ¿con qué autoridad moral da lecciones de rentismo quien tiene en casa un sueldo que sale precisamente de ese rentismo?
En Alcalá esto no es una anécdota de la prensa del corazón. Medio pueblo trabaja en Madrid, estudia en Madrid o depende de lo que Madrid decida sobre suelo, transporte y vivienda. Cuando el Ayuntamiento de la capital trata la ciudad como un producto, ferias inmobiliarias con apoyo institucional, áticos de lujo como modelo, desahucios a los que el consistorio llega tarde o no llega, el precio no se queda en Chamberí. Sube el tren de cercanías, sube el piso de enfrente y sube la habitación que alquila un estudiante en el centro histórico. Nosotros pagamos la factura de un modelo que otros diseñan y del que otros cobran. Por eso un digital de Alcalá no puede mirar para otro lado como si el Pleno de Cibeles ocurriera en otra provincia.
El caso de Maricarmen, la mujer de 87 años expulsada de la casa en la que llevaba siete décadas, ha servido en Madrid para todo menos para hablar claro. La oposición dice que la echó un fondo buitre. El alcalde responde que Urbagestión es una empresa pequeña y que sus rivales tienen más ladrillo. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez y las dos sirven para no entrar en el fondo. Urbagestión compró el piso con la inquilina dentro, esperó el pleito y ejecutó el lanzamiento. Eso, se llame pyme o se llame fondo, es el negocio de vaciar para revalorizar. Y mientras ese negocio se discute en el Pleno como si fuera un chiste sobre el patrimonio ajeno, la persona que comparte vida, apellido político y agenda con el alcalde sigue analizando inversiones en una de las grandes máquinas del ladrillo cotizado.
No digo que Teresa Urquijo firme desahucios. No digo que Merlin sea Urbagestión. Digo que hay un conflicto que cualquier vecino entiende sin necesidad de máster. Si el máximo responsable municipal de la ciudad donde se decide el suelo, la licencia, la fiscalidad local y el relato de “Madrid está de moda” tiene en casa un salario que depende del sector que más se beneficia de esa moda, lo mínimo es explicarlo. No es un asunto privado. Es un asunto de incompatibilidad moral, aunque el reglamento no lo recoja. El alcalde exige a los demás que digan cuántas viviendas dedican al alquiler social. Que empiece él por decir qué parte de la economía familiar sale de una SOCIMI y qué opinión tiene su mujer, analista de ese mundo, sobre una anciana a la que echan de una renta antigua para que el activo “se optimice”.
Quien ha seguido el caso, de Antonio Maestre a la oposición municipal, ha puesto el foco en Maricarmen, y hace bien: una vecina de 87 años es más elocuente que cualquier comparecencia. Pero el símbolo se queda cojo si no se nombra a quien está al otro lado de la mesa, no solo en el juzgado, también en la política. Hay un Madrid que se mueve entre la oficina de la inversión y el ático, y hay otro que paga el alquiler en Alcalá, en Vallecas o en Carabanchel. Almeida ha elegido de qué lado habla. Cuando llama buitre a una concejala por mudarse de barrio y calla que en su casa se trabaja para el capital inmobiliario, no está debatiendo vivienda. Está protegiendo un modo de vida.
Desde este pueblo, que ya no es barato y que cada año exporta más sueldo a caseros de Madrid, pido una cosa sencilla. Que estas páginas no traten a la mujer del alcalde como una nota de sociedad, boda, finca, caballos, hijo, y la traten como lo que también es: una profesional del sector cuyo negocio choca de frente con el problema que su marido dice gestionar. El resto, los decretos, las ferias y los plenos, es contexto. El centro de la indignación es ese: nos echan en nombre del mercado y nos da lecciones quien cena con el mercado.
Atentamente, J. C. Moreno Inquilino Alcalá de Henares

















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Estupendo artículo, sí señor!!
Gracias por esa información de la que nadie habla.
No entiendo cómo puede haber tanta hipocresía y tanta maldad entre nuestros gobernantes, que si están ahí es para trabajar por y para el pueblo.
Tu escrito está bien, toca la fibra sensible y remarca un problema en el tema vivienda.
El hecho de descalificar al alcalde de Madrid es solo una boutade para añadir más argumentos que apoyen tu tesis. Para ello, hablas de la empresa en la que curra su señora como ejemplo de fondo buitre de manual, aún sabiendo que esa empresa se dedica exclusiva al sector terciario, oficinas, centros comerciales, almacenes, naves industriales, centros de datos, etc. Para nada invierten en el sector vivienda pero, claro, eso invalidaría tu premisa de partida.
Imagino que si su mujer trabajase en Mercadona no podría hablar del tema del coste de la ropa y así todo.
Podrías también llamar buitres a todas las empresas privadas, pues todas compran y venden quedándose un porcentaje, los jodíos.
De toda formas no te preocupes demasiado, con Maricarmen el relato ya está ganado aunque su ejemplo no sea precisamente el mejor que podían haber elegido, pero mejor obviemos lo que no nos interesa que se conozca para mantener el relato.
Perfectamente desmontada la «falacia ad hominem» que soporta el artículo.
Gracias por hacerlo.
Buenos días, es increible, 8 años de gobierno Socialista en España, los que dicen gobernar para todos, y no han hecho nada para resolver cualquier problema con las viviendas y hoy estan con la lengua fuera a la espera de lo que voten sus socios del gobierno Frankenstien despues de sacar 2 decretos a la desespera, con 1 que ya anula el anterior, vamos y como dice la ministra de vivienda, que cacao tengo. De esto nadie dice nada pero tu más. Que raro, le falto decir en su escrito que la culpa la tiene Ayuso. Como siempre, doble vara de medir. No hago nada y espero que se arma la gorda.
Joder, es que no hay por dónde coger el escrito del tal J. C. Moreno. Vaya tela. Fernando Aguirre ya lo ha explicado muy bien. Y no os dais cuenta de que la gente está más que cansada de la cantidad de sandeces que soltáis.
Eso, viva Almeida y su mujer aristócrata y los fondos buitres inmobiliarios aunque no se destinen a viviendas, imperdonable error del autor de la carta, un profesor por cierto, que aprovechó que el Pisuerga pasa
por Valladolid ….
Pero qué gilipolleces dices. ¿He dicho yo viva Almeida? ¿Su mujer tiene la culpa de trabajar donde trabaja? Eres un auténtico sectario de manual. Mucho hablar y decir de libertades, pero eh, sólo las que yo proponga y lo que a mí, sí, a tí, Pedro Enrique, me salga de ahí mismo.
Así os va.
Veo que no has captado la ironía.. ¡En fin cada una llega hasta donde puede! Fin de la cita