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La primera salida procesional tras la Coronación Canónica reunió a cientos de fieles pese a los casi 38 grados de temperatura.
- Fotos del Ayuntamiento
La Virgen del Carmen Coronada volvió a recorrer este sábado las calles del Centro Histórico de Alcalá de Henares en una procesión marcada por la emoción, la devoción… y un calor casi insoportable. La primera salida procesional de la imagen tras su Coronación Canónica, celebrada el pasado mes de octubre, convirtió el casco histórico en un río de fieles que desafiaron los cerca de 38 grados con un único propósito: acompañar a la Virgen en una de las citas más esperadas del calendario cofrade alcalaíno.
A las ocho en punto de la tarde se abrieron las puertas de la iglesia del antiguo convento de las Carmelitas de Afuera, en la plaza de los Doctrinos. Desde el interior del templo, mucho más fresco que las calles abrasadas por el sol de julio, comenzaron a escucharse los primeros sones de la banda de música El Saucejo, llegada desde Sevilla. Instantes después, la imagen de la Virgen del Carmen Coronada cruzó lentamente el umbral del convento entre una cerrada ovación y el repique de campanas.
Los cuarenta costaleros de la Hermandad Sacramental, dirigidos por su capataz José Diego Fagundo Espina, afrontaron desde el primer momento una exigente estación de penitencia. No solo por las más de cuatro horas de recorrido, sino por unas temperaturas que todavía rozaban los 38 grados al inicio de la procesión y que obligaron a multiplicar las precauciones entre costaleros, nazarenos y asistentes.
Pese a ello, el ambiente fue el de las grandes ocasiones. Decenas de vecinos buscaban la sombra allí donde todavía sobrevivía algún rincón protegido del sol, mientras otros seguían el recorrido botella de agua en mano, conscientes de que la espera merecía la pena. A medida que avanzaba la tarde y el sol comenzaba a caer, las calles del casco histórico fueron llenándose de público.
La procesión avanzó por la calle Colegios hasta alcanzar la plaza de Cervantes, donde numerosos alcalaínos aguardaban el paso de la Virgen frente al Ayuntamiento. Desde allí continuó por Cerrajeros, Ramón y Cajal, Mayor y Cervantes, atravesando algunos de los rincones con mayor simbolismo para la ciudad y para la propia historia carmelita de Alcalá.
Uno de los momentos más esperados llegó en la calle Cervantes, donde la imagen recibió una lluvia de pétalos que arrancó una nueva ovación de los presentes. Poco después, el paso alcanzó la calle Imagen, frente al monasterio carmelita que permanece abierto en la ciudad, en un instante cargado de significado para la orden y para la hermandad.
La noche fue suavizando ligeramente la temperatura, aunque el calor acumulado durante toda la jornada siguió dejando su huella. Los costaleros continuaron su trabajo con paso firme y acompasado mientras la banda sevillana ponía la banda sonora a un recorrido que fue ganando belleza conforme las luces del atardecer daban paso a la iluminación nocturna del casco histórico.
El cortejo regresó después por la calle Mayor hasta Carmen Calzado, pasando ante el antiguo convento de los carmelitas calzados, hoy Facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá. Más adelante, la comitiva atravesó la calle Escuelas para volver a la plaza de Cervantes y dirigirse hacia Pedro Gumiel, donde la fachada cisneriana de la Universidad ofreció uno de los marcos más espectaculares de toda la procesión.
Especialmente emotivo resultó también el paso por el estrecho callejón de San Pedro y San Pablo, uno de esos lugares donde el silencio se impone y donde únicamente rompían la noche el acompasado caminar del paso, la música y los aplausos espontáneos de los asistentes.
La procesión contó además con representación institucional. Los concejales del Ayuntamiento Antonio Saldaña, Pilar Cruz y Víctor Cobo acompañaron a la Hermandad Sacramental durante esta jornada tan señalada, compartiendo con los hermanos y con los numerosos fieles una salida procesional que tenía un carácter especial al ser la primera desde la histórica Coronación Canónica de la imagen.
Poco después de la medianoche, la Virgen del Carmen Coronada regresó a la plaza de los Doctrinos poniendo fin a una intensa jornada de fe popular. Atrás quedaban más de cuatro horas de recorrido, cientos de metros de aplausos, miles de pasos bajo un calor sofocante y la satisfacción de una hermandad que volvió a demostrar que la devoción puede más que cualquier termómetro. En una ciudad acostumbrada a convertir sus calles en escenario de la historia, la Virgen del Carmen escribió este sábado un nuevo capítulo que muchos recordarán, precisamente, por haber sido capaz de llenar de fervor una de las tardes más calurosas del verano.















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