Del mural del hermanamiento al mural del patrimonio: Alcalá reescribe una de sus paredes más simbólicas

La ejecución del nuevo mural de la Casa Tapón, inspirado en la histórica panorámica de Alcalá dibujada por Anton Van der Wyngaerde en 1565, marca una nueva etapa en la transformación de la plaza de los Santos Niños. La visita de la alcaldesa Judith Piquet y las explicaciones del artista Manu Cardiel llegan, además, en pleno debate sobre la desaparición del anterior mural cervantino de Miguel Rep, símbolo durante años del hermanamiento entre Alcalá y la ciudad argentina de Azul.

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas
  • El nuevo mural patrimonial sustituye al de Miguel Rep y reabre el debate sobre memoria urbana, conservación artística y transformación.
  • Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY

La gran pared medianera de la Casa Tapón, visible desde la plaza de los Santos Niños y durante años ocupada por uno de los murales cervantinos más reconocibles de Alcalá de Henares, vuelve a convertirse en protagonista. Esta vez no por su deterioro ni por la controversia generada tras la desaparición de la obra anterior, sino por la llegada de una nueva intervención artística que aspira a integrarse en la renovada imagen patrimonial del corazón histórico de la ciudad.

La alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, ha visitado este viernes los trabajos que está realizando el artista alcalaíno Manu Cardiel sobre la fachada lateral de la Casa Tapón, sede de la Concejalía de Juventud y del Centro de Información y Documentación Juvenil (CIDAJ). La obra, que se encuentra en su fase final de ejecución, reproducirá la célebre panorámica de Alcalá dibujada por Anton Van der Wyngaerde en 1565, considerada la primera gran representación gráfica conocida de la ciudad.

La actuación cuenta con un presupuesto de 12.700 euros y forma parte de las intervenciones urbanas vinculadas a la remodelación de la plaza de los Santos Niños, uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos del casco histórico complutense.


Una vista de Alcalá desde el siglo XVI

Durante la visita, Judith Piquet defendió la elección de la imagen histórica como símbolo de la apuesta municipal por la recuperación y puesta en valor del patrimonio local. Según explicó la alcaldesa, el mural permite recuperar para el espacio público una representación «histórica e icónica» de la ciudad, al tiempo que supone un reconocimiento al trabajo de los artistas urbanos vinculados a Alcalá.

La obra reproduce una vista panorámica realizada en 1565 por Anton Van der Wyngaerde, pintor flamenco al servicio de Felipe II que recorrió numerosas ciudades españolas elaborando detalladas perspectivas urbanas. Su dibujo de Alcalá constituye hoy una fuente documental de enorme valor para comprender la fisonomía de la ciudad en pleno Siglo de Oro.

La elección de esta imagen no es casual. La panorámica permite identificar elementos históricos todavía presentes en el paisaje urbano alcalaíno y otros desaparecidos hace siglos, convirtiendo el mural en una especie de ventana abierta a la Alcalá del Renacimiento.


La adaptación artística de Manu Cardiel

El encargado de trasladar aquella representación histórica a una pared de gran formato ha sido Manu Cardiel, artista estrechamente vinculado a Alcalá y autor de numerosos murales distribuidos por distintos barrios y edificios públicos de la ciudad.

Cardiel explicó durante la visita que el principal reto del proyecto ha consistido en adaptar una imagen concebida con una perspectiva longitudinal y panorámica a una superficie mucho más cuadrada y vertical. «Queríamos primar el contexto patrimonial por encima de que prevaleciera mi estilo», señaló el artista, que ha apostado por un lenguaje visual basado en la línea y en una paleta cromática especialmente pensada para integrarse con el entorno monumental de la plaza de los Santos Niños y la calle Mayor.

La intervención también ha incluido un importante trabajo previo de preparación y consolidación de la superficie. Según detalló el propio autor, antes de iniciar la pintura fue necesario realizar labores de raspado, aplicación de fijadores y revestimientos, culminadas con un barniz protector destinado a mejorar la conservación de la obra a largo plazo.

La intención es evitar el deterioro acelerado que sufrió el mural anterior y garantizar una mayor durabilidad de la intervención.


El mural que desapareció y la polémica que permanece

Sin embargo, la nueva creación de Manu Cardiel llega inevitablemente acompañada de una polémica que durante las últimas semanas ha trascendido los círculos culturales para instalarse en el debate ciudadano.

La pared que ahora ocupa la panorámica de Wyngaerde estuvo presidida desde julio de 2011 por uno de los denominados «Murales del Hermanamiento», realizados por el prestigioso artista argentino Miguel Rep con motivo del hermanamiento entre Alcalá de Henares y la ciudad argentina de Azul.

Aquella obra no era únicamente una intervención artística. Formaba parte de un proyecto institucional financiado con fondos públicos y concebido como símbolo permanente de la unión entre dos ciudades profundamente vinculadas al universo cervantino.

La desaparición del mural motivó una dura crítica del catedrático y cervantista José Manuel Lucía Megías, uno de los impulsores originales de aquella iniciativa, quien lamentó públicamente la pérdida de una pieza que consideraba parte del patrimonio cultural y simbólico de la ciudad. En una tribuna publicada recientemente denunció que sus reiterados intentos por promover la restauración y conservación de la obra habían resultado infructuosos y reclamó una reflexión más amplia sobre la protección del arte público y la memoria cultural compartida.

Para Lucía Megías, el mural de Miguel Rep había trascendido su condición de simple pintura urbana para convertirse en un lugar de referencia dentro del imaginario cervantino de Alcalá y en un símbolo visible de la relación con Azul.


Patrimonio frente a memoria urbana

Preguntada por esta controversia, Judith Piquet restó importancia al debate y defendió la legitimidad de la actuación municipal.

La alcaldesa recordó que en numerosas ocasiones los murales urbanos son restaurados, pero también sustituidos cuando las circunstancias lo aconsejan, y sostuvo que el objetivo de la intervención ha sido adecuar la fachada al nuevo contexto patrimonial de la plaza y a los proyectos de regeneración urbana actualmente en marcha.

Piquet rechazó además que la sustitución del mural suponga una ruptura con el hermanamiento entre Alcalá y Azul, subrayando que las relaciones institucionales entre ambas ciudades continúan plenamente vigentes.»No se trata de una destrucción ni nada de la memoria anterior», afirmó durante el encuentro con los medios. La alcaldesa añadió que recientemente había mantenido contactos con representantes de la Embajada de Argentina y defendió que el hermanamiento trasciende la existencia física de una pintura concreta.

En la misma línea se expresó el concejal de Patrimonio Histórico, Vicente Pérez, quien explicó que la elección de la panorámica de Wyngaerde responde a un trabajo conjunto entre los técnicos municipales y el artista para lograr una obra plenamente integrada en el entorno monumental.

Pérez destacó además el valor divulgativo del mural, capaz de mostrar de forma sencilla y visual elementos históricos como el Palacio Arzobispal, la Magistral, la Puerta de Madrid, la Puerta del Vado o el entorno de Alcalá la Vieja.

Más allá de la controversia inmediata, la sustitución del mural ha reabierto un debate que probablemente seguirá presente durante algún tiempo: qué elementos del arte urbano merecen ser conservados, cuándo una intervención artística pasa a formar parte del patrimonio colectivo y quién debe decidir sobre su permanencia o desaparición.

Mientras esas preguntas siguen abiertas, la pared de la Casa Tapón vuelve a llenarse de color. Donde hasta hace unas semanas se recordaba el hermanamiento cervantino con Azul, comenzará a contemplarse ahora la silueta de la Alcalá del siglo XVI. Una imagen distinta, un mensaje diferente y una nueva página en la historia visual de una de las plazas más emblemáticas de la ciudad.

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1 Comentario

  1. España, en general, nunca ha sido muy dada a conservar su patrimonio; hay pocas ciudades de la provincia de Madrid que conserven tanto de su centro histórico como Alcalá.
    Curiosamente, se lo debemos en gran parte a Franco. A Alcalá, antes y durante la guerra, se la conocía como Alcalá, la roja. Tras la guerra civil, los vencedores, siempre previsores, decidieron llenar Alcalá de cuarteles y cárceles, utilizando para ello gran parte de los edificios estatales del centro, que supongo que provenian de la desamortización. Acabaron destrozaitos por dentro, es cierto, pero si no hubiese sido así, en los 60 y 70 una ilustre pareja de «empleados» municipales de infausto recuerdo por su «nuevo Alcalá» entre muchos otros, habria concedido licencias para «urbanizar» al estilo de entonces esos edificios.

    La destrucción del mural existente y su sustitución por uno nuevo tan cuqui no deja de ser otra de nuestras tradiciones seculares ¡Semos asín!

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