-
Un engendro de cartel y unos apliques monstruosos, como síntomas de una sensibilidad estética y cultural hortera y pueblerina.

El paseo de hoy nos ha traído otra ocasión más de estupefacción en el ya convulso panorama cultural de nuestra ciudad. Suponemos que ustedes, también, se han dado cuenta de que han empezado a empapelar la ciudad con el cartel del festival de teatro Clásicos en Alcalá, diseñado por una inteligencia artificial generativa, tipo chat-GPT. No sabemos si se han fijado bien en semejante engendro chapucero, pero en lo que sí habrán reparado será en los apliques postizos que nuestras autoridades municipales, con su bizarro sentido de la estética y de la cultura, han endosado a las farolas fernandinas de la plaza para abrumar, aún más, y deslumbrar a la pobre caricatura de Cervantes –tan odiada por Unamuno– que la preside y que debe de estar preguntándose que qué habrá hecho ella para merecerse esos focos postizos tan cursis y horteras. Quienes sean los responsables de sendas burradas estéticas, nos parece, pueden cometer cualquier tropelía.
Que la IA es una herramienta que ha venido para quedarse está claro, que se utilice indiscriminadamente de un modo tan torpe y zafio resulta no solo lesivo para con los creadores, sean artistas o diseñadores gráficos especializados, sino que se convierte en una hiriente agresión a la sensibilidad de las personas mínimamente educadas estéticamente; pero cuando tal desmán y entuerto lo perpetran entidades públicas, que deberían preservarnos de tales agresiones y velar por nuestra integridad sensitiva y visual, todo viene a ser más penoso y descorazonador.
Cuando, conmocionados aún, nos hemos ido recuperando del golpe recibido, nos hemos hecho la misma pregunta, sin necesidad de palabras: «Si este es el nivel de sensibilidad artística que tienen los valedores de tales engendros: cartel y apliques, ¿qué cabe esperar de las manifestaciones artísticas que se anuncian o del concepto urbanismo que subyacen detrás?»
Esperamos y deseamos que los espectáculos, que los actores y las propuestas escénicas anunciadas sobrepasen el nivel del cartel que las anuncia: estamos seguros de que así será, porque, si no… Pero los que no deben de estar muy contentos, que digamos, son los artistas y los diseñadores gráficos, alarmados por el valor que dan nuestras autoridades autonómicas y municipales a su función social y a su pericia profesional. Los desatinos de la barbaridad gráfica que se nos presenta como cartel del evento, que los verdaderos artistas y diseñadores habrían evitado, sin duda, constituirán, en cambio, para esas mismas autoridades, meros detallitos sin importancia.
Que las luces y las sombras no sean coherentes, que varíen de una figura a otra, que el cielo sea el del atardecer, pero las sombras del primer plano sean nítidas y no esté nada claro de donde viene la luz; que la perspectiva del templete no coincide con la perspectiva de las losas del suelo, ni con los muñecos que hay al fondo; que las columnas tienen distinto diseño unas de otras; que las barandillas delanteras del templete han desaparecido, solo están las de detrás de los personajes; que las proporciones sean incoherentes; que Góngora y Calderón estén haciendo equilibrios sobre la barandilla de la bajada al retrete, por Dios, ¿no podían haberles buscado otro lugar? ¿Qué tendrá, además, que ver Góngora con el teatro?, es otra pregunta que queda en el aire, ¿no será que Chatgepeté lo ha confundido con Lope de Vega, y nuestros eximios representantes culturales del gobierno municipal también los han confundido? En fin, que todos los personajes tengan las mismas estúpidas expresiones carnavalescas (lo mismo, se nos ocurrió, han reciclado el cartel de los carnavales, o, también, puede ser que en esta edición no hay tragedias, ni melodramas, siquiera); que las piernas se vean retorcidas, como la del fantoche con bastón, o que lleven dos gorras, una en la mano y otra puesta, o que se les vean tres brazos derechos alzados, o brazos desparejados que se han olvidado de su portador y que muchos ondeen banderines rojigualdas, con una inclinación sospechosamente sincronizada, como en una “mani” de la plaza de Colón (menos mal que no gritan eso de “Perro Xanchez” y que no muestran del todo el saludo romano); que el fantoche que representa al rey lleve en sus ropajes estampada la flor de lis de los Borbones: bueno, quizás sea una licencia temporal o premonición; y que todo ello vaya trufado con esa estética totum revolutum, infantiloide y bobalicona, típica chatgepeté, seguro que todo esto son, para nuestras autoridades culturales, detallitos sin importancia (total para pueblo sin alcalde, como se suele decir, y pelillos a la mar).
— ¡Menos mal que todas las manos tienen cinco dedos!… Nos dijimos…
Así es, en efecto, y, entre tanto, para sus representaciones de fin de curso, seis pequeñas compañías de las escuelas de nuestra comarca, que no han encontrado un espacio municipal donde mostrar sus trabajos, porque se les ha denegado, han tenido que echar mano del escenario, siempre abierto, menos mal, de la sala Margarita Xirgu.
En fin, así se cuenta la historia de nuestro pueblo, que tiene alcaldesa y concejal de cultura, sí, pero como si no los tuviera. Descartamos la sabia y perita intervención de nuestra presidenta; ella está en otras cosas más importantes, como la historia de México.
















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a






