Madrid se levanta morada: crónica gráfica del 8M en las calles

Madrid volvió a teñirse de morado este 8 de marzo con una multitudinaria manifestación convocada por la Comisión 8M del Movimiento Feminista de Madrid bajo el lema “Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes”. La marcha recorrió el eje del Paseo del Prado desde Atocha hasta el entorno de Sevilla entre consignas contra el fascismo, la guerra y el patriarcado, en una jornada marcada por la diversidad de colectivos, el ambiente reivindicativo y la habitual discrepancia en cifras.

Foto de Ricardo Espinnosa Ibeas
  • Decenas de miles de personas marchan por el centro de Madrid en un 8M combativo que reivindica feminismo antifascista, derechos sociales y pacifismo.
  • Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY

Madrid volvió a teñirse de morado este 8 de marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer, en una jornada de movilización masiva que convirtió de nuevo a la capital en el principal escenario del feminismo en España. Convocada por la Comisión 8M del Movimiento Feminista de Madrid bajo el lema “Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes”, la manifestación recorrió el eje del Paseo del Prado congregando a decenas de miles de personas en una marcha que combinó reivindicación política, ambiente festivo y una fuerte carga simbólica.

La convocatoria arrancó a las 12:00 horas en la glorieta de Atocha, junto a la estación de tren y la plaza del Emperador Carlos V. Desde mucho antes, los accesos al metro de Estación del Arte ya mostraban la dimensión de la cita: grupos de amigas, asociaciones feministas, colectivos sindicales y activistas de distintos movimientos sociales iban llegando con pañuelos morados, banderas arcoíris y pancartas que reflejaban las múltiples causas que confluyen hoy en el movimiento feminista.

En las calles se mezclaban consignas clásicas del 8M con nuevas reivindicaciones. “Que tiemble el fascismo, aquí está el feminismo”, “Tocan a una, tocan a todas” o “No a la guerra” se repetían al ritmo de batucadas y aplausos mientras la marcha avanzaba lentamente entre paraguas rojos y morados que protegían de la lluvia intermitente. El frío madrileño no frenó una movilización que mantuvo un ambiente vibrante durante todo el recorrido.

La manifestación siguió el Paseo del Prado atravesando algunos de los lugares más simbólicos de la ciudad: Neptuno, la Plaza de la Lealtad, el entorno del Banco de España y el Círculo de Bellas Artes. Finalmente, tras más de dos horas de recorrido, la cabecera alcanzó las inmediaciones del metro de Sevilla, donde se leyó el manifiesto final.

Este año la movilización tuvo un marcado tono antifascista e internacionalista. El texto leído por las portavoces denunció el auge de la extrema derecha en Europa, las violencias racistas contra personas migrantes y la persistencia de la desigualdad estructural que afecta a las mujeres en ámbitos como el empleo, los cuidados o el acceso a la vivienda. También hubo referencias explícitas a conflictos internacionales y al rechazo a la guerra, con menciones a la situación en Palestina y a otros escenarios de tensión global.

Las paradas simbólicas a lo largo del recorrido marcaron algunos de esos mensajes. Frente a Neptuno se alzó la voz contra lo que las organizadoras definieron como “genocidio en Palestina”; en la Plaza de la Lealtad se denunciaron las violencias racistas; ante el Banco de España se reivindicó el derecho a la vivienda; y en el entorno del Círculo de Bellas Artes se reclamó la defensa de la sanidad y la educación públicas.

Las cifras de participación volvieron a mostrar la habitual divergencia entre fuentes. Las organizadoras estimaron la asistencia entre 150.000 y 165.000 personas, mientras que la Delegación del Gobierno y la Policía Nacional situaron la participación en torno a 24.000 manifestantes. Aun con la diferencia de cálculos, la movilización superó claramente a la otra marcha celebrada en Madrid ese mismo día, convocada por el Movimiento Feminista de Madrid desde Cibeles hasta Plaza de España, que reunió oficialmente unas 11.000 personas según datos policiales.

La jornada no estuvo completamente exenta de incidentes. Cerca del Ministerio de Igualdad y también al final del recorrido, un grupo de jóvenes vinculados a organizaciones ultras intentó provocar altercados infiltrándose en la manifestación. Según fuentes policiales, varios individuos encapuchados trataron de acercarse a la cabecera con pancartas y provocaciones verbales, lo que obligó a la intervención de agentes de la Policía Nacional.

Los agentes desalojaron rápidamente a los provocadores, practicando al menos catorce identificaciones y evitando que la situación escalara. La reacción de las manifestantes fue inmediata: cánticos de “Fuera fascistas de nuestras manifestaciones” y “A los fascistas no les tenemos miedo” resonaron entre la multitud mientras la marcha continuaba su desarrollo con normalidad.

Más allá de ese episodio puntual, la jornada discurrió con un ambiente de movilización amplia y plural. En la marcha pudieron verse colectivos feministas históricos, organizaciones sindicales, asociaciones vecinales, estudiantes, activistas LGTBIQ+ y numerosos grupos de jóvenes que acudían por primera vez a una manifestación del 8M.

También hubo presencia visible de responsables políticos de formaciones como PSOE, Sumar y Podemos, que se sumaron a la movilización para mostrar su respaldo a las reivindicaciones feministas. Su presencia, no obstante, quedó diluida en una convocatoria donde el protagonismo volvió a recaer principalmente en el movimiento social y en las miles de mujeres que sostienen cada año la organización de esta jornada.

Las imágenes captadas por el fotógrafo Ricardo Espinosa Ibeas reflejan bien el mosaico humano de la marcha: mujeres de distintas generaciones levantando el puño tras una pancarta morada, jóvenes documentando la movilización con sus cámaras, activistas alzando la voz con micrófono en mano o manifestantes portando carteles reivindicativos que mezclaban ironía, indignación y esperanza.

Entre ellas también se vieron mensajes que subrayaban el carácter colectivo del movimiento: “Me cuidan mis amigas y no la policía”, “Feministas antifascistas” o consignas escritas sobre la piel que convertían los cuerpos en espacio de protesta.

En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, debates sobre derechos reproductivos y el auge de discursos reaccionarios en distintos países, la movilización del 8M de 2026 en Madrid volvió a demostrar la capacidad del feminismo para llenar las calles y articular un espacio de reivindicación transversal.

Un año más, la capital se convirtió en una gran marea morada que avanzó entre consignas, música y pancartas recordando que, para muchas de las personas presentes, el feminismo sigue siendo no solo una causa política, sino también una forma de comunidad y de resistencia compartida.

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