Marshall Flash: “Relativa Sencillez” o el arte de empezar de nuevo sin dejar de ser uno mismo

El músico alcalaíno Marshall Flash da un paso decisivo con Relativa Sencillez, su primer trabajo en solitario tras su etapa al frente de Royal Flash. En una conversación cercana con ALCALÁ HOY, el artista se muestra en su mejor momento, rodeado de su nueva banda y con una propuesta que combina música, streaming y una identidad propia cada vez más definida. Un proyecto nacido desde la libertad creativa y el compromiso absoluto con su forma de entender la música.

  • Marshall Flash debuta en solitario con Relativa Sencillez, consolidando su evolución musical entre el directo, el streaming y una identidad artística propia.
  • Crónica gráfica y vídeo de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY

Hay artistas que lanzan discos y hay artistas que, en el momento de hacerlo, deciden también cambiar el rumbo de su propia historia. Miguel Ángel Marshall, Marshall Flash para quien ya lo sigue desde hace años, pertenece claramente a este segundo grupo. No llega a la entrevista con la actitud de quien promociona un trabajo más, sino con la convicción de quien ha tomado una decisión importante: dejar de esperar el momento perfecto y empezar a construirlo por sí mismo. “Siempre estamos en el mejor momento, porque el mejor momento es ahora. O lo haces o no lo haces”.

Su primer álbum en solitario, Relativa Sencillez, no se presenta como una ruptura estridente con el pasado, sino como una evolución consciente, meditada y profundamente personal. Es el resultado de un proceso en el que se mezclan memoria, riesgo, aprendizaje y, sobre todo, una necesidad muy clara de afirmación artística. Porque este disco no es únicamente una colección de canciones: es una forma de decir “este soy yo ahora” sin necesidad de pedir permiso.

Para comprender el alcance de este nuevo proyecto es imprescindible situarlo en su contexto. Antes de convertirse en Marshall Flash en solitario, Miguel Ángel Marshall fue el alma de Royal Flash, una banda nacida en Alcalá de Henares que logró consolidarse dentro de la escena con un sonido reconocible, un directo sólido y una trayectoria que les llevó a actuar no solo en el circuito local, sino también fuera de España.

Aquella etapa dejó una huella evidente, tanto en el propio músico como en quienes le han seguido desde entonces. Royal Flash fue aprendizaje colectivo, identidad compartida y crecimiento artístico en grupo. Fue, en definitiva, el terreno donde se forjó el músico que hoy da este paso adelante. Y eso no desaparece. De hecho, él mismo lo reconoce sin ambages: su manera de entender la música, la energía del directo e incluso ciertas decisiones estéticas siguen conectadas con ese pasado . “He dejado cosas atrás, pero más que un cambio ha sido una transformación. Sigo haciendo lo mismo de siempre, pero a mi manera”.

Sin embargo, también había una inquietud que llevaba tiempo creciendo. La necesidad de tomar decisiones sin depender de consensos, de marcar una dirección sin tener que negociar cada giro creativo, de asumir el vértigo de equivocarse en primera persona. En una banda, la creación se reparte; en solitario, se asume. “Al final dije: quiero hacerlo así. Y si tengo que hacerlo yo solo, lo hago”.

Este cambio no implica renegar de Royal Flash, sino integrarlo como parte de un recorrido que ahora continúa desde otro lugar. Marshall no rompe con su pasado: lo absorbe, lo transforma y lo proyecta hacia una nueva etapa donde la autoría es total y la responsabilidad también.


Los Hijos de la Electricidad: una banda que no acompaña, empuja

Ahora bien, que el proyecto sea personal no significa que sea solitario en todos los sentidos. En el escenario, Marshall Flash se apoya en Los Hijos de la Electricidad, una banda que no funciona como mero acompañamiento, sino como una pieza fundamental en la construcción del directo.

Formada por José David Blanco, César Romero, Fran Hita y Juan M. Sáez, esta formación aporta algo que ningún proyecto individual puede generar por sí solo: tensión compartida, lectura colectiva y capacidad de expansión sonora. Las canciones, concebidas desde una mirada íntima, adquieren en directo una dimensión más amplia, más física, más viva.

Lo interesante aquí es el equilibrio. Marshall lidera el proyecto, define su identidad y toma las decisiones clave, pero al mismo tiempo entiende que la música crece cuando se comparte. En ese sentido, Los Hijos de la Electricidad no son un simple soporte instrumental, sino un vehículo que permite que las canciones respiren, evolucionen y se transformen frente al público. Ese tránsito de lo individual a lo colectivo es, probablemente, uno de los elementos más ricos de esta nueva etapa.

El título del disco podría interpretarse como una invitación a lo inmediato, a lo accesible, a lo ligero. Sin embargo, basta escuchar el álbum, y conversar con su autor para entender que estamos ante una idea mucho más compleja de lo que aparenta.

“Relativa Sencillez” es, en realidad, una declaración estética que atraviesa todo el proyecto. Surge de manera casi accidental, en una conversación con el productor Santi Fernández, pero acaba cristalizando en un concepto que define tanto el sonido como la imagen del disco. Porque todo en este trabajo responde a esa lógica: lo que parece sencillo está cuidadosamente trabajado; lo que parece espontáneo es fruto de una decisión.

Marshall lo explica como el acto de tomar algo aparentemente cotidiano y dotarlo de una intención que lo convierte en propio . No se trata de complicar por complicar, sino de encontrar el punto exacto donde la naturalidad y el criterio se equilibran. “Son cosas sencillas, pero no tanto. Todo parece fácil, pero tiene su vuelta. Ahí está la ‘relativa sencillez’”.

Ese enfoque se percibe en la estructura de las canciones, en la producción, en la estética visual y en la manera en la que cada tema se presenta al público. No hay exceso. No hay artificio gratuito. Hay una búsqueda constante de coherencia.


Un proyecto total: todo pasa por sus manos, todo lleva su sello

Si algo sitúa a Marshall Flash en una posición singular dentro del panorama actual es su capacidad para moverse con naturalidad entre distintos formatos sin perder identidad. A su faceta como músico se suma una presencia muy activa en Twitch, donde ha desarrollado un formato de creación en directo que funciona tanto como laboratorio artístico como espacio de conexión con su comunidad.

Lejos de ser un complemento anecdótico, el streaming se ha convertido en una extensión de su proceso creativo. En sus emisiones, construye canciones desde cero, interactúa con quienes le siguen y muestra una versión del artista que rara vez se veía en generaciones anteriores. Esa exposición constante tiene un riesgo evidente, no hay margen para el artificio, pero también una recompensa clara: autenticidad. “Después de tantas horas en directo no puedes fingir. Al final la gente ve quién eres de verdad”.

Este trabajo ha sido reconocido con el premio a mejor streamer musical en el Euskal Encounter 2025, consolidando una propuesta que combina música y creación digital de forma orgánica. Además, su visibilidad se ha ampliado tras ser destacado por Ibai Llanos, quien lo descubrió en pleno directo y valoró públicamente su talento, actuando como altavoz de su proyecto.

A esto se suma su presencia en medios como RTVE 24 Horas, donde ha comenzado a proyectarse más allá del circuito independiente. Todo ello configura un perfil que no responde al modelo tradicional de músico, sino al de creador contemporáneo que entiende y utiliza los canales actuales para construir su carrera.

Detrás de Relativa Sencillez hay mucho más que canciones. Hay estructura, planificación y una implicación directa en prácticamente todas las fases del proceso. Marshall no se limita a componer e interpretar; también decide, coordina y ejecuta aspectos que van desde la producción hasta la distribución.

Él mismo describe esta etapa como un “abanico muy bestia” de decisiones , una expresión que resume bien la magnitud del reto asumido. Sin embargo, lejos de percibirse como una carga, este control se traduce en algo fundamental: coherencia. “Tengo que decidirlo todo: la música, los vídeos, la web… todo. Pero también es lo bonito, porque todo es mío”.

Cada elemento del proyecto responde a una misma visión. La música, la imagen, los videoclips y la narrativa forman parte de un conjunto que tiene sentido en su totalidad. No hay piezas desconectadas. Todo suma. Esa voluntad de tratar cada canción como un universo propio se refleja también en el cuidado del apartado visual. Los videoclips, realizados junto a creadores como Aleko Álvarez o Diana Giotti, no son un añadido, sino una parte esencial del discurso artístico.

Al final de la conversación queda una sensación clara: este disco no cierra nada, lo abre todo. Después de años de trabajo, de pruebas, de intentos y de preparación, Marshall Flash ha construido algo tangible, algo que existe y que puede crecer.

El concierto del 23 de abril en Madrid será una primera prueba en directo de este nuevo capítulo, al que seguirán otras fechas, con Alcalá de Henares como parada inevitable. Pero más allá de las citas concretas, lo que realmente importa es la dirección.

Porque Marshall ha dejado de esperar el momento adecuado para empezar a actuar como el artista que quiere ser. “Esto ya existe. Ya está aquí. Y ahora hay que defenderlo”. Y eso, en un entorno donde la inercia y la repetición suelen marcar el ritmo, no es solo una decisión valiente. Es, probablemente, el inicio de algo importante.

ALCALÁ HOY agradece al Hotel PCM Forum Alcalá las facilidades y la cesión de sus espacios para la realización de esta entrevista.

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