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La bendición de San Antón reunió a familias, mascotas y autoridades en una mañana entrañable que volvió a reivindicar tradición y convivencia en Alcalá.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
La calle Mayor volvió a hacer de pasarela sentimental, de alfombra de adoquines para una de esas tradiciones que explican una ciudad mejor que cualquier discurso institucional. La Bendición de Animales en honor a San Antonio Abad reunió este domingo a cientos de alcalaínos y alcalaínas con sus amigos peludos, confirmando que San Antón no es solo una cita del calendario religioso, sino una celebración cívica, popular y profundamente emocional.
Desde primera hora, el entorno del histórico Hospital de Antezana fue llenándose de vida: correas tensas, transportines curiosos, jaulas discretas y algún que otro relincho que recordaba que, aquí, los caballos siguen teniendo rango de protagonistas. Y todo ello bajo una atmósfera que mezclaba, música tradicional y ese murmullo tan reconocible de las mañanas grandes en Alcalá.
La jornada había arrancado a las 12:00 horas con la Misa de Hermandad en el convento de las Carmelitas Descalzas de Nuestra Señora de la Concepción, en la calle Imagen, presidida por el obispo complutense D. Antonio Prieto y concelebrada por el vicario general. El templo, lleno, evidenciaba que la devoción sigue viva y bien enraizada. Tras la eucaristía, la imagen de San Antón fue trasladada en procesión hasta la calle Mayor, acompañada por la música tradicional del grupo Pliego de Cordel, que puso banda sonora a un ritual que se repite, pero nunca se gasta.
La bendición, una a una, sin prisas
A las 13:15 comenzó el momento más esperado. Frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, el obispo fue bendiciendo uno a uno a los animales. Primero las caballerías menos numerosas este año, en parte por el recuerdo del frío y la inestabilidad meteorológica del día anterior, y después una interminable y entrañable sucesión de mascotas: perros de todas las razas imaginables, gatos con mirada filosófica, conejos nerviosos, hámsteres curiosos, tortugas pacientes y aves que parecían entender perfectamente dónde estaban.
Cada bendición venía acompañada del tradicional panecillo del santo, ese pequeño símbolo que muchos guardan durante todo el año como amuleto doméstico y otros no dudan en ofrecer al animal bendecido, cerrando el círculo entre fe, costumbre y afecto.
El dispositivo de seguridad, coordinado por Policía Local y Protección Civil, permitió que todo transcurriera con fluidez y sin sobresaltos, algo especialmente importante durante el paso de los caballos, que entraron en la calle Mayor desde la plaza de los Santos Niños, guiados con precisión.
Presencia institucional… y muy familiar
Entre las autoridades, destacó la presencia de la alcaldesa Judith Piquet, que acudió al acto acompañada de Choco, un cachorro de apenas cinco meses que vivía su primer San Antón y que no pasó desapercibido entre cámaras y caricias. La propia alcaldesa lo explicaba con naturalidad, micrófono en mano, subrayando el valor de esta tradición y el vínculo emocional que muchas familias mantienen con sus animales, auténticos miembros del hogar
Junto a ella estuvieron el concejal de Fiestas y Tradiciones Populares, Antonio Saldaña, así como otros miembros de la Corporación municipal de PP, VOX y PSOE, en una imagen coral que refuerza el carácter transversal de la cita.
Saldaña subrayó que la Bendición de Animales es “uno de los eventos más entrañables del calendario festivo local”, una definición que encaja como anillo al dedo a una mañana donde lo institucional queda en segundo plano frente a lo humano… y lo animal.
Tradición que se hereda
La Hermandad de San Antón, presidida por Antonio Sánchez Trillo, volvió a demostrar músculo organizativo y continuidad. Durante la misa se produjo el relevo en el cargo de hermano mayor y se recordó de forma especial a un miembro fallecido recientemente, gestos que conectan pasado y presente, y que explican por qué esta celebración no es una postal congelada, sino una tradición viva.
Algo más de una hora después, cuando la última mascota recibió su bendición y la calle Mayor empezó a recuperar su pulso habitual, quedaba la sensación de haber asistido a algo sencillo y, precisamente por eso, valioso. San Antón volvió a cumplir: reunió a la ciudad, mezcló generaciones, sacó sonrisas y recordó que, en Alcalá, las tradiciones no se miran… se viven.























