
- Saldaña habla de odio y tribunales; Más Madrid replica con neutralidad, seguridad fallida y acusa al Gobierno municipal de desviar responsabilidades políticas.
Lo que empezó como una Cabalgata de Reyes, luces, caramelos y público infantil, ha acabado convertido en un cruce de comunicados, acusaciones cruzadas y un debate político de alto voltaje sobre ideología, seguridad, libertad de expresión y, ya puestos, posibles delitos de odio. En el centro del huracán, el concejal de Fiestas y Tradiciones Populares, Antonio Saldaña, que ha acusado a Más Madrid Alcalá de “señalamiento ideológico” contra un colectivo Provida cuya carroza apareció vandalizada tras el desfile. Al otro lado, Más Madrid Alcalá, que niega cualquier relación entre su crítica política y los destrozos, y contraataca señalando fallos de seguridad municipal y “una maniobra ruin y mezquina” del Gobierno PP-Vox.
Saldaña no se ha quedado corto. Para el edil, la secuencia es clara: primero, críticas públicas de Más Madrid a la presencia de una asociación provida en la Cabalgata; después, una carroza “irrecuperable” tras sufrir graves destrozos en dependencias municipales. A su juicio, no se trata de una casualidad ni de un hecho aislado. El concejal sostiene que señalar públicamente a un colectivo legal por sus convicciones en un evento infantil “genera un clima de hostilidad” que puede desembocar en actos de vandalismo o violencia.
El salto cualitativo llega cuando Saldaña introduce el Código Penal en la ecuación y habla abiertamente de posibles indicios de delito de odio. Sin acusar directamente a nadie de cometer el acto vandálico, sí apunta a la necesidad de analizar si determinadas declaraciones públicas, en concreto, de la portavoz de Más Madrid, pudieron cruzar “límites” y acarrear responsabilidades legales. El Ayuntamiento, anuncia, consultará a expertos en derecho penal para evaluar el caso.
El mensaje político es inequívoco: las palabras importan, y quien critica puede acabar, aunque sea indirectamente, alentando consecuencias indeseables. Un argumento contundente, de esos que convierten una polémica local en un debate de alcance mayor sobre libertad de expresión, responsabilidad política y causalidades peligrosamente elásticas.
Más Madrid: “El fallo es de seguridad, no de ideología”
La respuesta de Más Madrid Alcalá ha sido inmediata y, desde luego, nada conciliadora. El grupo municipal lamenta y condena el acto vandálico, sin matices, pero rechaza de plano cualquier vinculación entre su crítica política y los destrozos. Para la formación, el problema no es ideológico sino de gestión: la carroza estaba en un recinto municipal, el Parque de Servicios, y quien debía garantizar su seguridad era precisamente el concejal que ahora señala a la oposición.
En su comunicado, Más Madrid recuerda otros episodios recientes: incursiones nocturnas y destrozos en la Ciudad Deportiva, e incluso un robo de documentación sensible en dependencias de Recursos Humanos. Todo ello para sostener una idea central: el Gobierno municipal presume de seguridad, pero no protege adecuadamente sus propias instalaciones.
La portavoz del grupo, Rosa Romero, eleva el tono político y sitúa el debate en otro plano. Defender la neutralidad de una Cabalgata financiada con dinero público, sostiene, es parte del legítimo ejercicio de la oposición. Criticar la visibilización de agendas antiabortistas en un evento infantil no solo es legal, sino una obligación democrática. Vincular esa crítica con un acto vandálico cometido por terceros, añade, es “ruin y mezquino”.
Neutralidad, aborto y líneas rojas
Más Madrid aprovecha la polémica para ampliar el foco. La discusión ya no va solo de una carroza destrozada, sino del uso de recursos públicos para promover determinados mensajes ideológicos. Para la formación, la Cabalgata debe ser un espacio neutral, de encuentro para todas las familias, especialmente para la infancia. Y desde ahí lanza preguntas incómodas al Gobierno PP-Vox: ¿condenan el acoso a mujeres a las puertas de clínicas abortivas? ¿Pretenden blanquear a colectivos que niegan la libertad de las mujeres sobre su propio cuerpo?
La réplica incluye, además, un giro hacia la política regional y nacional, señalando a Isabel Díaz Ayuso por obstaculizar el derecho al aborto en la sanidad pública y recordando que el Ministerio de Sanidad llevará el asunto a los tribunales. Un movimiento que, más allá del caso concreto de Alcalá, busca encuadrar la controversia en una batalla ideológica más amplia.
El comunicado de Más Madrid concluye acusando al Gobierno municipal de hipocresía en materia de seguridad. Recuerda que PP y Vox rechazaron en el último Pleno personar al Ayuntamiento en juicios por robos y hurtos, desechando 800 firmas vecinales de Espartales que también pedian esa medida, y que también se opusieron a medidas que funcionan en municipios como Rivas. Frente a la falta de recursos alegada entonces, contraponen el gasto de dinero público en acciones judiciales contra la propia oposición por tuits o críticas políticas.
La palabra “mordaza” aparece como colofón, dibujando un escenario en el que el Ejecutivo local no soportaría la libertad de expresión de la oposición y preferiría judicializar el conflicto antes que asumir responsabilidades de gestión.
Una Cabalgata sin inocencia política
El resultado es una polémica de largo recorrido, en la que cada parte refuerza su relato: el Gobierno habla de convivencia, pluralidad y límites del discurso político; la oposición, de neutralidad, libertad de crítica y fallos de seguridad. Entre medias, una carroza destrozada que ya no desfilará más y una Cabalgata de Reyes que ha perdido, al menos este año, parte de su inocencia.
Porque en Alcalá, como en tantos otros lugares, hasta los Reyes Magos han acabado atrapados en la trinchera política. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es quién tiene razón, sino quién consigue que su versión cale más allá del ruido.
















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