- Los Reyes Magos Gigantes visitan el Hospitalillo y regalan música, bailes y emoción a sus residentes días antes de la Cabalgata alcalaína.
- Crónica grafica y videos de Ricardo Espinosa para ALCALÁ HOY
A dos días de la Cabalgata, cuando la ciudad ya huele a víspera, a ilusión y a campanillas imaginarias, los Reyes Magos Gigantes hicieron una parada muy especial en el corazón más antiguo, y más tierno, de Alcalá. Este sábado 3 de enero, Melchor, Gaspar y Baltasar cruzaron la calle Mayor para adentrarse en el llamado Hospitalillo, donde viven 23 personas mayores que conocen bien el valor de las visitas que no salen en los programas oficiales.
No es habitual ver a Sus Majestades atravesando el patio porticado de esta institución benéfica. De hecho, hubo que rebobinar la memoria hasta enero de 2016 para encontrar la última ocasión en la que los Reyes Gigantes pisaron ese empedrado cargado de siglos. Este año han vuelto, cerrando allí el recorrido municipal por los barrios iniciado en diciembre, pero lo han hecho sin alboroto ni séquito completo: solo los tres gigantes reales, suficientes para llenar de música, movimiento y sonrisas el patio mudéjar.
La visita, ya organizada y acompañada por el personal de la residencia de la Fundación Hospital de Antezana, permitió a las y los residentes disfrutar de los bailes y saludos reales, animados por la siempre fiel Comparsa La Complutense. Desde la balaustrada superior, una decena de personas siguió el espectáculo con calma, como quien mira pasar una tradición que ya es parte de su propia biografía.
En el patio del pozo, mientras tanto, la escena se volvía casi doméstica. El gestor turístico Enrique Pérez repartía galletas y rosquillas entre residentes y comparseros, mezclando conversación, recuerdos y risas. Fue un encuentro cercano, sin prisas, con ese punto de humanidad que no se ensaya. El único representante municipal presente fue el concejal de Festejos y Tradiciones Populares, Antonio Saldaña, en un acto que no necesitaba discursos para decirlo todo.
El edificio que acogió esta escena no es uno cualquiera. Situado en la calle Mayor número 46, pared con pared con la Casa Natal de Cervantes, el antiguo hospital fue fundado en 1483 por Luis de Antezana e Isabel de Guzmán con una vocación clara: la atención gratuita a los enfermos humildes. Desde entonces, y sin interrupción, la institución ha mantenido su labor social, gobernada por una Junta de Caballeros y adaptándose a los tiempos sin perder su esencia.
Hoy funciona como residencia de mayores y, aunque su reducido número de camas hizo que se le conociera popularmente como el hospitalillo, en 2022 la Fundación adquirió el edificio contiguo, antiguamente habitado por las Siervas de María, para integrarlo en el complejo y duplicar su capacidad. Un paso más para seguir cumpliendo, más de cinco siglos después, con la misma misión con la que nació.
Así, entre gigantes que bailan despacio y residentes que aplauden desde la memoria, los Reyes Magos dejaron algo más que una visita: dejaron constancia de que hay tradiciones que, cuando se viven cerca, pesan más que cualquier cabalgata.

















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