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La ONCE prendió la hoguera dedicada a la soledad no deseada en una celebración histórica que volvió a unir tradición, reflexión social y comunidad en Alcalá.
- Crónica gráfica y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
Alcalá de Henares volvió a encontrarse consigo misma alrededor del fuego. No fue una hoguera cualquiera ni un simple ritual festivo, sino una de esas tradiciones que, año tras año, funcionan como un espejo colectivo. La Hoguera de Santa Lucía regresó este viernes 13 de diciembre al entorno de la ermita homónima, frente a la Catedral Magistral, para recordar que las tradiciones no solo se celebran: también se piensan, se resignifican y se viven.
Cientos de vecinos y vecinas, representantes de asociaciones culturales y miembros de la Corporación municipal se dieron cita en una tarde fría, pero cargada de simbolismo. Una vez más, el fuego purificador sirvió para despedir lo negativo del año que termina y encarar el nuevo con un mensaje compartido. En esta edición, ese mensaje fue claro y contundente: combatir la soledad no deseada, una realidad silenciosa que atraviesa edades, barrios y circunstancias.
Una tradición ancestral que sigue hablando al presente
La celebración, organizada por la Asociación Cultural Hijos y Amigos de Alcalá, comenzó como manda la tradición: con la recepción oficial de los grupos participantes y un animado pasacalles desde la calle Mayor. Dulzaineros y música popular acompañaron el recorrido hasta la explanada de la ermita de Santa Lucía, donde aguardaba el gran protagonista simbólico de la jornada: el “trasto”, la construcción alegórica que cada año representa aquello de lo que Alcalá desea desprenderse antes de iniciar un nuevo ciclo.
No se trataba de un objeto cualquiera. Este año, el trasto estaba formado por sillas vacías. Una imagen sencilla, pero poderosa, que hablaba sin necesidad de demasiadas explicaciones: ausencias, silencios, mesas incompletas, vidas que transcurren sin compañía. La elección no fue casual ni estética, sino profundamente social.
Durante el acto, la presidenta de Hijos y Amigos de Alcalá, Mari Carmen Díaz, contextualizó el sentido histórico de la hoguera, recordando que se trata de una de las tradiciones populares más antiguas de la ciudad, con posibles raíces en el siglo XIII, coincidiendo con la existencia documentada de la ermita. Una celebración que bebe tanto del cristianismo, en torno a Santa Lucía, símbolo de la luz, como de antiguos rituales paganos vinculados al solsticio de invierno.
De los trastos viejos a los males sociales
Díaz evocó cómo, hasta bien entrados los años sesenta del siglo pasado, los vecinos acudían a la hoguera con muebles rotos, objetos inservibles y enseres viejos que eran arrojados al fuego. No era solo una limpieza doméstica, sino una purificación simbólica colectiva. “Quitarse de encima lo viejo, lo inútil y lo indeseable”, resumió.
La tradición fue recuperada en 1996 por Hijos y Amigos de Alcalá, siguiendo las indicaciones del recordado José García Saldaña, con una adaptación clave: desde entonces no se queman trastos al azar, sino un único elemento simbólico que representa un problema social, emocional o colectivo. De este modo, la hoguera dejó de ser solo un ritual heredado para convertirse en un acto de reflexión compartida.
En 2025, la asociación decidió poner el foco en la soledad no deseada, una realidad cada vez más visible y, a la vez, más invisibilizada. “Las sillas vacías representan ese vacío que cualquiera puede sentir en algún momento de su vida”, explicó Díaz, subrayando que no se trata de un problema exclusivo de las personas mayores, sino de una cuestión transversal que afecta también a jóvenes, personas con discapacidad, migrantes o quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
La ONCE, prendedora de una hoguera inclusiva
Como marca la tradición, la hoguera contó con un “honrado prendedor”, figura reservada cada año a una persona o entidad destacada por su compromiso social. En esta edición, el reconocimiento recayó en la delegación de la ONCE en Alcalá de Henares, representada por su directora, Irene Pascual.
La elección no fue casual. Santa Lucía es patrona de la vista y, por extensión, una figura profundamente ligada al imaginario y a la historia de la ONCE. Durante su intervención, Pascual agradeció emocionada el nombramiento y destacó el valor de la hoguera como espacio de encuentro y comunidad.
“La llama que hoy encendemos no es solo fuego”, afirmó, “es una llamada a dejar atrás lo que pesa, a mirarnos más y a cuidarnos mejor”. Pascual reivindicó una Alcalá “accesible, sin barreras, viva y orgullosa de sus tradiciones”, recordando que la inclusión no es un gesto puntual, sino una tarea diaria.
Sus palabras conectaron con el espíritu del acto, marcado por la serenidad y la reflexión, pero también por la voluntad de celebrar. Porque la hoguera de Santa Lucía no es un funeral simbólico, sino una despedida activa de aquello que no queremos arrastrar al nuevo año.
Alcalá, tradición, institución y comunidad
El turno institucional lo cerró la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, quien puso en valor el papel de Hijos y Amigos de Alcalá en la conservación y actualización de las tradiciones locales. La regidora destacó el esfuerzo sostenido de la asociación desde 1996 para mantener viva una celebración que forma parte del ADN cultural de la ciudad.
Piquet subrayó además el simbolismo del mensaje elegido este año y deseó “un futuro con menos oscuridad y más esperanza”, apelando a la luz como elemento identitario de Alcalá. La alcaldesa tuvo también palabras de reconocimiento para la ONCE y para Irene Pascual, a quienes definió como un ejemplo de integración y compromiso social.
El acto contó con la presencia de la teniente de alcaldesa Isabel Ruiz Maldonado y de los concejales Antonio Saldaña, Pilar Cruz y Esther de Andrés, así como con representantes del PSOE, encabezados por su portavoz municipal, Javier Rodríguez Palacios, junto a María Aranguren, Enrique Nogués y Miguel Carlos Castillejo, en una imagen de respaldo plural a una tradición compartida.
La alcaldesa agradeció igualmente la colaboración del concejal de Fiestas y Tradiciones Populares y el trabajo de los Bomberos del Parque 22 ,en el año de su 50 aniversario, la Policía Local y Protección Civil, cuya presencia garantizó el desarrollo seguro del evento.
Antes del encendido final, Piquet animó a los vecinos y vecinas a “dejar atrás todo lo malo de 2025” y a iniciar el nuevo año guiados por la luz de Santa Lucía, deseando salud y felices fiestas.
Cuando el fuego habla de futuro
Con el encendido de la hoguera a cargo de Irene Pascual, las llamas envolvieron las sillas simbólicas mientras la música tradicional volvía a sonar. El fuego consumió la madera, pero también activó algo más difícil de medir: una sensación compartida de pertenencia, de comunidad y de continuidad.
La Hoguera de Santa Lucía volvió a demostrar que las tradiciones no son piezas de museo, sino herramientas vivas para pensar el presente. En una sociedad acelerada y fragmentada, Alcalá se permitió, una vez más, detenerse alrededor del fuego para mirarse, reconocerse y desearse algo mejor.
Y mientras las llamas se apagaban poco a poco, quedaba la certeza de que, al menos por una noche, nadie estuvo solo alrededor del fuego.























