El franquismo de cada cual | Por Pilar Blasco

Desde la experiencia vivida y sin nostalgia impostada, Pilar Blasco recorre su memoria personal del franquismo, la posguerra y la Transición para cuestionar los relatos oficiales y reivindicar la complejidad de los recuerdos individuales frente a la historia legislada. Las opiniones publicadas reflejan la voz de sus autores en el marco del debate plural que ALCALÁ HOY promueve.

Fotocomposición de Pedro Enrique Andarelli
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Este año de memoria histórica o democrática según se mire, la celebración del cincuentenario de la democracia, sólo los viejos podemos hablar y escribir de primera mano. Demostrando con testimonios que la memoria no es historia y que cada cual tiene la suya, teñida de sentimientos, recuerdos y nostalgias propias. Dicen que la intrahistoria es más fiel que la verdadera, la que recoge y expone los datos neutral e impersonalmente. Yo creo que no. Se puede componer un puzle con las memorias personales, incluso con las de segunda mano. Se pueden dictar leyes que la controlen o pretendan controlarla, prohibiendo -sobre todo prohibir- la narración pública de ciertos periodos haciendo paréntesis temporales a conveniencia, borrando señales, monumentos, nombres, celebraciones, libros, testimonios, etc. Se puede. Sí se puede.

Chaves Nogales – A sangre y fuego– entre otros, es un ejemplo de narrador episódico con los que llegar a percibir el horror, la piedad, el heroísmo, la crueldad, el valor y otros sentimientos de una historia a otra, todas ellas del mismo periodo de guerra, al parecer todos reales, contados por testigos y protagonistas. Lo mismo pasa con el franquismo. Pues no nos engañemos, la llamada celebración de cincuenta años de democracia es una rememoración del franquismo, con intención de inclinar la balanza hacia el lado “correcto” el deseado por el nuevo régimen. De destacar los males de la patria a partir de la guerra civil hasta la muerte de Franco y las bonanzas a partir de entonces. El relato que oficialmente se transmite en los medios con más o menos aspecto de neutralidad técnicamente perfecta.  Pero como suele ocurrir -lo dicen los críticos literarios- los relatos cobran vida propia y se transforman en lo inesperado una vez salen de la pluma del autor.

Así, el público de cierta edad se ha lanzado, yo también por contagio, por no ser menos, a contar sus historias de la posguerra, que es el franquismo en sus dos o tres etapas. Del periodo democrático, el de las elecciones y el bipartidismo hay menos testimonios, quizá porque para los mayores es historia reciente, ya se sabe, los efectos están al alcance de la mano. Los recuerdos y experiencias más vivos aun distantes en el tiempo son los de la infancia y juventud. Los más queridos, los más adulterados y traicionados por los sentimientos primarios. Hay que alejarse y relativizar mucho para llamar historia a esa mezcla de realidad, penas y alegrías, deseos y olvidos.

Tengo unos años más que el director de este periódico, que con su prosa excelente ha publicado en estas páginas al menos dos artículos relativos al tema, derivados de su memoria, naturalmente. En ellos se cuentan hechos vividos tal como los vivió él, acompañados de sus sensaciones, por supuesto. Su percepción de la realidad en la que podemos coincidir los contemporáneos, nunca plenamente. He leído aquí y allá otras opiniones (opinión tampoco es historia ni memoria) de gente más joven, imposible de comparar su experiencia con la nuestra, cualquier tiempo pasado no fue ni mejor ni peor, sino diferente. Como ven, una vez más, mis preámbulos y digresiones me alejan de mi intención, en este caso contar mi franquismo.

Mis primeros recuerdos son felices en aquella España que después me enteré que fue muy mala y yo me lo creí, hasta que de nuevo dejé de creer que era tan mala. Igual que consideré en un principio que la democracia española del 75 era el mejor de los mundos, el sistema ideal de gobierno y convivencia y hoy en día no pienso igual.  Es mi percepción de la realidad. Es lo que tienen los muchos años cumplidos, los ojos y oídos abiertos, lo que produce esos vaivenes  mentales y forjan el criterio y las preferencias ideológicas de cada cual. La actitud contraria es vivir con las primeras ideas y no separarse de ellas hasta la muerte. El más cómodo y seguro, el refugio ideológico que lo justifica todo. Casi que lo envidio.

En aquella España de los 50 yo era feliz. En la austeridad material, la sobriedad en el trato, la escuela primaria de los cachetes y pescozones, las travesuras y las riñas sin consecuencias, las calles y los campos para correr y jugar, las incomodidades domésticas, el frío y el calor sin paliativos, el catecismo, el pecado, la enciclopedia Álvarez y la inolvidable guerra civil, tan reciente, como fondo en las conversaciones de los mayores. Cada cual tenía su guerra en la memoria y en el corazón. Éramos felices, creo que lo éramos; tampoco nos lo cuestionábamos ni se analizaban las cosas como ahora. En las calles y en las aulas convivíamos los hijos de republicanos y nacionales, rojos y azules, comunistas y fachas. Era lo que había.

No todo el mundo era feliz, por supuesto. Habían pasado muchas cosas muy graves, en mi familia también. Todos habíamos sufrido de uno u otro modo los efectos de la guerra. Familias con verdaderas tragedias y terribles ausencias, narradas en las conversaciones familiares a media voz junto al fuego del hogar que era ya la cocina de carbón. Pero éramos niños, con esa coraza que los niños se fabrican sin saberlo contra la adversidad. La memoria edulcorada por la inconsciencia y las ganas de jugar. Éramos de la posguerra, también ese concepto lo aprendí después y desde entonces me situé en la historia de España.

Mi juventud de los 60-70 fue de guateque y minifalda. El pecado se había atenuado en nuestras conciencias y en las de la misma Iglesia. Fumábamos mucho, por moda y por ignorancia. Estudiábamos mucho, los que podíamos estudiar. Colegios internados para los chavales de pueblo donde perdíamos nuestra libertad a cambio del bachillerato de ciencias o letras.. Escuelas profesionales de donde salían técnicos como churros a la industria naciente.  Becas para alumnos inteligentes de familias menos afortunadas Viviendas protegidas para esas familias. Pueblos de nueva creación en el medio rural. Universidades, pocas pero prestigiosas, que empezaban a llenarse sobre todo de mujeres. Subíamos de nivel sin ser conscientes. Era lo que había.

Nos casábamos pronto, para salir del opresivo cobijo familiar, tener relaciones íntimas libres y legales con el otro sexo y para tener hijos. Comprábamos piso y coche inmediatamente, como ya todo el mundo sabe. La hipoteca estaba por las nubes, nos apretábamos el cinturón par pagarla en 10 años y pensar en la segunda. Las vacaciones en los años de las “letras” del piso eran en el pueblo con la familia, después en las playas españolas, tan abundantes de norte a sur y que los españoles del interior no habíamos visto nunca. Donde coincidíamos con los turistas rubios de allende los Pirineos, juntos pero no revueltos. Ellos venían con costumbres y modos más avanzados, y con más dinero. Aunque en aquella España no hacía falta mucho para que las familias alemanas y francesas de clase media vinieran de vacaciones a Benidorm y a Torremolinos. A la vez que nosotros íbamos adquiriendo sus modos y costumbres. Gracias a ellos y a Eurovisión, íbamos escalando presencia en la sociedad europea sin saberlo. Era así, fue así.

Aquí termina por hoy mi transición y memoria del franquismo (perdón por haberme desviado del tema, era la democracia lo que celebramos), un tema del que han corrido ríos de tinta y siguen corriendo, ahora en las redes y en la nube, gracias a estas celebraciones oficiales que están despertando en las nuevas generaciones curiosidad por aquella época, prehistórica para ellos, de la que sabían y saben poco o nada.

Salud y democracia para todos

 

¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a nuestro canal de telegram @alcalahoy para estar al tanto de nuestras noticias.

1 Comentario

  1. No termino de comprender que nos quieren contar la autora en este artículo titulado «El franquismo de cada cual», ¿que vivir bajo esa dictadura no estaba tan mal?

    Creo que la clave está en la frase más corta de todo el articulo: «Era lo que había». En eso estoy más que de acuerdo con la autora, la gente por salud mental y pura supervivencia, se adapta a todo, y, en especial, los niños logran hacer su vida y relativamente ser felices. Todos hemos visto imágenes de niños jugando y riendo en países que sufren pobreza extrema y hambrunas, e incluso, en Gaza entre bombardeo y bombardeo. Pero eso, estaremos todos de acuerdo, está muy lejos de ser una situación ideal para vivir.

    Yo no blanquearía nunca un régimen y su dictador que, después de un golpe de estado levantarse en armas contra una democracia y los horrores se sufren en una guerra civil de hermanos contra hermanos, siguió matando a decenas de miles de personas por el simple hecho de pensar diferente al régimen dictatorial y privó al resto de la población de sus libertades más básicas.

    • No está defendiendo ninguna dictadura ni crítica a la democracia. Es romper con idealismo absurdo e inútil que vivimos hoy en día y defender el pragmatismo esté donde este y en el momento que esté.

    • En contra de lo que dice el primer comentarista, no veo que Pilar blanquee al franquismo. Por el contrario, es un artículo bastante mesurado.

      Si tu niñez se desarrolló en esa época y la recuerdas con nostalgia, no estás haciendo apología de aquel sistema político. Incluso si destacas algún aspecto positivo, como el menor tiempo necesario para comprar una vivienda o la relación más cercana de la gente, tampoco es una apología, pues esos aspectos son atribuibles a la época más que al sistema político vigente, puesto que en Europa, con sistemas políticos democráticos, se daban fenómenos parecidos.

      Y lo mismo vale para algunos aspectos de aquel sistema político que suelen centrar las críticas de la izquierda, como algunas limitaciones legales de las mujeres, la ilegalidad del aborto, la censura de contenidos sexuales o incluso la pena de muerte, que resulta que también se daban en regímenes democráticos coetáneos. Por cierto, si le achacas al franquismo cosas que se explican por la época, el receptor del mensaje acabará desarrollando cierta simpatía por Franco si se entera de que esas cosas también ocurrían en la Europa democrática.

      Decir que se es franquista por eso es tanto como decirle a uno de derechas que es socialista por añorar algunos aspectos de la España de Felipe González (o de Zapatero) en la que se desarrolló su niñez. Persistir en llamar a la gente «franquista» por cualquier cosa lo único que consigue es que esa gente se acabe haciendo franquista de verdad. Precisamente la simpatía hacia Franco que se observa en parte importante de la juventud es una reacción a esa de actitud inquisitorial que ve franquismo en cualquier opinión o que, en vez de apoyarse en argumentos de enjundia para criticar el franquismo, se refugia en lugares comunes que resisten poco el análisis.

  2. Desde la transición se ha intentado esconder cualquier hecho, circunstancia o situación anterior al 77 que no fuera negativa, así se consigue el efecto contrario y cada vez son más los jóvenes que miran ése periodo con simpatía.
    No se ha de mitificar la historia, sea en un sentido o en otros, flaco favor se le está haciendo a las nuevas generaciones desde nuestra clase política.
    Pilar da unas buenas pinceladas de cómo se vivía.
    No quiero hablar de mi franquismo, Franco murió cuando yo ya trabajaba y estudiaba y tengo mi propia visión de aquella época.
    «Cada uno cuenta la feria según le ha ido»
    Las manifestaciones de duelo fueron muchísimas, en su capilla ardiente los ugieres empujaban amablemente a la gente para que no se parase ante el féretro pues la cola era enorme, tuvieron que alargar varias horas su exposición y la despedida en el antiguo Valle de los Caídos fue multitudinaria.

    • Exacto: negar que esa época pudiera tener aspectos positivos puede levantar suspicacias en el receptor del mensaje. Pero además suceden dos fenómenos bien curiosos:
      – Se le atribuyen al franquismo cosas que también se daban en sistemas democráticos de aquella época. Y se exageran hasta el esperpento cosas como la «pacatería» del régimen, cuando una mirada al cine o la hemeroteca de aquella época dice una cosa diferente (a título de ejemplo, en España se filmaban películas que luego no se podían exhibir en algunos países europeos por considerarse inmorales).
      – En el «debe» del franquismo se incluyen aspectos que, a la luz de la situación actual y de la evolución del pensamiento de la propia izquierda, serían más bien positivos. Por ejemplo, la izquierda, tras ser abanderada de la pornografía, ahora es muy crítica con eso por entender que denigra a la mujer. Sin embargo, persiste en señalar la limitación de contenidos pornográficos como uno de los principales aspectos negativos del franquismo, y sigue mencionando en tono épico episodios como la censura de «El último tango en París», película en la que se sabe que su protagonista fue objeto de una violación real. Parece que el disco se haya quedado rayado con una serie críticas-fetiche que, si hace treinta años podían concitar grandes apoyos, a día de hoy no suenan bien y delatan importantes contradicciones.

  3. La autora no blanquea a nadie, cuenta la realidad, después del 39, algunos tan solo piensan y creen que en julio del 36 se dio un golpe de estado, que desencadeno la guerra civil, olvidan el golpe de estado del 34, y el pucherazo de febrero del 36, esos otros golpes o pucherazos forman parte de la historia que quieren que no se conozca, tanto lo uno como lo otra forma parte de las vivencias de nuestros padres y abuelos y la posguerra del que escribe, por lo tanto estoy de acuerdo con Pilar, y totalmente en desacuerdo con los manipuladores de la verdad y la historia.

    • OK, supongamos que los hechos previos a la guerra civil sucedieron tal cual los tienen tu en la memoria. ¿Justifican una guerra civil, decenas de miles de muertos represaliados ya en tiempo de paz y una dictatura de casi 4 décadas?

    • Soy Rafa, autor del primer comentario, un simple lector de este medio.

      Por más que releo el artículo no encuentro nada en él que indique que el dictador y su régimen influenciase positivamente en los avances y progresos tuyos personales y de la social civil en general, por lo que articulo bien podría titularse: «Los españoles supieron avanzar a pesar del franquismo».

      Todos sentimos cierta nostalgia y orgullo por nuestro pasado, especialmente la juventud, nuestras esperanzas y luchas, y los logros alcanzados. No que no tenemos es que confundir esto con sentir nostalgia de lo que o quienes añadían dificultades en el camino.

      Por último, en mi ignorancia, no encuentro tampoco la intolerancia en mi primer comentario. Creo exponer hechos, no opiniones.

  4. El Franquismo de Pilar:
    Yo también fui una niña feliz en los años 50-60, Crecí en una casa grande y preciosa rodeada de hermanos y sin carencia alguna ni económica ni afectiva. Luego adolescente vestí minifaldas, fui de guateques y visité playas. Eso no me incapacitó ni entonces ni ahora para ignorar otras realidades. La autora del artículo habla de su, su particular infancia, no de otra cosa. Bien sabemos que en términos generales esa época de la niñez suele ser idealizada por nosotros, sin que quiera decir que eso no ocurriera así para ella, pero el caso es que cuando enseñas solo una cara de la moneda y como en este caso tan claramente parcial, resulta más bien un ejercicio de buenismo de si misma, que un relato serio de la historia, de la memoria o de la verdad vivida por otros, da igual si escrita o no pero real.

    Pilar, mientras discurría esa infancia y juventud nuestra tan feliz, no todos los niños inteligentes podían estudiar, ni eran becados. Los niños campesinos trabajaban como hombres con ocho años, en los pueblo de mayoría jornaleros, todos los niños debieron ser tontos porque los estudios más elevados que podían alcanzar acababan a los 12 años -era la enseñanza obligatoria en las escuelas mixtas, no otra- Ya en democracia y con 30 y 40 años muchos de ellos han hecho carreras universitarias luego, el motivo parece que tenía más que ver con el sistema de enseñanza y la pobreza de sus padres que con su inteligencia.
    Esto es una levísima pincelada de todo lo que coexistía con nuestra infancia feliz.

    Y solo como breves pinceladas más, supongo que lo sabes Pilar, una semana antes de finalizar ese Franquismo tuyo se sentenció a muerte y se ejecutó a un joven de veintitantos años solo por pensar diferente. Y esto tubo más de habitual que de exceso en ese franquismo tuyo.

    Y siendo nosotras mujeres y conocedoras de nuestros derechos supongo, que también sabes Pilar cuantos de estos derechos, teníamos prohibidos (se abolieron en ese franquismo tuyo porque ya estaban otorgados de antes) No los relato aquí porque supongo que los conoces.

    Tampoco entraré en asuntos más dolorosos, porque seguro que lo sabes Pilar, como fueron las persecuciones a librepensadores, encarcelamientos por tendencias sexuales diferentes… y mil etcs. más.

    Mi infancia feliz no resta dolor al encarcelamiento y tortura de tantos padres de nosotras.
    Salud para todos y democracia para siempre

Comentar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.