- El encuentro reunió a miles de personas, cortadores solidarios, peñas festivas y música en directo para apoyar la lucha contra la ELA.
- Crónica gráfica y video de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY
La plaza de San Diego amaneció este domingo con un pulso distinto. No era un día de actos solemnes ni de liturgia académica. Era un día de gente. De colas que avanzaban sin prisa. De conversaciones cruzadas. De familias enteras caminando juntas hacia un mismo punto con un billete de cinco euros en la mano y una idea clara en la cabeza: ayudar.
ALCALÁ HOY estuvo allí desde primera hora y pudo comprobar cómo, incluso antes de que comenzara a cortarse el primer jamón, ya se formaban largas colas para adquirir el tique solidario del I Encuentro de Cortadores de Jamón, organizado por la Asociación Dale Caña al ELA. Colas tranquilas, asumidas casi como parte del ritual colectivo. Nadie parecía molesto por esperar; al contrario, había una sensación compartida de estar participando en algo que merecía la pena.
Entre cuatro y cinco mil personas, según la organización, pasaron a lo largo de la jornada por una plaza de San Diego completamente abarrotada, convertida por unas horas en el epicentro de una Alcalá solidaria, popular e intergeneracional que se reconocía a sí misma en cada gesto.
La cola como punto de encuentro
Las colas no eran solo colas. Eran espacios de conversación improvisada. Familias con niños pequeños, abuelos con nietos, cuadrillas de jóvenes, parejas mayores, vecinos que se saludan y se ponen al día. “Esto es por buena causa”, se repetía una y otra vez. Por cinco euros, un plato solidario de jamón y dos bebidas, estas últimas aportadas por las peñas festivas de la ciudad. Poco más hacía falta para sumarse.
Mientras los voluntarios repartían los tiques con eficacia y buen humor, la plaza iba llenándose poco a poco. El sonido metálico de los cuchillos al afilarse comenzaba a asomar entre el murmullo constante del público. El sol acompañaba. Y la fachada del Colegio de San Ildefonso, testigo de siglos de historia universitaria, servía de telón de fondo a una escena muy distinta: la de una ciudad reunida por una causa común.
El ambiente tenía algo profundamente reconocible. Un evento pensado para todos los públicos, sin exclusiones ni barreras. Los más pequeños observaban con curiosidad el trabajo preciso de los cortadores; los mayores comentaban la calidad del jamón; los jóvenes se hacían fotos con el plato en la mano. Todo fluía con una naturalidad que solo se da cuando las cosas están bien planteadas.
Cuchillo, plato y compromiso
En el centro de todo estaban ellos: una treintena de cortadores profesionales que ofrecieron su tiempo, su técnica y su experiencia de forma completamente altruista. Más de cincuenta jamones, donados por empresas, entidades, asociaciones, clubes deportivos, peñas y particulares, fueron pasando por las mesas en un ejercicio casi hipnótico de precisión, paciencia y respeto por el producto.
Cada jamón se traducía en alrededor de cincuenta platos. Cada plato era una aportación directa a la lucha contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica. No había discursos grandilocuentes ni mensajes huecos. La mecánica era clara, transparente y honesta, y quizá por eso conectó tan bien con el público.
ALCALÁ HOY pudo hablar con varios de los cortadores, muchos de los cuales habían rechazado compromisos laborales para estar este domingo en Alcalá. Algunos llegaban de fuera; otros ya habían participado en encuentros solidarios similares en ciudades como Zamora. Todos coincidían en lo mismo: aquí no se venía a ganar dinero, sino a devolver algo.
Uno de los impulsores de este formato solidario fue el cortador profesional Raúl Ariza, que además ofreció una master class de corte de jamón muy seguida por el público. Su historia personal, vinculada a la ayuda recibida en su día por asociaciones sociales, planeó sobre toda la jornada sin necesidad de subrayados. Se notaba en el ambiente y en la forma serena de explicar su trabajo.
Pero si hubo una figura presente en la conciencia colectiva del evento fue la de Antonio Cañaveral. Deportista, docente y referente del fútbol base complutense, Cañaveral fue diagnosticado de ELA hace tres años y es el origen humano y emocional de la Asociación Dale Caña al ELA, impulsada por su entorno más cercano. Vinculado durante cerca de cuatro décadas a la Escuela de Fútbol del CD Avance y galardonado con el Premio Cervantes al Deporte a los Valores a nivel regional, su trayectoria encarna los valores que atravesaron toda la jornada: compromiso, educación y pasión por el deporte. Muchos de los asistentes conocían su historia, y esa cercanía explica, en buena medida, la respuesta masiva de la ciudad.
Peñas, música y el latido popular de la ciudad
Mención especial merecieron las peñas festivas de Alcalá, fácilmente reconocibles por sus blusones de colores, que desde primeras horas de la mañana se sumaron activamente a la iniciativa. Lejos de limitarse a una presencia simbólica, las peñas participaron de lleno en el engranaje solidario, colaborando en el reparto de raciones de jamón y de sangría y ayudando a que el ritmo del evento no decayera en ningún momento. Su implicación aportó ese punto inconfundible de fiesta popular que caracteriza a la ciudad en sus grandes citas colectivas.
La música fue el otro gran hilo conductor de la jornada. La batucada Bloco Virado puso ritmo y calle; el grupo The T4 aportó música en directo; un DJ de Dance Música mantuvo la energía durante horas; y la plaza se convirtió por momentos en una auténtica celebración popular, sin perder nunca de vista el objetivo solidario que daba sentido a todo.
El encuentro contó también con respaldo institucional. Por San Diego pasaron la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado; el concejal de Fiestas Populares, Antonio Saldaña; la edil de Participación Ciudadana, Esther de Andrés; así como el portavoz socialista Javier Rodríguez Palacios y la concejala Patricia Sánchez. Presencias discretas, sin eclipsar el protagonismo real del día: el de la ciudadanía.
Lo más llamativo fue el carácter intergeneracional del encuentro. No era una cita para iniciados ni un acto de nicho. Era una convocatoria transversal. Alcalá entera, o una buena parte de ella, estaba allí representada. Y eso explica el éxito.
Porque más allá de las cifras, lo que dejó huella fue la sensación compartida de estar formando parte de algo importante. De algo que merecía la pena. De una ciudad que, cuando se le propone ayudar, responde sin preguntar demasiado.
El I Encuentro de Cortadores de Jamón no fue solo una jornada solidaria. Fue una postal viva de Alcalá de Henares: cercana, comprometida, generosa y orgullosa de su gente. Y si algo quedó claro este domingo en la plaza de San Diego es que esta primera edición ha llegado con vocación de continuidad.
















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