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Viñetas internacionales, humor afilado y complicidad vecinal protagonizan la exposición central de la Muestra Internacional: envejecer también puede provocar carcajadas.
- Crónica gráfica del ayuntamiento y de Pedro Enrique Andarelli (ALCALÁ HOY)
Quien dijo que envejecer era cosa seria, no conocía esta exposición. Porque el viernes, en la sala Antonio López del Antiguo Hospital de Santa María la Rica, la concejala de Educación, Universidad y Deportes, Lola López, se subió al atril para dar el pistoletazo de salida a “Envejecer con humor”, y lo hizo con la misma energía con la que alguien sopla velas cuando todavía le queda aire para muchas más fiestas.
La sala Antonio López se rindió a las carcajadas con la exposición central de la XXXII Muestra Internacional de las Artes del Humor, donde más de 120 viñetas de todo el mundo demostraron que envejecer puede doler… pero también hacer reír.
Organizada por el Instituto Quevedo de las Artes del Humor de la Fundación General de la Universidad de Alcalá, con la colaboración del Ayuntamiento, la muestra reúne a artistas de más de 40 países que han dibujado, con mucha mala leche y bastante ternura, escenas sobre esa aventura universal que es ir sumando años.
El público que acudió a la sala con expectación, se encontró con un recorrido que iba desde los achaques físicos convertidos en gags visuales hasta la soledad retratada con ironía. No faltaban tampoco las alusiones a bastones, dentaduras postizas y arrugas dibujadas con trazo fino: toda una artillería cómica contra el miedo a cumplir años.
Un contagio de risa sin efectos secundarios
“Hoy todas las salas de Santa María la Rica se llenan de humor gráfico: un auténtico contagio… aunque tranquilos, el único efecto secundario es la risa”, proclamó Lola López, arrancando carcajadas entre los asistentes. Y es que, durante unas semanas, Alcalá será el epicentro mundial del humor gráfico y, por qué no decirlo, del humor a secas.
A su lado, los responsables del Instituto Quevedo recordaron que esta Muestra Internacional cumple ya 32 ediciones, lo que significa que algunos de los que la inauguraron en sus inicios quizá ya tengan material suficiente para protagonizar las viñetas actuales. “El humor no envejece, aunque nosotros sí”, bromeó uno de los organizadores, mirando de reojo una caricatura que mostraba a dos ancianos intentando hacerse un selfie con pulgares artríticos.
La exposición central “Envejecer con humor” no está sola: comparte protagonismo con otras propuestas que se han instalado en las distintas salas del Antiguo Hospital. La primera de ellas es “Dominga habla sola. A la tercera (edad) va la vencida”, una colección de 90 viñetas que dan voz a una mujer mayor harta de callar y dispuesta a hablar de arrugas, miedos, placeres y estereotipos. Dominga es un personaje ficticio, pero podría ser esa vecina que siempre tiene un comentario sarcástico preparado cuando ve las noticias.
Libros viajeros y jubilatas con retranca
El itinerario humorístico continúa con “El libro como reflejo entre culturas”, que recoge una selección de 104 obras presentadas al segundo salón de humor gráfico del festival LEA de Atenas. Llegaron desde 45 países, desde Argentina hasta Irán, y en ellas los libros aparecen como puentes, espejos y, en algún caso, como armas de destrucción masiva contra la ignorancia. En una de las viñetas seleccionadas, un volumen abierto se convierte en un trampolín para saltar la valla de la incomunicación: todo un mensaje político camuflado en chiste gráfico.
No podía faltar tampoco el humor de andar por casa. “Quico Jubilata”, la serie del veterano dibujante JL Martín, convierte la jubilación en una comedia de enredos familiares con siestas, viajes del Imserso y nietos hiperactivos incluidos. Muchos visitantes reconocieron a padres, sí mismos en un futuro no muy lejano, en esas escenas cotidianas donde el sentido del humor es casi un salvavidas.
La visita institucional dejó momentos de complicidad entre organizadores, artistas y público, que disfrutaron señalando viñetas como quien busca parecidos razonables con el cuñado en la comida de Navidad. Hubo saludos, fotos de rigor y ese murmullo de fondo que solo producen las inauguraciones: mezcla de comentarios eruditos y chascarrillos sobre la vida misma.
Los cuadros, en fila india por los pasillos del Antiguo Hospital, parecían guiñar el ojo a cada espectador, como recordándole que reírse de uno mismo es el único lifting gratuito y sin lista de espera. La concejala Lola López, en su recorrido, se detuvo en varias obras y compartió impresiones con los artistas presentes, subrayando la importancia de mantener este festival como “una cita imprescindible en la agenda cultural de la ciudad, y también como un recordatorio de que el humor es una forma de resistencia”.
El ambiente fue distendido, casi festivo. Un asistente comentaba en voz baja que pocas veces había visto a tanta gente sonreír al mismo tiempo en una inauguración, y otro respondía: “Eso es porque aquí no sirven canapés, sirven risas, que además no engordan”.
Al final, la sensación fue clara: la Muestra Internacional de las Artes del Humor sigue demostrando que envejecer, visto desde Alcalá de Henares, puede ser una tragedia griega… pero contada como una comedia de enredos. Y, para variar, nadie salió cabreado: todo el mundo se marchó con al menos una sonrisa, que no es poco en los tiempos que corren.

















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