Alcalá revive sus fiestas barrocas con un ciclo de conferencias entre octubre y noviembre

En pleno siglo XXI, cuando las ferias y las peñas parecen llevarse todo el protagonismo, la Institución de Estudios Complutenses nos invita a mirar atrás. El ciclo “Alcalá Festejante” rescata el esplendor de las fiestas públicas celebradas en la ciudad entre los siglos XVI y XVIII, con conferencias que recorrerán desde el Corpus Christi barroco hasta las fastuosas celebraciones caballerescas del príncipe Felipe.

  • Seis conferencias desvelan cómo Alcalá se convirtió en escenario de fiestas barrocas, procesiones y celebraciones caballerescas que marcaron su identidad urbana.
Fotocomposición IA de ALCALÁ HOY

La Institución de Estudios Complutenses ha decidido tirar de archivo y traer al presente el lado más solemne –y a veces desmesurado– de las fiestas públicas que la ciudad celebraba entre los siglos XVI y XVIII. El ciclo, bautizado con sorna como “Alcalá Festejante”, se celebrará entre el 7 de octubre y el 11 de noviembre en la Facultad de Filosofía y Letras (Colegio de Málaga).

Lo coordina el cronista oficial de Alcalá, Vicente Sánchez Moltó, empeñado en que recordemos que antes de los fuegos artificiales del río o las casetas de Sementales, aquí se organizaban festejos de órdago: corridas de toros en la plaza del Mercado, mascaradas, carreras ecuestres y luminarias para impresionar a reyes y dignidades. Vamos, que la tradición de gastar en fiestas tampoco la inventó el siglo XXI.


Del Corpus triunfal a la censura ilustrada

El recorrido del ciclo permitirá entender cómo la gran fiesta del Corpus Christi se convirtió, tras el Concilio de Trento, en la madre de todas las celebraciones urbanas: gigantones, tarascas, danzas y decoraciones vegetales que luego se reciclaron en canonizaciones y procesiones. Hasta que llegaron Carlos III y los ilustrados, que decidieron poner orden y prohibir tanto teatro religioso como alboroto popular. Menos mal que nadie les hizo demasiado caso en Alcalá…

Porque lo cierto es que el pueblo siempre buscó maneras de celebrar, incluso cuando la corona o los obispos miraban con lupa. ¿Que se prohibían procesiones con exceso de teatro? Pues se sacaba la imaginación a la calle con danzas y mascaradas. ¿Que se limitaban los toros? Pues se recurría a otros espectáculos ecuestres. La historia demuestra que la creatividad complutense siempre ha ido por delante de los bandos oficiales.


Seis especialistas para un viaje festivo

El programa arranca el 7 de octubre, cuando Gustavo Chamorro nos recordará que el Palacio Arzobispal no solo servía para intrigas y audiencias: también se convirtió en un escenario privilegiado para fiestas de relumbrón, donde la nobleza hacía gala de poderío mientras los vecinos se quedaban boquiabiertos.

Una semana después, el 14 de octubre, será el turno de Josué Llull, que se meterá en harina con la arquitectura efímera. Sí, esas decoraciones que duraban menos que un selfie en Instagram, pero que entonces se levantaban para impresionar a propios y extraños. ¿Arcos triunfales? ¿Fachadas ficticias? Todo valía si servía para que la ciudad pareciera más grande y más leal de lo que ya era.

El 21 de octubre, Vicente Sánchez Moltó se subirá al púlpito para reivindicar al Corpus Christi como la gran fiesta barroca complutense. Con él aprenderemos que las tarascas y gigantones de hoy no nacieron ayer, sino que ya venían dando guerra desde hace siglos, arrastrando leyendas y críticas a partes iguales.

Para el 31 de octubre, víspera de Halloween (qué ironía), Jesús Félix Pascual nos transportará a 1548, cuando la ciudad se vistió de gala con fiestas caballerescas para el joven príncipe Felipe. Nada de calabazas ni disfraces de vampiro: aquí lo que había eran lanzas, caballos y desfiles que dejaban a la ciudad medio paralizada durante días.

En noviembre, el día 4, Consuelo Gómez nos recordará que la ciudad entera era escenario y que las calles se transformaban con usos tan efímeros como vistosos. Lo que ahora llamamos “ocupación temporal de vía pública” era entonces la excusa perfecta para llenar plazas de tablados, decoraciones o representaciones teatrales.

Y para cerrar, el 11 de noviembre, Antonio Marchamalo se centrará en las fiestas públicas de la Universidad de Alcalá. Porque, sí, los estudiantes del Siglo de Oro también sabían montar jarana, aunque no tuvieran ni reguetón ni DJ en la carpa. Había certámenes poéticos, representaciones teatrales y, cómo no, mucho ambiente tabernario.


Una ciudad que nunca dejó de festejarse

Con este ciclo, la Institución de Estudios Complutenses y la Universidad de Alcalá ponen en valor un patrimonio inmaterial que, aunque a veces olvidado, forma parte del ADN complutense. Y no es poca cosa: hablar de las fiestas del Antiguo Régimen es también hablar de cómo la ciudad se configuró, cómo se llenó de símbolos y cómo aprendió a representarse a sí misma de cara al poder y a sus habitantes.

Porque si algo ha demostrado Alcalá a lo largo de los siglos es que siempre encontró motivos para celebrar: ya fueran procesiones, corridas, luminarias o conciertos, el espíritu festivo de esta ciudad ha sobrevivido a concilios, reyes y censuras ilustradas. En eso, tampoco hemos cambiado tanto: seguimos necesitando las fiestas para reconocernos como comunidad, aunque hoy los gigantes convivan con batucadas y las tarascas con orquestas de verbena.

Los interesados pueden ampliar la información en la web de la Institución de Estudios Complutenses: https://ieecc.es/.

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