- El rodaje de una serie de zombis en Alcalá inspira una reflexión crítica sobre limpieza urbana, gestión municipal y la imagen de ciudad.
La aclamada serie The Walking Dead: Daryl Dixon ha escogido Alcalá de Henares como escenario para su próximo rodaje. Aunque a primera vista esto podría parecer algo anecdótico, dado que es solo una de las tantas producciones que se graban en una ciudad tan imponente como la nuestra, este rodaje traerá visibilidad internacional a Alcalá.
Aunque los zombies son personajes de ficción, actores maquillados y caracterizados para estremecer de miedo a cualquiera, lo que realmente nos asusta es la creciente falta de limpieza en nuestras calles. Tal vez lo de caminar por ciudades abandonadas no sea tan ficticio como parece.
Con la creciente suciedad y los persistentes malos olores que invaden la ciudad, podría parecer que ya estamos viviendo una especie de apocalipsis urbano. Hace pocos días, los vecinos de distintos barrios alzaron la voz en protesta por la falta de higiene en la vía pública y los malos olores. Las quejas sobre la limpieza y el mantenimiento de infraestructuras como imbornales y alcantarillados se acumulan, y cada vez es más evidente que la falta de soluciones a estos problemas está afectando la calidad de vida de quienes vivimos aquí. Alcalá, una ciudad con una rica historia y un turismo que atrae a miles de personas, no merece este panorama de suciedad y abandono.
Resulta irónico que la ciudad complutense, patrimonio de la humanidad, haya sido elegida para representar un escenario post-apocalíptico, cuando la realidad nos sitúa ya en él: falta de mantenimiento y desidia en la gestión urbana por parte del actual equipo de gobierno.Mientras en la pantalla nos enfrentamos a hordas de zombies, en las calles de la ciudad nos encontramos con verdaderos «muertos vivientes» en forma de basura acumulada, malos olores persistentes y una sensación generalizada de abandono. Si creemos que una serie sobre el fin del mundo puede ser creíble en Alcalá, tal vez no esté tan alejada de la realidad que muchos vecinos perciben.
Si algo nos enseñan las historias apocalípticas es que, en tiempos de crisis, las ciudades, los pueblos y sus habitantes deben organizarse, priorizar lo esencial y adaptarse. En Alcalá, parece que la alcaldesa tiene el foco más dirigido a los titulares de prensa que a una acción efectiva para solucionar los problemas reales. Las limpiezas “intensivas” anunciadas parecen más una estrategia de marketing que una solución concreta a los problemas de suciedad y mantenimiento.
La verdadera pregunta es: ¿quiere Alcalá ser una ciudad que atrae turistas por su historia y belleza, pero que, en el día a día, es incapaz de cumplir con las necesidades básicas de sus residentes? En un mundo donde las apariencias a menudo importan más que las realidades, Alcalá podría caer en la tentación de disfrazar sus problemas bajo una capa de propaganda mediática, como si todo estuviera bajo control. Sin embargo, el problema de la limpieza, la gestión de residuos y el mantenimiento no desaparece con una foto o un titular espectacular. El futuro de la ciudad no debería ser el de una Alcalá que huele mal ni el de una que se asfixia bajo la basura, sino el de una ciudad limpia, saludable y con una infraestructura que responda a las verdaderas necesidades de sus habitantes.

















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Alcalá fuera de la Plaza de Cervantes y el casco histórico es una ciudad sucia y abandonada. Aceras intransitables, parques abandonados de mantenimiento, papeleras rotas y escasas, contenedores de basura rotos y asquerosos, asfalto lleno de baches, coches subidos en las aceras, terrazas de bares entorpeciendo el paso, ruido durante toda la noche, …