- El proyecto prevé nueva pavimentación, huellas arqueológicas y señalética histórica en una plaza cuyo uso se pacta con el Obispado sin cerrar la propiedad.
En Alcalá de Henares ni los monumentos están tranquilos. La ciudad discute con pasión por las casetas de Feria, los bancos de la Plaza de Cervantes o los plenos municipales… así que cómo no iba a hacerlo por la llamada Piruleta. Ese astrolabio de Juan Antonio Palomo, colocado en 1986 en la Plaza de los Santos Niños como anticipo del V Centenario, ha vivido casi cuatro décadas bajo la Catedral Magistral. Ahora le toca hacer maletas. El traslado, confirmado por el propio proyecto de remodelación al que ha tenido acceso ALCALÁ HOY y avanzado por SER Henares en julio, llevará la pieza a La Garena, concretamente a la Plaza Clara Campoamor junto al instituto Francisca de Pedraza.
El movimiento no es solo urbanístico. Tiene algo de metáfora de ciudad: de cómo Alcalá cambia de piel, de cómo gestiona su memoria y de cómo en pleno siglo XXI seguimos sin ponernos de acuerdo ni sobre a quién pertenece la plaza. Porque sí: además de mudanza, aquí hay pulso patrimonial. El Obispado asegura que el espacio es suyo, el Ayuntamiento defiende que es municipal desde 1902 y en medio queda la ciudadanía, con su ironía intacta: para los vecinos, el astrolabio siempre fue y será la Piruleta, se coloque donde se coloque.
Del astrolabio al mito urbano
La historia arranca un 21 de abril de 1986. Juan Antonio Palomo inauguró su obra en la Plaza de los Santos Niños: un astrolabio en hierro y bronce, asentado sobre una rosa de los vientos de granito y flanqueado por medallones con Colón, los Reyes Católicos y Cisneros. La solemnidad era evidente; el ingenio vecinal, más aún. Bastaron apenas unas semanas para que el monumento pasara a la posteridad con ese mote, bautizado con retranca por José Carlos Canalda, primigenio bloguero de la ciudad y cronista oficioso de sus estatuas y rincones.
Ningún catálogo oficial la llamará así, pero basta preguntar en cualquier peña o en la cola del pan para que no haya dudas: la Piruleta fue, y sigue siendo, punto de encuentro, escenario de fotos escolares, banco improvisado para el reposo de mayores y hasta lugar de paso obligado en procesiones. Con el tiempo, la pieza terminó por integrarse en la vida cotidiana de Alcalá, pese a las polémicas. No faltaron detractores —ya en 1992 hubo quien intentó retirarla por “afeamiento”— ni defensores, que la asumieron como parte inseparable del paisaje complutense. Entre unos y otros, el astrolabio resistió a modas pasajeras, a cambios de gobierno y hasta a los memes prehistóricos de una ciudad que todavía no conocía las redes sociales.
Que ahora se vaya a La Garena no deja de tener un punto de ironía. El casco histórico pierde un icono popular, y el barrio moderno recibe, de golpe, un pedazo de memoria. Como quien hereda un mueble incómodo pero cargado de historias.
Una reforma con mudanza incluida
La remodelación de la Plaza de los Santos Niños tiene cifras de obra mayor: 1.076.002 euros de presupuesto, once meses de ejecución y un pliego que incluye desde pavimentos nuevos hasta estudios arqueológicos con vocación divulgativa. El plazo de presentación de ofertas terminó el 18 de agosto y, tras la adjudicación definitiva, comenzará la maquinaria de excavadoras, andamios y polémicas.

Y polémica no va a faltar. Porque además de rampas de accesibilidad y luminarias modernas, el proyecto contempla la sustitución del astrolabio por una escultura del emperador Fernando I y la reubicación del kiosco de la ONCE, otro clásico del paisaje urbano. La plaza, en definitiva, cambiará de rostro. Y lo hará en pleno corazón de la ciudad, bajo la atenta mirada de la Catedral Magistral y del vecindario, que no perdona ni un adoquín mal puesto.
Los defensores del traslado aplauden la decisión: aseguran que la Piruleta nunca casó bien con el entorno monumental y que La Garena la acogerá con frescura. Los detractores lo ven como un desarraigo: quitar del centro lo que el pueblo había hecho suyo. Entre unos y otros, la plaza se prepara para un año de obras que, como siempre en Alcalá, se vivirán con tertulias en bares, comentarios en redes sociales, columnas en prensa y miradas de soslayo al avanzar las zanjas.
Los detalles del proyecto
Estos detalles se recogen en la licitación publicada por el Ayuntamiento, donde se habla de “un proyecto de mejora y adecuación del interior de la Plaza de los Santos Niños con el fin de completar las actuaciones previas, conectar los tejidos urbanos próximos que ya habían sido objeto de intervención, potenciar la plaza como espacio estancial y de encuentro y poner en valor el carácter monumental del entorno de la Iglesia Catedral Magistral”. Dicho de otra manera: menos baches, más bancos y una estética acorde a la Magistral.
El pliego especifica que las actuaciones conllevarán la renovación de toda la pavimentación, además de alumbrado, mobiliario urbano y la configuración estética del espacio. Y va más allá: tras el análisis de las actuaciones arqueológicas realizadas en 2022, se considera procedente “integrar la reproducción de parte de los muros localizados como trazas en el pavimento, realizadas mediante pletina metálica enrasada en el suelo”. Además, se instalarán elementos de señalética para explicar la evolución histórica del entorno y sus hallazgos.
El proyecto también recupera en planta el dibujo del antiguo trazado de las edificaciones que ocupaban el solar en el siglo XVI, a partir del plano catastral de 1870. Ese entramado volverá a quedar visible: la huella de la antigua manzana se marcará con piedra caliza blanca —en piezas de 60×30 cm para la edificación y 60×15 cm para los patios—, con un tono ligeramente distinto para destacar sobre el resto. Un guiño al pasado que pretende conectar al paseante de hoy con la ciudad de hace cinco siglos.
La memoria histórica se completa recordando que, desde el siglo XIII, en este espacio existió una manzana de casas que se mantuvo en pie hasta la última década del XIX. Fue entonces cuando el Ayuntamiento, bajo proyecto del arquitecto Martín Pastells, inició la compra y derribo de las viviendas para abrir un nuevo espacio urbano. Así quedó configurada en 1902 la Plaza de los Santos Niños tal y como la conocemos. Y así, más de un siglo después, vuelve a reescribirse.
Patrimonio en disputa
Pero lo más jugoso no está solo en el suelo que se levanta o en la escultura que se mueve. Está en la propiedad del terreno. El Obispado de Alcalá defiende que la plaza está inscrita en el Registro como parte de la Catedral y sus anexos, fruto de una inmatriculación en 1999. El Ayuntamiento, con papeles en mano, recuerda que en 1902 compró y derribó las casas que daban forma al espacio, haciéndolo público y municipal.
Aquí aparece un nombre clave: Vicente Sánchez Moltó, cronista oficial de la ciudad. Moltó ha documentado minuciosamente esa operación de principios del siglo XX y sostiene que la plaza es de titularidad municipal. Y si alguien sabe de adoquines, archivos y pleitos históricos, ése es él. Su palabra no zanja el conflicto, pero aporta la memoria que en estos debates se echa de menos.
El convenio firmado el pasado junio entre Consistorio y Obispado permite ejecutar las obras sin cerrar la cuestión de fondo. Un apaño práctico, pero también un síntoma: la plaza sigue en el limbo jurídico. Y en ese contexto, mover la Piruleta tiene un peso simbólico extra. No es solo un cambio de mobiliario, es también un recordatorio de que la ciudad escribe y reescribe su historia a golpe de obra pública.
De la Catedral a los recreos
Dentro de un año, la Plaza de los Santos Niños lucirá nueva piel: suelos renovados, zonas verdes, escultura imperial y ausencia del astrolabio. En La Garena, mientras tanto, la Piruleta se reinventará como vecino de instituto y de familias jóvenes. El contraste será inevitable: del corazón patrimonial al extrarradio residencial, de las procesiones de Semana Santa a los recreos del Francisca de Pedraza.

Y aquí aparece otro matiz con sabor a crónica local. El IES Francisca de Pedraza, que acogerá al nuevo inquilino metálico a escasos metros de su vallado, nació con retrasos y en fases: los alumnos comenzaron en 2020/21 en aulas prestadas en el CEIP La Garena, el centro se inauguró oficialmente el 8 de septiembre de 2021, y no fue hasta septiembre de 2024 cuando se completaron las obras. Aun así, en la inminente apertura de este curso algunos estudiantes seguirán en barracones. Una paradoja: el astrolabio, símbolo de la modernidad de 1986, estará perfectamente instalado en su nuevo emplazamiento mientras el alumnado todavía espera un instituto acabado al cien por cien. Zasca, por supuesto, a la gestión educativa de la Comunidad de Madrid y de la presidenta Ayuso.

Quizá dentro de unos años, cuando el Francisca de Pedraza funcione a pleno rendimiento y los adolescentes pasen junto al monumento camino del aula, nadie recuerde el ruido de su mudanza. O quizá sí, porque en Alcalá los símbolos nunca mueren del todo: se reciclan, se discuten y se reinventan. El astrolabio dejará de mirar a la Magistral para vigilar, desde La Garena, a nuevas generaciones que lo tomarán como punto de encuentro sin saber del todo por qué. Lo único seguro es que la ciudad seguirá discutiendo, porque aquí mover una estatua nunca es solo mover una estatua: es remover recuerdos, identidades y hasta propiedad registral. Y en eso, Alcalá es insuperable.


















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Dicho sea como anécdota yo no tengo claro que fuera el inventor del apodo, aunque reconozco que en ocasiones sí lo usé en privado. Lo que sí hice fue escribir en su día que, pareciéndome una excelente iniciativa, una de tantas de Curro Lope Huerta, no me parecía la plaza de los Santos Niños el lugar más adecuado, proponiendo que se eligiera otra bien en el casco antiguo, bien en sus cercanías.
Lo que ahora no me parece adecuado es que sea «desterrado» a La Garena, ya que si bien sigo pensando lo mismo, creo que debería ubicarse, tal como proponía entonces, en un lugar más céntrico. Conste que estoy a favor de que se adornen con esculturas los nuevos barrios, pero no con ésta en particular por razones obvias. Sitios adecuados hay para todos y técnicos tiene el Ayuntamiento para elegirlos.
En cuanto a la titularidad de la plaza de los Santos Niños la verdad es que no lo entiendo, puesto que su historia ha quedado perfectamente documentada por varios investigadores. Sí es cierto que tradicionalmente había existido una disputa entre el Ayuntamiento y el Cabildo por la propiedad del callejón del Cristo de la Cadenam que discurría paralelo a la fachada de la Catedral-Magistral y de cuyo uso se habían apropiado en la práctica los canónigos como medio de acceso a la puerta que ahora se abre a la plaza, pero el resto de la plaza estaba ocupado por edificios que fueron comprados uno a uno por el Ayuntamiento hace poco más de cien años, por lo que supongo que estas compras estarán convenientemente consignadas en el Registro de la Propiedad. Pero aunque estos documentos se hubieran perdido, la documentación histórica conservada es más que suficiente para determinar bien a las claras que la propiedad de la plaza, salvo quizás la zona perteneciente al antiguo callejón cuya pertenencia al Cabildo tampoco estaba clara, es sin duda municipal y así se ha entendido durante más de un siglo.
Quien esté interesado puede consultar este artículo mío:
https://www.jccanalda.es/jccanalda_doc/jccanalda_alcala/artic-alcala/artic-alcalaperdida/cristocadena.htm
Dedicado no a la plaza sino al callejón, aunque en él indico la bibliografía correspondiente.
Dios santo cuantísimo texto para decir que un monumento va a cambiar de lugar.
La propiedad está bastante clara. Ya sabemos cómo se las gasta la iglesia con las expropiaciones, perdón, inmatriculaciones, y la de propiedades usurpadas a muchos particulares y Ayuntamientos. Con respecto al hecho de alejar la obra escultórica a las afueras, creo que hay mejores lugares. Eso es querer deshacerse de ella (¿viene Ayuso a inaugurar ese centro y por eso la trasladan allí?).Veremos el resultado final, pero espero que no nos dejen sin asientos ni sombras. Son capaces de retirar árboles y bancos..
Hablando de bancos y árboles.
Me encanta como cuida el consistorio a los mayores poniendo bancos de piedra, así evitan que nos sentemos en ellos, porque en invierno se te hiela el culo y en verano se te quema.
Muy bien, así andamos más y nos sentamos menos
Y sin respaldo, para ayudar a mantener erguida la espalda.
Eso sí, son de un diseño precioso. Algunos hasta tienen lucecitas por debajo, y en otros, los pocos que tienen respaldo, la mitad del asiento queda inutilizado.
Y es que nos quejamos de vicio.
Me encanta la información local escrita con tanto cariño, documentación e idiosincrasia propia del contexto alcalaino. ¡Enhorabuena!
Me da el tufo de que quieren aumentar allí el alquiler de espacio público a los bares. No me sorprendería ver aquello invadido por veladores y sillas para consumir alcohol en la vía pública como en el resto de excalles (ahora tabernas) del centro de Alcalá.